abril 18, 2009

Entrevista a Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista

Entrevista a Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista "Somos los herederos de los luchadores contra la dominación colonial" Álvaro Angarita Voz Del 15 al 17 de abril, representantes de once países del América y Europa asumen la discusión sobre la huella dejada por 200 años de independencias en el continente durante el Coloquio Internacional “Postcolonialismo y Utopía de la Emancipación: Qué de común y qué de nuevo a 200 años de las independencias”. El evento es respaldado por la Fundación Gabriel Perí de Francia, la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Universidad Nacional de Colombia, el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales, CEIS, y la Fundación de las Artes Escamillas, Fundartescamillas. Especialistas e investigadores de Argentina, Cuba, Francia, México, Bolivia, Ecuador, Brasil, Perú, Martinica, Haití, Colombia y Venezuela asumen, desde distintas disciplinas y ópticas, el análisis en perspectiva de lo que ha ocurrido en el continente en estos 200 años después de las declaraciones de independencia de las diversas naciones latinoamericanas. Jaime Caycedo, antropólogo, concejal de Bogotá y coordinador del Observatorio Sociocultural de la Mundialización de la Universidad Nacional de Colombia, uno de los organismos convocantes, opina en esta entrevista para VOZ sobre el significado e impacto de la importante efemérides a efectuarse en el claustro de educación superior. - ¿A 200 años de las exitosas batallas independentistas, qué lección puntual se desprende como enseñanza y ejemplo para los pueblos latinoamericanos? - Debemos hablar de una herencia y de un patrimonio para la cultura política. Podríamos aventurar que se trata de la herencia de la rebeldía frente a la injusticia, frente a la desigualdad, frente a los privilegios, frente a la exclusión. La idea de que nada de eso es aceptable, ni entonces ni ahora bajo el capitalismo globalizado, representa un legado irrenunciable de los pueblos del continente. La noción de que esa rebeldía puede producir resultados, puede alcanzar metas que parecen inalcanzables, que los seres humanos y las sociedades no están sujetos irremediablemente al pasado, ni a la explotación inhumana, ni a la violación sistemática de los derechos fundamentales; que son posibles formas de sociedad liberadoras de esas cadenas, resume el gesto y la voluntad de lo que pudiéramos llamar emancipación. - ¿Qué secuelas quedan de la herencia colonial? Algunos historiadores hablan de una segunda colonización... - Somos herederos del anticolonialismo. Por lo menos de un anticolonialismo, el que permitió el florecimiento de repúblicas como semilleros de un capitalismo nacional, en el contexto de la economía mundo capitalista y de modalidades imperialistas y neocolonialistas. Pero hay cuando menos dos elementos que deben ser revisados. El postcolonialismo ha mostrado que el mundo periférico no logró, por el hecho de liberarse de los lazos coloniales, alcanzar mejores condiciones de igualdad y de satisfacción de expectativas. Los pueblos indígenas, los afrolatinoamericanos, la enorme población pobre del continente, sufren situaciones que empeoran su vida. En ellos se hace verdad aquella afirmación de Giovanni Arrighi, en el sentido de que el proletariado mundial no sólo no se ha extinguido sino que se ha expandido y ha cambiado de color de piel, de lenguas, de culturas, etc. Pero, además, la colonialidad, como lo ha denunciado y descrito Aníbal Quijano, hace parte, en buena medida, de nuestra consciencia social, en las formas del racismo, del machismo, de los prejuicios, etc. La propia ciencia social latinoamericana se muestra afectada por una especie de complejo de inferioridad frente al conocimiento del mundo desarrollado. La noción de identidad, de pensamiento propio, de proyectos alternativos con el sello de lo nuestro, se mira con desconfianza. El poder imperial ha querido enclaustrar en los límites del terrorismo las expresiones de resistencia y los ensayos de cambio en América Latina y el Caribe. - Los Estados latinoamericanos, nacieron al calor de la revolución francesa, de la independencia de Estados Unidos y el ejemplo de Haití. ¿Fueron casos aislados o parte de un proceso continental? ¿Latinoamérica sigue sembrada de casos aislados o vive un proceso continentalizado? - Este es uno de los temas en debate. El historiador Medófilo Medida ha resaltado el carácter continental tanto del proceso libertador como de sus conmemoraciones. Sin embargo, la tendencia general al evocar las celebraciones se vuelca a los sucesos locales, en cada país, incluso de cada región, de cada ciudad. Ese desperdigamiento traduce la presión de fuerzas centrífugas que contrastan con las nuevas tendencias planteadas por el ALBA, por UNASUR y, en general, por los avances en la búsqueda de la unidad e integración de América Latina y el Caribe. Estas nuevas tendencias muestran que los puntos de coincidencia del desarrollo común, en los campos energético, infraestructural, satelital, de comunicaciones y, en términos más puntuales, de políticas económicas y modelos de Estado, convergen en el rechazo al neoliberalismo y al sometimiento al imperialismo, a la vez que se apoyan en nuevas formas de la democracia con raíz popular. La llamada “excepción colombiana” en Suramérica no hace más que confirmar la regla. Sin embargo, dicho lo anterior, estamos lejos aún de una consciencia común y de un proyecto común. - ¿Qué legado actual entregan a los pueblos latinoamericanos idearios como los planteados por Bolívar, Martí, San Martín y Artigas? - Las luchas emancipatorias de la actualidad han recurrido a recuperar los héroes de ayer en su pensamiento esencialmente rebelde y modernizador. Por ejemplo, la mirada que tenemos hoy de Bolívar es mucho más compleja que la otro tiempo. Su herencia ha problematizado el simplismo de la imagen oficial. El estudio de su pensamiento ha ayudado a radicalizar las posiciones. Desde luego, Bolívar nada tuvo que ver con el socialismo. Pero la persistencia de su ejemplo alimenta la idea de ir a la raíz de los males. La crisis del capitalismo actual, en su forma imperialista y mundializada, empuja las rebeldías sociales en dirección a búsquedas más profundas de emancipación. La crisis ha echado por tierra el neoliberalismo y el TLC. Y ha dejado al descubierto las entrañas mismas del capitalismo como sistema económico, social y cultural. El Estado capitalista muestra todas sus contradicciones y su impotencia para resolverlas. Es lógico que la emancipación ahora se mida más en términos de anticapitalismo y que el socialismo vuelva a ponerse sobre la mesa del debate. - ¿Qué puede hacerse para que este importante foro de reflexión histórica sobre 200 años de independencia anticolonial no pase de ser un simple ejercicio retórico más? - En los últimos doscientos años hubo varias revoluciones sociales en el continente y otros tantos procesos avanzados. No sólo al comienzo de los movimientos de liberación anticolonialista. Hoy mismo existe una revolución socialista, diferente de los casos ruso y centro europeos. Cuba es una revolución con identidad propia, con identidad latinoamericana. En sus primeros 50 años, que se conmemoran actualmente, nos enseña mucho sobre las potencialidades que encierran las luchas populares, independientemente de sus formas. Las revoluciones mexicana de 1910 y boliviana de 1952 tuvieron frenos, límites y reversazos. Desde finales del siglo XX América Latina vive procesos nuevos, que están en franco desenvolvimiento. Pienso que en varios casos podrían desembocar en auténticas revoluciones, si los guía un ideario transformador y si las fuerzas motoras, con sus instrumentos políticos, logran atravesar unidos los complejos momentos de contradicción. Nuestro Coloquio no es, por lo tanto, un ejercicio retórico ni sólo académico. Es mirar hacia adelante las tareas de la izquierda y de los revolucionarios. Si el régimen uribista pretende eternizarse a la luz de su propuesta de “Visión Colombia II Centenario”, las fuerzas democráticas alternativas tenemos la obligación de pensar la sociedad y el Estado que el pueblo se merece, para conquistarlos mediante la unidad y la lucha, como ocurrió hace doscientos años.

Cumbre-del-alba-clausura

El vie 17-abr-09, De: La Polilla A: "cuba coraje" Fecha: viernes, 17 abril, 2009, 8:09 pm Cumbre-del-alba-clausura.j Caracas, 17 Abr. ABN.- Los países que integran la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba) consideran inaceptable el documento final de la Cumbre de Las Américas y piden un debate a fondo sobre la respuesta que debe darse a la crisis financiera internacional. Por esta razón, acordaron una declaración conjunta, la cual llevarán a la V Cumbre de las Américas, y que expresa textualmente lo siguiente: Documento de los países de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) para la V Cumbre de las Américas Cumaná, 17 de abril de 2009 Los Jefes de Estado y de Gobierno de Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela, países miembros del ALBA, consideramos que el proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas es insuficiente e inaceptable por las siguientes razones: - No da respuestas al tema de la Crisis Económica Global, a pesar de que ésta constituye el más grande desafío al cual la humanidad haya hecho frente en décadas y la más seria amenaza de la época actual para el bienestar de nuestros pueblos. - Excluye injustificadamente a Cuba, sin hacer mención al consenso general que existe en la región para condenar el bloqueo y los intentos de aislamiento de los cuales su pueblo y su gobierno han sido incesantemente objeto, de manera criminal. Por tal motivo, los países miembros del Alba consideramos que no hay consenso para adoptar este proyecto de declaración y en función de lo planteado, proponemos sostener un debate a fondo sobre los siguientes temas: 1) El capitalismo está acabando con la humanidad y el planeta. Lo que estamos viviendo es una crisis económica global de carácter sistémico y estructural y no una crisis cíclica más. Están muy equivocados quienes piensan que con una inyección de dinero fiscal y con algunas medidas regulatorias se resolverá esta crisis. El sistema financiero está en crisis porque cotiza valores en papeles por seis veces el valor real de los bienes y servicios que se producen en el mundo. Esta no es una “falla de la regulación del sistema” sino que es parte constitutiva del sistema capitalista que especula con todos los bienes y valores en pos de obtener la máxima ganancia posible. Hasta ahora, la crisis económica provoca 100 millones más de hambrientos y más de 50 millones de nuevos desempleados y estas cifras tienden a aumentar. 2) El capitalismo ha provocado la crisis ecológica por someter las condiciones necesarias para la vida en el planeta, al predominio del mercado y la ganancia. Cada año se consume un tercio más de lo que el planeta es capaz de regenerar. A este ritmo de derroche del sistema capitalista, vamos a necesitar dos planetas Tierra para el año 2030. 3) La crisis económica global, la del cambio climático, la alimentaria, y la energética son producto de la decadencia del capitalismo que amenaza con acabar con la propia existencia de la vida y el planeta. Para evitar este desenlace es necesario desarrollar un modelo alternativo al sistema capitalista. Un sistema de: • Solidaridad y complementariedad y no de competencia; • Un sistema de armonía con nuestra madre tierra y no de saqueo de los recursos naturales; • Un sistema de diversidad cultural y no de aplastamiento de culturas e imposición de valores culturales y estilos de vida ajenos a las realidades de nuestros países; • Un sistema de paz basado en la justicia social y no en políticas y guerras imperialistas; • En síntesis, un sistema que recupere la condición humana de nuestras sociedades y pueblos y no los reduzca a ser simples consumidores o mercancías. 4) Como expresión concreta de la nueva realidad del continente, los países latinoamericanos y caribeños hemos comenzado a construir una institucionalidad propia, que hunde sus raíces en la historia común que se remonta a nuestra Revolución independentista, y constituye una herramienta concreta de profundizació n de los procesos de transformació n social, económica y cultural que habrán de consolidar nuestra plena soberanía. El ALBA-TCP, Petrocaribe o la UNASUR, por solo citar los de más reciente creación, son mecanismos de unión solidaria creados al calor de estas transformaciones, con la intención manifiesta de potenciar el esfuerzo de nuestros Pueblos por alcanzar su propia liberación. Para enfrentar los graves efectos de la crisis económica global, los países del ALBA-TCP hemos tomado medidas innovadoras y transformadoras, que buscan alternativas reales al deficiente orden económico internacional y no potenciar sus fracasadas instituciones. Así, hemos puesto en marcha un Sistema Único de Compensación Regional, el SUCRE, que incluye una Unidad de Cuenta Común, una Cámara de Compensación de Pagos y un Sistema Único de Reservas. Igualmente, hemos impulsado la constitución de empresas grannacionales para satisfacer las necesidades fundamentales de nuestros pueblos, estableciendo mecanismos de comercio justo y complementario, que dejen a un lado la absurda lógica de la competencia desenfrenada. 5) Cuestionamos al G20 por triplicar los recursos del Fondo Monetario Internacional, cuando lo realmente necesario es establecer un nuevo orden económico mundial que incluya la transformació n total del FMI, del Banco Mundial y de la OMC, que con sus condicionamientos neoliberales han contribuido a esta crisis económica global. 6) Las soluciones a la crisis económica global y la definición de una nueva arquitectura financiera internacional deben ser adoptadas con la participación de los 192 países que entre el 1 y el 3 de Junio nos reuniremos en la Conferencia sobre la crisis financiera internacional de las Naciones Unidas, para proponer la creación de un nuevo orden económico internacional. 7) En cuanto a la crisis del cambio climático, los países desarrollados tienen una deuda ecológica con el mundo ya que son responsables por el 70 % de las emisiones históricas de carbono acumuladas en la atmósfera desde 1750. Los países desarrollados, deudores con la humanidad y el planeta, deben aportar recursos significativos a un fondo para que los países en vías de desarrollo puedan emprender un modelo de crecimiento que no repita los graves impactos de la industrializació n capitalista. 8 ) Las soluciones a las crisis energética, alimentaria y del cambio climático tienen que ser integrales e interdependientes. No podemos resolver un problema creando otros en áreas fundamentales para la vida. Por ejemplo, generalizar el uso de agrocombustibles solo puede incidir negativamente en los precios de los alimentos y en la utilización de recursos esenciales como el agua, la tierra y los bosques. 9) Condenamos la discriminació n de los migrantes en cualquiera de sus formas. La migración es un Derecho Humano, no un delito. Por tanto, demandamos una reforma urgente de las políticas migratorias del gobierno de los Estados Unidos, con el objetivo de detener las deportaciones y redadas masivas, permitir la reunificación de las familias, y reclamamos la eliminación del muro que nos separa y nos divide, en vez de unirnos. En ese sentido, demandamos la abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la eliminación de la política de Pies Secos – Pies Mojados, de carácter discriminatorio y selectivo, y causantes de pérdidas de vidas humanas. Los verdaderos culpables de la crisis financiera son los banqueros que se robaron el dinero y los recursos de nuestros países y no los trabajadores migrantes. Primero están los derechos humanos, y en particular los derechos humanos del sector más desprotegido y marginado de nuestra sociedad que son los migrantes sin papeles. Para que haya integración tiene que haber libre circulación de las personas, y derechos humanos por igual para todos sin importar su estatus migratorio. El robo de cerebros constituye una forma de saqueo de recursos humanos calificados ejercido por los países ricos. 10) Los servicios básicos de educación, salud, agua, energía y telecomunicaciones tienen que ser declarados derechos humanos y no pueden ser objeto de negocio privado ni ser mercantilizados por la Organización Mundial del Comercio. Estos servicios son y deben ser esencialmente servicios públicos de acceso universal. 11) Queremos un mundo donde todos los países, grandes y pequeños, tengamos los mismos derechos y donde no existan imperios. Abogamos por la no intervención. Fortalecer, como único canal legítimo para la discusión y análisis de las agendas bilaterales y multilaterales del Continente, la base del respeto mutuo entre los Estados y los gobiernos, bajo el principio de la no injerencia de un Estado sobre otro y la inviolabilidad de la soberanía y la autodeterminació n de los pueblos. Demandamos al nuevo gobierno de los Estados Unidos, cuya llegada ha generado algunas expectativas en la región y en el mundo, que ponga fin a la larga y nefasta tradición de intervencionismo y agresión que ha caracterizado el accionar de los gobiernos de ese país a lo largo de la historia, especialmente recrudecido durante el gobierno de George W. Bush. De la misma manera, que elimine prácticas intervencionistas como las operaciones encubiertas, diplomacias paralelas, guerras mediáticas para desestabilizar Estados y gobiernos, y el financiamiento a grupos desestabilizadores. Es fundamental construir un mundo donde se reconozca y respete la diversidad de enfoques económicos, políticos, sociales y culturales. 12) Respecto al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y la exclusión de este país de la Cumbre de las Américas, los países de la Alternativa Boliviariana para los Pueblos de Nuestra América reiteramos la Declaración que todos los países de América Latina y el Caribe adoptaron el pasado 16 de diciembre del 2008 sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos de América a Cuba, incluida la aplicación de la llamada ley Helms-Burton y que entre sus párrafos fundamentales señala: “CONSIDERANDO las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Necesidad de poner fin al Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba, y las expresiones que sobre el mismo se han aprobado en numerosas reuniones internacionales, “AFIRMAMOS que en la defensa del libre intercambio y de la práctica transparente del comercio internacional, resulta inaceptable la aplicación de medidas coercitivas unilaterales que afectan el bienestar de los pueblos y obstruyen los procesos de integración. “RECHAZAMOS de la forma más enérgica la aplicación de leyes y medidas contrarias al Derecho Internacional como la Ley Helms-Burton y exhortamos al Gobierno de los Estados Unidos de América a que ponga fin a su aplicación. “PEDIMOS al gobierno de Estados Unidos de América que cumpla con lo dispuesto en 17 resoluciones sucesivas aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y ponga fin al bloqueo económico comercial y financiero que mantiene contra Cuba.” Adicionalmente consideramos que han fracasado los intentos de imponer el aislamiento de Cuba, que hoy es parte integrante de la región de América Latina y el Caribe, miembro del Grupo de Río y de otras organizaciones y mecanismos regionales, que desarrolla una política de cooperación y solidaridad con los países de la región, que promueve la plena integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños y, por tanto, que no existe razón alguna que justifique su exclusión del mecanismo de las Cumbres de las Américas. 13) Los países desarrollados han destinado no menos de 8 milllones de millones de dólares para rescatar la estructura financiera que se ha desplomado. Son los mismos que no cumplen con destinar pequeñas cifras para alcanzar las Metas del Milenio o el 0,7% del PIB para la Ayuda Oficial al Desarrollo. Nunca antes se había visto tan al desnudo la hipocresía del discurso de los países ricos. La cooperación debe establecerse sin condiciones y ajustarse a las agendas de los países receptores simplificando los trámites, haciendo accesibles los recursos y privilegiando los temas de inclusión social. 14) La legítima lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, y cualquier otra manifestación de las llamadas “nuevas amenazas” no deben ser utilizadas como excusa para llevar a cabo actividades de injerencia e intervención en contra de nuestros países. 15) Estamos firmemente convencidos de que el cambio, en el que todo el mundo tiene esperanza, solo puede venir de la organización, movilización y unidad de nuestros pueblos. Como bien afirmara El Libertador: "La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino” Simón Bolívar. http://www.abn. info.ve/noticia. php?articulo= 178032&lee=16 Tomado de Blogueros y Corresponsales de la Revolucion Lic. Rosa Cristina Báez Valdes "La Polilla Cubana" “Ojalá que el destino de nuestros pueblos sea un solo destino. ¡¿Hasta cuándo vamos a estar en el letargo, hasta cuándo divididos, víctimas de intereses poderosos??! !”. Fidel Castro, Venezuela, enero de 1959 Que lo sepan ya. Se puede apretar del cuello a la revolucion durante mucho, muchisimo tiempo, pero las manos se le habran de cansar en algun momento, solo un respiro se necesita, solo uno, para que la palabra revolucion sea gritada con toda la fuerza de los pulmones de los pueblos del mundo. Patria o Muerte, Venceremos. HLVF. Jesus Rios

abril 20, 2008

La propiedad de la simultaneidad, no existe

La propiedad de la simultaneidad, no existe es para esquivar la realidad del presente. Respondiendo al pensamiento de Guilles Deleuze

La propiedad de la simultaneidad en su devenir es esquivar el presente.

El devenir no soporta el antes y después, ni la distinción entre pasado y futuro.

Por lo tanto, el capitalismo cada vez se vuelve mayor de lo que era, pero paradójicamente, se vuelve más pequeño de lo que es. Se expande, por lo tanto, se aleja.

Pierde la esencia del iniciado burgués, para concentrarse, enfocado.

La esencia del devenir, es avanzar, pues el capitalismo ha avanzado, tirando en los dos sentidos a la vez, lo que invierte lo revierte, daños irreparables en el horizonte de la naturaleza y su gente, incluye a su propia clase, aunque este lo niegue.

Pero debemos tener en cuenta que, el sentido es la afirmación de una determinación, entonces, en el devenir la afirmación se da en los dos sentidos a la vez.

Siendo los acontecimientos puros una categoría especial.

Ese puro devenir loco, sin medida, no se detiene jamás en los dos sentidos a la vez.

Al decir, lo tanto esquiva el presente. Hace coincidir el futuro y el pasado, el más y el menos, en esta simultaneidad la demasía se convierte en insuficiente e indócil, por lo tanto avanza, no podrá permanecer.

Sí logra definir cantidad se para, deja de avanzar, por esto avanza sin parar. La calidad es para diferenciarse, en único sentido elitista de consumo, para abrir nichos de oportunidad, para los pocos con capacidad de disfrute real, sin culpas de lo que acontece, caos regulador del mercado, cuanto cinismo ¡Señores Míos!

El capitalismo joven, se va tornando viejo, ese viejo capitalismo paradójicamente se volverá joven, infantil de libre circulación de mercado, idealismo, pues, será reemplazado por el devenir, en definitiva por otro joven de sentido opuesto, el socialismo, de libre circulación del trabajo creador, por un proceso de un mundo sin fronteras.

Pues, el devenir acaba con aquello, al no ser capaces de redirigir interviniendo en el proceso, pues si los capitalistas acabaran con el capitalismo, cosa poco probable, dejarían de devenir. Aquí es necesario hacer una distinción, por esto se hace necesario arrastrarlo al agujero negro de la historia, al borde del abismo, sin fanatismo ya que se trata de vidas humanas, al entrar en él no tendrán regresión, porque habremos superado la fractura dialéctica, del devenido dogmatismo, logrando la unidad reductible, para hacerla tornar, girar irreductible a favor de la humanidad, como pluralidad en masa toda, hacia la singularidad de la multitud consiente, que memoriza el pasado, lo paradojal del devenir, de la unidad en la diversidad, reductible en multiplicidad irreductible de la singularidad en multitud memoriosa, será el comienzo y final el despertar de un nuevo acontecer. Lucha de posición por la posesión de los medios, modo y propiedad de la producción. Lucha enconada por el restablecimiento y el debilitamiento del dominio.

La categoría especial del puro devenir del neoliberalismo es esquivar el presente, no implica que pierda de vista el restablecimiento y debilitamiento de su contrario, es la identidad infinita en los dos sentidos, del futuro y pasado, demasiado y lo insuficiente, lo mas y lo menos, por lo tanto, el lenguaje fija los limites, a su vez los sobrepasa y los restituye al equivalente desarrollado en otro y otros de un infinito devenir ilimitado.

Ellos lo saben, los capitalistas claro, por esto trafican con la muerte, persiguen, incendian, procesan, detienen y desaparecen identidades, son los dictados del sistema, es la señal, no luche porque puede encontrar, la cárcel, la tortura, la desaparición la muerte misma.

Para salir de este trastrocamiento hay que prescindir de él. Para lograr entendimiento, si he comido mermelada en el pasado, comeré en el futuro, pero nunca hoy. Pero, como el futuro este devenir nunca comeré mermelada, pues, hoy el presente desigual ha sido ignorado, callado, silenciado, por la reproducción ampliado y concentrado del capital.

Siendo así el capitalismo expandido global, actuando en simultanea con multiplicidad de eventos por acumulación de dinero y vienes materiales, para facilitar una posibilidad, seleccionada de la condición favorable favorezca su lógica, la del capital concentrado.

Es por esto que decimos, sin han dejado a millones en emergencia no solo del saber, sino del comer, pues el futuro es hoy, no hay tiempo para pensar en el futuro.

Este activo capitalismo tendrá su pasivo, el león se come al ratón, pero este aprenderá y se comerá al león.

Si el capitalismo a sido la causa, el efecto será el despertar en masa de la multitud, por esto seremos castigado antes de conocer la falta, gritaremos No, con su cuota de dolor en el devenido feroz, lucharemos aunque tengamos que partir, antes de partir. Porque otros habrán comprendido a gritar Si, por el devenir del acontecer, ahora o nunca. Aunque partamos temprano, mas tarde que nunca habremos vencido.

Intentan impugnar nuestra identidad, pretenderán desde su identidad infinita, hacernos perder la identidad personal, la perdida del nombre propio, Irak, será Irak, Cuba será Cuba, la tierra será la Tierra y la Tierra será de la Humanidad, sin clases, sin propiedad privada, sobres los medios de producción. Superando el incendio, por el reverdecer, con el sol, aire, agua y alimentos vital de la vida.

La perdida del nombre propio, por la producción colectiva, es la perdida por la aventura consciente por combatir la reproducción ampliada desigual por y para unos pocos. Por que el nombre propio de la singularidad se garantiza por la permanencia actualizada del saber.

Este saber tendrá paradas y descansos, sustantivos y adjetivos que se diluyen en los verbos del devenir, nos deslizaremos en el lenguaje de los acontecimientos, perderé toda la identidad del YO, para fundirme en el encuentro del colectivo, por elección del saber no por imposición.

La prueba del saber, las palabras no vendrán cruzadas, vendrán a través y al bies, será el verbo luchar que destituye al capitalismo de su identidad. Rojo y negro integrando desde el concepto diferencial de aquello que proviene derivado de eso o ese otro "debilitado".

Los acontecimientos gozarán de apariencia de irrealidad, pues, será el encuentro de la comunicación con el saber, el saber hacer y las personas.

Generación de un lenguaje proveniente de la incertidumbre personal en la cual nos han dejado, no es duda exterior o de lo que ocurre, de esto no tenemos dudas. Tensión para poner las cosas, las cosas en estado potencial por un efecto, resultado, no dudamos por esto , dudamos, si es que se le puede llamar duda, de una estructura del acontecimiento, es decir, del modo de organizarse del neoliberalismo y su modo ilusorio, "participativo", sin libros contables a la vista.

El encuentro articulado es la certidumbre y garantía del proceso, pero no da seguridad, la seguridad es una condición aleatoria, estamos sujetos a la complejidad del universo, aunque la materia esta compuesta por naturaleza simple, los humanos colocamos la cuota de complejidad cruzada de intereses, por diferencias de clase impulsadas que provienen del dominio capitalista.

Pues, la seguridad es y no es, depende de la sensación, estado de ánimo, conocimiento y azar, aunque la inseguridad se intente acotar por intervención, enlazada al conocimiento y capacidad de prevención e intervención este va ligado al saber/hacer en un constante cambio, igual a la materia ¾ de materia ¾ de movimiento, siempre en devenir transformado recíprocamente cambiante.

Sí la paradoja va en dos sentidos simultaneas a la vez, destruyendo al débil para fortalecer la posibilidad favorable del dominio único, descuartiza al sujeto, por ende, destruye al buen sentido, al sentido único de nuestro existir en la tierra, es poder trascender por la vida y el saber.

Si "Fukuyama advertía el fin de las ideología"

La paradoja del capitalismo destruye al buen sentido, como sentido único, luego destruye al sentido común, como asignación de identidades fijas, esa es su determinación. La otra, para que se exprese la multiplicidad de la multitud en masa por una simultaneidad que cambie el dominio del saber hacer, no para esquivarlo, depositándolo en el sujeto del cambio por la soberanía, con autonomía articulado en el encuentro, con los grises y matices, por los claros/oscuros de la humanidad sin clases. Por la movilidad ascendente de libres e .iguales.

No existirá nunca el fin del pensamiento, ni un pensamiento único, esta sujeto al sustrato gris del cerebro, de su conocimiento y experiencia de la materia en constante devenir de perpetuo cambio.

Existirá una regla acordada única, que se instituyo articulada autónoma para constituirse, culturalmente, éticamente, políticamente, económicamente organizada. Sin hombres puros, ni sistemas puros perfectos, en devenir sin esquivar el presente. Lucha de posición por la posesión de los resultados mínimos acordados, sin iluminismo. Aprendiendo a aprender.

Antes que me destruya prefiero morir luchando.

Mayo 05/05/05, Doy nombre y apellido Héctor Ricardo Bruzzone

De la primer serie de paradojas del puro devenir

Del libro lógica del sentido de Guilles Deleuze.

octubre 28, 2005

Espectros de vida, si vienes voy

Espectros de vida, si vienes voy Por el devenir perecer, para que tenga sentido la vida, sin fanatismo, sin monstruo, ni dogmatismo, en el devenir decimos sí a la vida, por el devenir decimos no a la guerra imperial, reaccionaria, exclusivista y excluyente. El devenir y el perecer es lo paradojal de la vida, es la única certeza, en la probabilidad del devenir natural, por el devenir afirmamos la vida, en el intento de trasformar y dar continuidad a la vida, hemos de perecer. Por lo tanto, si el devenido del presente es muerte, por el devenir vida. ¡Hay que matar a la muerte!, por el futuro del devenir de la humanidad y la vida ¡Muerte! Muerte al capitalismo trasfigurado en imperialismo financiero global guerrerista, su producción de muerte solo es posible sepultarla con vida. El dolor del cuerpo y del espíritu se calma con remedio marca registrada Phármakon, sabemos su doble sentido remedio/veneno, el imperio destila veneno, muestra su sonrisa y su mascara, careta de ¡ALCA!, Mickey y su tío SAM baila su zapateo americano, agita su galera y con su bastón rompe la multilaridad e impone su dominio unilateral. El remedio esta en los pueblos y en su multitud, por lo tanto, en la masa y la singularidad individuada. Es lo uno y lo otro, el individuo fusionado al colectivo y viceversa. La dialéctica colectivo/individuo es recíproco, la reciprocidad comienza de a dos, donde el yo se transforma en nosotros, no por imposición, sino por el saber-hacer y cooperando. En ese espíritu de reciprocidad y cooperación ¡Viva el pueblo y la multitud norteamericana! Ellos y nosotros sabremos y debemos matar a la muerte de su clase dominante imperial, que somete con su remedio/veneno muerte, destrucción, hambre, tortura legalizada, el implacable impone su ley y su “orden”, sus silencios de desolación, con sus bolsas negras y ataúdes, el águila vigila y acecha su carroña, para saciar su hambre, muerte. Los pueblos en multitud gimen con dolor por su dignidad dictan su propia ley, autonomía, en marcha mundial recrean todas las formas creativas de lucha pacífica o no, todo para matar a la muerte, como los revelados de esparta, hemos aprendido a buscar el talón de Aquiles, para matar a la muerte. ¡Viva la humanidad! A sabiendas que dentro de esa humanidad hay otros inhumanos que por anexión esclavizan a los tranquilos pobladores de la multitud, será por el agua o el petróleo, o por uranio, imponen su patente, hacen de su norma la función global. Para que queden “ahí”, debemos hacer un esfuerzo adicional a nuestra existencia y queden en un “entre”, pero antes que se consuman juzgarlo por tanta muerte. “Están con nosotros o son todos terrorista” Bush, si tu verdad es absoluta, existe otra verdad relativa, es como la luz, que viaja en paquetes, bloques de energía, el nuevo bloque histórico político social y cultural pulverizara tu verdad absoluta, circulando su necesidad y deseo por los cuatros espirales concéntricos y dialéctico de la vida. Constituyente autonómico de nuevas verdades absolutas y relativas. Es necesario acordar, para dar batalla en multiplicidad y en simultaneidad, construir la preexistencia conjunta, desde la diversidad hacia la unicidad de todos los que luchen, por unos, por otros, por ellos y nosotros. ¡Vivan los pueblos del mundo y su multitud! ¡Vivan sus gritos de combate! ¡Vivan sus silencios! Por la paz de la humanidad muerte a la muerte, por la vida muerte, al imperialismo/imperio muerte. Por lo espectral de la vida y sus misterios viva la vida, la vida es bella, por la dignidad, por el presente, por el futuro mirando al pasado, para no perder identidad, referencia, como guía donde ir, dirigirnos al futuro implica no perder de vista la referencia y esta dada por el punto de partida y hacia el punto donde se quiere llegar por gobernar obedeciendo, es el devenir, articulado, por el respeto a lo universal de la diversidad no moriré obedeciendo como esclavo en el devenido perecido del presente. Sí perezco lo haré por el devenir obedeciendo articulado entre una determinación aleatoria con otro lenguaje, por otra democracia, asamblea- ría, colectiva/individuada, directa y combinada por el valor de uso integral, recíproco, solidaria, fraternal y cooperante. En esta tensión voy, sin olvidar de donde vengo y donde voy, con mí pasado en el presente voy, por los de ayer y por los de hoy voy, Bush si tú vienes a Mar del Plata voy. La actitud distingue, cuando actuar y cundo quedarse quieto, hoy me toca actuar, accionar junto a otros y otras para determinar el futuro probable en el devenir hoy inexistente, transformado en determinismo/aleatorio, surge del espíritu asamblea-río por el acuerdo respetando democráticamente la necesidad y el deseo universal. Resumiendo para construir es necesaria acordar preexistencia y referencia articulada conjunta, para que muera la muerte construir ya! es la premisa., con paciencia, sin desesperar, paso a paso, aprendiendo a aprender a construirla no solo “contrato moral”, sino, por un nuevo contrato social, cultural, económico, político y filosófico teórico y practico. Por los espectros de la vida voy, convertiremos por la debilidad manifiesta fragmentaria, desde la complejidad en oportunidad, desde la singularidad de la multitud, hacía la unicidad como masa de todos los agredidos, tornando lo reductible en irreductible, solo es necesario conservar su método, para que el movimiento se mueva, se transforme en un cambio continuo de transformación permanente y desde ahí todo vuelve a comenzar para darle paso a lo nuevo, comencemos hoy, dando paso a la vida, hoy un freno a la muerte para que muera la muerte. Si vienes voy.

octubre 26, 2005

“COMPLEJIDAD Y EDUCACIÓN: TENTACIONES Y TENTATIVAS”

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Evolución y evolucionismo, por Natalia López Moratalla

Evolución y evolucionismo El debate sobre determinismo o indeterminismo, sobre azar o finalidad y proyecto, en los seres vivos ha recibido en los últimos años un nuevo impulso a causa del mayor conocimiento de los procesos de autoorganización biológica, que a su vez hunde sus raíces en el estudio de los sistemas naturales físicos inestables y caóticos. Éstos se dan en toda la naturaleza, y sirven para comprender no sólo la complejidad de los seres vivos y su modo de organización, y con ello las propiedades funcionales que están ligadas precisamente a la adquisición de una determinada configuración espacial, sino sobre todo la dinámica misma de los procesos temporales que originan la evolución de las especies, desde las más simples a las más complejas, y el proceso de desarrollo de cada individuo de cada una de las especies, desde su forma inicial simple a la complejidad de su organismo. Por Natalia López Moratalla 1. Nuevos paradigmas en la explicación de la EvoluciónEstos conocimiento están permitiendo definir las leyes que rigen los dos grandes procesos temporales de la vida, que conllevan construir desde lo simple hacia una mayor complejidad. La aplicación de estos paradigmas, nacidos en la Física, han abierto la posibilidad de teorización de la Biología, que avanza así a través de su propio camino, tras largos siglos de mera observación y experimentación. De esta manera, el clásico debate entre organicismo y mecanicismo han podido encontrar puntos de convergencia gracias a un mejor conocimiento de la complejidad de los sistemas vivos y de los procesos de autoorganización biológica. Los sistemas biológicos presentan todos ellos una gran complejidad y a su vez son muy variados, y sobre todo tienen una unidad de origen. El denominador común a la diversidad y la complejidad es la autoorganización: la capacidad del sistema de organizarse a sí mismo. La complejidad de lo vivo se da nivel de organización estructural, y por ello también a nivel funcional como organismo, como un todo unitario. Una propiedad esencial de los seres vivos es la polaridad: una persistente asimetría y una distribución ordenada de estructuras a lo largo de un eje no sólo en los organismos multicelulares sino también a nivel celular y de estructuras subcelulares. La organización polar permite el desarrollo de la complejidad funcional unitaria, al hacer posible que regiones con funciones diferentes estén físicamente relacionadas de manera apropiada, para integrar las funciones del organismo entero[1]. A lo largo del siglo XX el estudio de los procesos irreversibles en el tiempo, Evolución y Desarrollo, se ha realizado por separado, y no pocas veces con enfrentamientos en las hipótesis y teorías que pretendían explicarlos, e incluso en la interpretación de unos mismos datos y observaciones. Mientras la Biología Evolutiva centró su atención en la genética de poblaciones, la Biología del desarrollo lo hizo en el análisis comparado de la Morfología y de la Embriología. El impacto de la Biología Molecular, en la última década del siglo XX, las ha llevado a un punto de confluencia: el genoma de cada especie y la dinámica de la expresión de la información genética. En efecto, las explicaciones del proceso evolutivo han podido tener un sólido apoyo en las diferencias de la organización del patrimonio genético puesto que el origen de la diversidad biológica está en el origen de la aceptación, o rechazo, por selección natural de los cambios ocurridos en los genomas de individuos concretos de una especie. Al mismo tiempo, el intento de comprender cómo a partir de una primera célula (el huevo fecundado) se genera el patrón tridimensional del organismo, ha pasado a ser Biología molecular de la expresión de los genes en las etapas ordenadas, en el espacio y en tiempo, dirigida y regulada precisamente por las señales moleculares aparecidas en las anteriores, fruto de la expresión armónica de los genes de manera unitaria y sucesiva. Durante tiempo las relaciones entre desarrollo embrionario y evolución han estado presididas por la idea de que “la ontogénesis recapitula la filogénesis". Sin embargo, en la actualidad se establece de modo diferente esta relación: los caracteres menos generales se desarrollan a partir de los más generales hasta los más especializados; cada embrión de una forma animal no pasa por los estados de otros animales sino que se aparta cada vez más y así cada embrión de un animal “superior” nunca es comparable al adulto de un animal “inferior” sino que sólo se parece al embrión de ese. Esto no implica en sí mismo ni recapitulación ni evolución. Aunque la paleontología confirme la secuencia pez-reptil-mamífero no significa secuencia de filogénia el que un embrión de mamífero primero se parezca a un pez, y luego a un reptil. Más bien indica que existen rasgos generales entre embriones. Esto es, a pesar de las diferencias en el aspecto final, a término, de los animales éstos usan genes estrechamente emparentados para especificar partes del cuerpo a lo largo del eje antero-posterior. Efectivamente, un reciente encuentro fructífero entre ambas ciencias, lo que se ha comenzado a llamar la “Evo-Devo” [2] (Evolutionary developmental biology), intenta explicar la evolución y diversidad morfológicas de los seres vivos como consecuencia de cambios en los programas de desarrollo embrionario. Es decir, el proceso o programa evolutivo es el proceso de cambio y evolución de los programas mismos de desarrollo del organismo. Un dato ha sido clave en esta confluencia: los genes que controlan la forma de un organismo, su constitución orgánica, están muy conservados en los diferentes filums animales y tales genes reguladores, tan parecidos, ejercen funciones muy parecidas también en la mosca, el ratón o los seres humanos. De esta manera, el estudio de los genes del desarrollo, de su expresión y la función reguladora de las proteínas que ellos codifican, se ha convertido en un conocimiento clave para entender la Evolución precisamente desde las relaciones de la ontogenia y la filogenia. Sin embargo, hasta estos primeros años del presente siglo no se abre paso una concepción teórica global de la génesis de las especies, y de cada individuo de una especie, que armonice genes, fenotipo, medio intracelular, extracelular y medio exterior al viviente. Se trata de una formulación del dinamismo del proceso evolutivo, y de la constitución de cada individuo, en la que el “medio” (en sentido amplio) retroalimenta y regula la información genética inicial, aportando otra información al proceso que no es meramente genética sino que es epigenética. Ni todo está prefijado en los genes, ni sólo el cambio del medio es el motor de la evolución. La vida de cada individuo, como la vida de las especies, es un proceso emergente y regulado en el que la información originaria se amplifica en el tiempo evolutivo y en el tiempo de desarrollo, por la interacción genes-medio. 2. Evolucionismos Las explicaciones del proceso evolutivo que ha recorrido el último siglo no han sido capaces de salir de una visión mecanicista, del tipo “causa efecto”, de la vida y con ello del origen de los vivientes y de la constitución de cada uno de ellos. Una explicación del proceso evolutivo supone principalmente establecer la relación existente entre el cambio de un carácter, o la aparición de una función, y el agente que lo origina. Puede, sin embargo, decirse que aunque ninguna de ellas sea totalmente falsa, no son tampoco una explicación del proceso evolutivo en su totalidad, ya que sólo iluminan algunos aspectos parciales. Ambos factores, mecanicismo como explicación de la vida y pretensión de ser explicación del todo y de todo proceso evolutivo hacia lo más complejo, han hecho de estos paradigmas biológicos “ismos” con toda la carga ideológica que le es propia. Obviamente toda las explicaciones, certeras aunque parciales, de la Evolución han ido acercándose entre ellas y aceptando los aportes de la Termodinámica, la Cibernética, la Teoría de sistemas, hasta llegar a una comprensión dinámica del proceso temporal de cambio y con ello superando el mecanicismo reduccionista cuyos límites enclaustran de tal forma el fenómeno vital, que lo hace inexplicable. En efecto desde la Física la vida no es explicable más que en términos de mecanismos, pura descripción de los cambios acaecidos. Las categorías del mundo inerte se elaboran obviamente desde una metafísica que atiende principalmente a esa realidad. El primer problema filosófico que plantean las realidades vivas es el de su categorización respecto de las realidades inanimadas o no vivas. Una explicación coherente y omnicomprensiva de los fenómenos de la naturaleza lleva a interpretar las realidades vivas con las categorías propias de las no vivas, o a la inversa. En el primer caso, la categoría explicativa será el mecanicismo, y en la segunda el organicismo. La principal diferencia que distingue, a mi parecer, la realidad inerte y la viva es la manera en que se corresponde la forma que configura los materiales de partida para la constitución de esa realidad: una montaña, un río o una planta y un animal. Los seres inertes, naturales o artificiales, no poseen información propia para constituirse: según las condiciones externas un determinado tipo de materia adquiere una forma de organización superior. Son mezclas o combinaciones químicas en que los componentes de partida dan lugar a realidades diversas según las condiciones. Un clásico ejemplo puede ser el oxígeno y el hidrógeno que pueden asociarse o combinarse en radical hidroxílo, agua oxigenada, agua, etc., no de suyo, sino según la presión, temperatura etc., en que se realice la reacción entre ambos. La distinción entre “mezcla” (yuxtaposición sin orden) y “combinación” (ordenación forme o interna de los elementos en orden a una unidad) permite reconocer la aparición de una realidad química nueva, de orden superior a la mera mezcla informe de elementos. Las leyes de las reacciones químicas pautan esta nueva ordenación. Las leyes químicas son cuantitativas; que el oxígeno y el hidrógeno se combinen en forma agua (y que ésta se mantenga en estado líquido, como hielo o como vapor) depende de condiciones externas ajenas a las “propiedades elementales” del oxígeno y el hidrógeno. No tienen un sí misma intrínseco, sino un según. Podemos decir que la materia (los elementos de la combinación) no guarda una relación unívoca con la configuración de la combinación. De la misma manera en el cosmos un astro sigue una trayectoria fija respecto a otro astro de acuerdo con las leyes gravitacionales universales que hacen relación al tamaño de ambos componentes y la distancia entre ellos y no a la composición de los mismos. En el mundo cósmico de los seres inertes la materia y la forma (configuración, conformación, trayectoria, etc.) no se corresponde unívocamente. Por el contrario hasta el ser vivo más simple tiene en sí mismo, posee como propiedad elemental de los elementos de partida con los que se constituye, una característica que les define: se constituyen desde un material el DNA o patrimonio genético que heredan de sus progenitores y transmiten a sus descendientes, que es un material informativo. En el mundo de la vida la distinción real entre un mixto y una combinación unitaria (un organismo) está ligada a la información genética que es autoinformación[3]. En efecto, la secuencia de nucleotidos del DNA de los cromosomas es una información; el patrimonio genético de cada individuo de cada especie es el soporte material de la información genética propia de cada ser vivo que le permite autoconstituirse y autoconstruirse. Es este el segundo problema insoluble desde los paradigmas derivados de la física, el dinamismo interno a la realidad viva. Cada ser vivo tiene una estructura, pero que está en continuo dinamismo interno, más aún, en un claro proceso de desarrollo. La relación entre estructura y dinamismo plantea un conjunto de problemas a la comprensión del fenómeno de la Evolución, relacionados con el hecho de la continuidad y el cambio, y sobre todo con la dirección intrínseca del cambio, la teleología de lo vivo. El dinamismo constituyente de cualquier realidad viva es autoconstituyente; la “combinación” es autoorganización. Materia y forma se corresponden unívocamente, se co-pertenecen. Por ejemplo, un organismo de perro se autoconstituye en el proceso de expresión del mensaje genético de un genoma perruno constituido en la unidad celular formada por la fecundación mutua de los gametos de sus progenitores; los cambios del fenotipo del embrión de perro, feto, cachorro, etc. son innovaciones emergentes, etapas de la vida de un mismo individuo en tanto en cuanto es la expresión del mensaje genético propio; en cada etapa el viviente hace autoreferencia, referencia a momentos anteriores del mismo perro. Pero para ser un individuo de una especie diferente no basta la emisión del mensaje genético, sino la transformación del soporte material (genoma) en un proceso de dinamismo constituyente distinto, el proceso evolutivo; hay un cambio del mensaje de tal manera que los progenitores son antecesores no congéneres.Más aún, desde esta perspectiva puede responderse a la pregunta acerca de sí las nuevas formas estructurales de la materia viva –tanto a lo largo del desarrollo embrionario de cada individuo, como del proceso evolutivo -están ya en el embrión desde el primer momento o están ya en las especies ancestrales, o por el contrario van apareciendo más o menos gradualmente. A lo largo de la historia se han dado dos posturas extremas, conocidas con los nombres de preformacionismo y epigénesis. La vía que utiliza la naturaleza es un proceso de innovación cuya dinámica analizaremos después. El “dinamismo” del desarrollo y de la evolución no tiene un carácter meramente consecutivo; no se trata de la mera expresión de lo que ya estaba en su interior. Se trata de algo distinto; de la interacción de unas estructuras con otras, surgen unidades nuevas y más complejas, con propiedades distintas a las de sus componentes, tanto en el desarrollo de cada uno, como en la evolución de las especies. Es claro que no se puede interpretar a los seres vivos al modo mecanicista, como máquinas complejas y perfectas, con las categorías propias de lo inanimado; y tampoco se puede interpretar las realidades inorgánicas como seres vivos en fases iniciales de organización, o como materia viva incipiente o dormida, etc.(al modo de interpretación organicista) como si el reino de lo inanimado estuviera de algún modo vivo, y por tanto constituyese una especie de pre-vida. El camino temporal de los vivientes hacia la mayor complejidad tiene un dinamismo propio que es autoconstituyente a diferencia del mundo inerte. 2.1. LamarckismosLas teorías "instructivas" suponen que la relación entre la aparición de un carácter y el agente que lo origina es una relación causal: el medio modela al individuo informándole de sus exigencias. Para Lamarck esas modificaciones adquiridas en la actividad que impone el entorno se convierten en heredables. Posteriormente, zoólogos y paleontólogos han definido un "neolamarckismo"[4]: un compuesto relacionado con alguna función biológica podría actuar específicamente sobre la región del DNA implicado en dicha función, de modo similar a como su producto génico hace posible los fenómenos de inducción, promoción de transcripción, represión, etc., que se dan a lo largo de la vida de un individuo. Por el momento no hay datos que apoyen una relación causal de este tipo como mecanismo evolutivo generalizado. Lo que sí parece posible es que determinados entornos aumenten la tasa de mutación y con ello abran posibilidades a la selección. Y es claro que en determinados entornos se pueda dar una evolución horizontal; es decir, que individuos de una especie adquieran dotación genética de otros, que se suma a la dotación vertical que procede de sus progenitores[5]. 2.2. NeodarvinismoPara las teorías "seleccionistas" no existe ningún tipo de relación causal; el azar daría lugar a modificaciones que después se difundirían o rechazarían según supongan una ventaja o un inconveniente respecto al medio. Así, todos los individuos tienden a adquirir un genotipo único: el más apto para las condiciones del entorno. Esta teoría propuesta inicialmente por Darwin y precisada posteriormente por los genetístas como la teoría sintética o neodarvinismo ha ido encontrando desde el inicio diversos obstáculos. Darwin aportó dos ideas esenciales para la comprensión del proceso evolutivo: la variación y la selección, sin los que no es muy posible pensar la Biología. No cabe duda de que la selección opera, como han demostrado multitud de experimentos y observaciones, pero hay también multitud de variaciones, de alternativas estructurales que no se pueden explicar simplemente en términos de selección: otro principio debe actuar junto a la selección en el proceso evolutivo. De tal forma que se hace necesario aceptar una verdadera evolución del neodarvinismo[6] que amplíe sus tres postulados básicos: selección natural, azar y gradualidad. Por una parte muchos científicos -en primer término los paleontólogos- se vieron obligados a admitir que se dan unas tendencias, una cierta programación en este proceso. Y desde la Biología Molecular surge la idea de que el genoma tiene su propia lógica e impone así unos cauces a los cambios heredables, contribuyendo a la evolución y dándole en cierta medida una dirección. La lógica propia del genoma, las leyes del cambio del DNA, darían una orientación hacia la complejidad, mientras que es la fuerza de la selección natural la que aporta la tendencia a la especialización, hacia la adaptación. La selección natural pierde la posición privilegiada, como fuerza única o motor, de protagonismo que le diera el darvinismo. También el azar ha perdido el puesto de la Evolución, que le atribuyera el darvinismo: no es difícil pensar que los procesos de modificación génica, que originan un pequeño cambio, se produzcan por casualidad pero no lo es tanto explicar que los cambios coordinados, que se requieren para originar una estructura compleja, se produzcan "porque sí", sobre todo si se han producido varias veces en el curso del proceso evolutivo. Y por último se ha puesto de manifiesto que la Evolución no tiene sólo un modo de actuar gradualista, de acumulación de pequeños cambios que se reflejan en el fenotipo, sino también a saltos. 2.3. Teoría del equilibrio puntuado.La Paleontología y otras áreas de la Biología, especialmente la Embriología, han ampliado las explicaciones neodarwinistas acerca del origen de nuevas especies, al aportar tipos nuevos de mecanismos de aislamiento reproductor; mecanismos diferentes de la acumulación gradual de mutaciones genéticas y selección natural. Son mecanismos que pueden incluirse en el "modelo puntuado"[7]. La Paleontología ha lanzado, de este modo en los últimos años, un último nuevo desafío al neodarvinismo como único modelo evolutivo (cambios graduales, en individuos en el seno de una población, que van siendo seleccionados en función de los cambios del entorno), al mantener que la evolución no procede de forma gradual, sino de manera irregular y a saltos. Para los defensores de la teoría del equilibrio puntuado estos cambios son totalmente al azar y se imponen en un corto plazo de tiempo. Este modelo surgido de la teoría del equilibrio puntuado, propuesta por los paleontólogos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould, plantea que los cambios morfológicos en individuos de un mismo linaje -la anagénesis- y la división de una especie en dos -cladogénesis- están relacionas causalmente. Así, se ha dado, en un tiempo breve, una aceleración del cambio morfológico en unos pocos individuos que divergen de la especie original para formar otra nueva, inicio de una gran rama del árbol evolutivo, o macroevolución; después de este cambio genético brusco pueden darse otros mucho más lentos, acumulativos y posiblemente seleccionados en relación con el entorno.La Genética y la Biología molecular han aportado las bases genéticas de estos cambios no graduales acumulativos en el tiempo. De una parte pueden deberse a fuertes reordenaciones cromosómicas que cambian el plan corporal o a cambios en sí mismo pequeños pero en los genes que controlan los patrones de desarrollo. El conocimiento actual de los mecanismos del desarrollo permite afirmar que algunas alteraciones de este proceso tienen repercusiones evolutivas que permiten explicar las discontinuidades en las cadenas evolutivas (cambios rápidos en la estructura corporal) sin la existencia de los "eslabones perdidos". Ya Garstrand formuló la relación existente entre ontogénesis y filogénesis afirmando que "la ontogénesis no recapitula la filogénesis (como había afirmado Henckel en 1859) sino que la crea. Ninguno de estos planteamientos evolucionistas dan razón de la aparición de lo nuevo; las innovaciones constituyen un problema insalvable tanto desde un mecanicismo plenamente determinista, o desde un mecanicismo plenamente azaroso. Verdaderamente no toda la realidad se agota en la materia "informal" y en las leyes mecánicas de su movimiento. Los seres vivos tienen una dinámica unitaria; tienen funciones propias dirigidas a su fin propio natura que es vivir, y transmitir vida. La aparición de lo nuevo es actualización de potencialidades, congruentes con lo que es actualmente. No se reduce lo nuevo a las condiciones iniciales, ni está pre-formado en ellas. Tampoco "emerge" sin más misteriosamente, ni existe un misterioso principio oculto en ellas, algo así como la "entelequia" de los neovitalistas. Como veremos, la innovación surge, del orden propio de la vida, orden por fluctuación, que podríamos llamar fulguracionismo o epigénesis, cuando por azar un sistema se aleja del equilibrio y actúa, de acuerdo con su estructura interna y el medio en que se encuentra, ordenándose en una estructura arquitectónica o funcional nueva. Las leyes de la Termodinámica de los procesos irreversibles muestran que azar y determinación son dos parámetros que cooperan en los procesos de cambio temporal; las fluctuaciones -que son el componente de azar- arrastran el sistema de un estado a otro y al mismo tiempo está determinado si la fluctuación se impone, o no, y de que manera se determina[8]. Por ello, los procesos de desarrollo embrionario de un organismo, o de evolución de los seres vivos, son procesos con flecha de tiempo es decir, no meramente casuales, sino con diferente probabilidad de cambiar en un sentido u otro. Esa tendencia tiene un significado bien preciso: muestra que la realidad viva es capaz de ser principio de estabilidad, y al mismo tiempo de ser principio de una dinámica que le conduce a la propia realización -a su pleno desarrollo a lo largo de la vida- y, en ocasiones, le conduce a experimentar una transformación y dar paso a nuevas formas de vida.La teleología contemporánea se ha enriquecida con este paradigma de sistemas inestables y alejados del equilibrio termodinámico como son los sistemas vivos. Es una teleología que afecta al todo, pero no de igual forma a cada una de las partes. Los evolucionismos, desde sus inicios a mediados del siglo XIX, han sido más mecanicistas que teleológicos. No han considerado, en general, necesario acudir a las causas finales para entender el proceso evolutivo, que se considera regido por el puro juego azaroso de las causas eficientes, es decir, de las relaciones causa-efecto. Incluso cuando han surgido en el evolucionismo posturas teleológicas, éstas han sido de naturaleza estadística. Las leyes de los grandes números son, en algún sentido, teleológicas, ya que permiten predecir una conducta y un resultado; por la tendencia interna del propio fenómeno estadístico hay una mayor o menor probabilidad de “aparecer” en un margen de tiempo que depende de las condiciones; de ahí que por Monod[9] propusiera cambiar el término teleológia por teleonomía. Es una direccionalidad de la vida, o de la evolución, de carácter más indeterminado, en cuanto el dinamismo es del todo y no estrictamente de cada una de sus partes. Todo cambio es cooperación del azar real y de la determinaciones reales que impone la estructuración de la materia de partida y su situación, y su dinámica interna. 3. Evolución: hacia una nueva síntesis.La evolución biológica, es decir, la aparición de organismos cada vez más complejos y especializados a partir de otros más simples y menos especializados, supone un cambio en el patrimonio genético que da lugar en primer término a transformaciones heredables en el patrimonio de los individuos de las diversas especies. Las diferencias existentes entre especies distintas vienen determinadas por la diversidad del mensaje genético contenido en su genoma; la diversidad de este último radica no sólo en la cantidad de información genética, -número y tipo de genes- sino también, y de una manera significativa, en la organización génica que permite una expresión diferente durante su desarrollo aún entre especies similares y con una cantidad de información muy parecida. 3.1. Cambios del mensaje genéticoLos cambios del mensaje, de la información genética contenida en el patrimonio genético, constituyen el principal factor evolutivo. La información contenida en el mensaje genético heredado de los progenitores es información de dos tipos o dos niveles diferentes. El primer nivel es la secuencia de nucleótidos de las hebras del DNA que forman los cromosomas, presentes e iguales en cada una de las células que constituyen los órganos y tejidos. Esta secuencia, el genoma, es igual para todos los individuos de una especie, con ligeras variaciones que permiten las diferencias individuales entre los congéneres. Los seres vivientes se construyen mediante un código, inscrito en la dotación genética, que se despliega en el tiempo y en el espacio. Va recibiendo del medio las señales que permiten ir desplegando, e incrementando, la información original y construir las diferentes partes del organismo. Unas se forman a partir de la información de unos conjuntos de genes manteniendo el resto de estas unidades informativas silenciadas, mientras que otras partes requieren precisamente la expresión de esos genes y silenciar otros. Este primer tipo de información genética, que es igual en todas las células de un organismo, no desempeña funciones distintas a la función de crecimiento orgánico, de construcción del organismo: hace posible las células de los tejidos y órganos esté el código genético entero y al mismo tiempo la información esté regulada espacial y temporalmente de manera que se determina precisamente diferenciando o especializando las células en las diferentes líneas celulares que forman los órganos y tejidos.Ahora bien, una serie de células diferenciadas no es un viviente. La información del primer nivel se va emitiendo con el tiempo y en el espacio de una forma armonizada y coordinada de manera unitaria. Esta información de segundo nivel es un programa, no un simple boceto. No preexiste, ni existe, separadamente de los elementos informativos o genes, pero tampoco se identifica con ellos. Sólo con el aprovechamiento coordinado de la información en la célula se logra la constitución unitaria del organismo. La diferenciación armónica de las “partes” de la información genética equivale a una información superior a la primera, que es de segundo nivel e información emergente. Si para explicar la autogeneración de un organismo complejo no basta el primer nivel de información, sino la armonización unitaria y diferencial de los genes o segundo nivel informativo, para evolucionar se requiere cambio del primer nivel informativo y con ello del segundo. Atendiendo al tipo de cambio del mensaje genético que motiva un proceso evolutivo se distinguen dos niveles que no son dos explicaciones del proceso sino dos modos diferentes de cambiar que se superponen en el tiempo. Se suelen denominar nivel microevolutivo y nivel macroevolutivo. Ambos niveles son realmente distintos en cuanto suponen una dinámica diferente. Por ello antes de analizarlos exponemos cómo cooperan el azar y la necesidad en los procesos temporales de los seres vivos. 3.2. Dinamismo de los procesos vitalesLa termodinámica de los procesos irreversibles, que Ilia Prigogine[10] ha denominado procesos disipativos de entropía, explica como los parámetros azar y determinación cooperan en la aparición de un orden, arquitectónico o funcional, al que denomina orden fluctuación. Una ordenación que requiere disminución de la entropía del propio sistema y por tanto un aumento de entropía en el entorno. Es este el orden de todo sistema biológico. Dos condiciones son imprescindibles para que aparezca orden por fluctuación en cualquier sistema. En primer lugar, que el sistema sea abierto, para poder intercambiar materia y energía con su entorno y poder, de esta forma, disipar entropía. En segundo lugar, que el sistema esté alejado del equilibrio, mediante restricciones internas o presiones externas, ya que si no es así el sistema evolucionaría hacia estados estables. Sin posibilidades de que aparezcan inestabilidades, puntos de bifurcación y, por tanto, ruptura de simetría, no puede darse una ordenación temporal irreversible[11]. Para un ser vivo alcanzar el equilibrio termodinámico supone la muerte. Existir, vivir, supone poseer mecanismos generadores de inestabilidad, que le permiten mantenerse a sí mismos alejados del equilibrio. El proceso de ordenación de los seres vivos (la autoorganización) exige una tercera condición imprescindible, puesto que la autoorganización propia de los seres vivos no es la simple relación entre la estructuración de los componentes y las propiedades funcionales que resulta de tal organización. Se trata de un elemento estructural informativo (el genoma), un soporte material capaz de conservar la información de sus antecesores y al mismo tiempo que ésta pude ser cambiada o amplificada. La misma complejidad, propia de los sistemas biológicos, supone información (información genética) que permite la síntesis de los propios componentes que se integran en una unidad funcional en el proceso de autoconstitución. Los mecanismos generadores de inestabilidad proporcionan una continua aparición de inestabilidades, de cambios de la información genética en función del tiempo, que sitúen al sistema en puntos de bifurcación y de asimetría y con ello la posibilidad de innovaciones. La información genética supone además regulación de la expresión de la información. Una regulación que está ligada y que es derivada de las interacciones moleculares e intercelulares de componentes moleculares (proteínas) conformados por la misma información (genes); así la regulación de la expresión genética permite que la síntesis de las moléculas constituyentes sea ordenada en el tiempo y en el espacio. Y en tanto en cuanto los contextos diferentes se crean en el mismo proceso se puede hablar de la autorregulación cómo mecanismo amplificador de la información y por ello generador de inestabilidades. Tanto las fluctuaciones y la inestabilidad propia del alejamiento del equilibrio por una parte, como los cambios de la información genética, regulados por el medio, por otra parte, constituyen la doble fuente del orden por fluctuación de los sistemas biológicos. Siguiendo a Prigogine podemos afirmar, que las fluctuaciones que permiten a un sistema alejarse de los estados de equilibrio termodinámica representan el elemento aleatorio, la contribución del azar. Por el contrario la inestabilidad del medio, lo que hace que crezca la fluctuación, representa la necesidad. El azar del comportamiento dinámico de las moléculas o elementos del sistema, es estar sujetos a fluctuaciones, ruido y, en general a influencias aleatorias interiores y exteriores. Mientras que la necesidad viene impuesta por la propia estructura interna y dinámica del sistema que conduce, dentro del margen de las potencialidades propias, hacia una nueva ordenación. Azar y necesidad, en vez de oponerse, cooperan.Desde la perspectiva de la autoorganización y autorreferencia se entiende que la información genética no supone de ninguna forma que los organismos biológicos están pre-figurados, ni tampoco supone que la evolución esté terminada, sino que cada organismo se constituye a medida que se generan las inestabilidades que conducen a asimetrías y puntos de bifurcación que provocan ordenes superiores de estructuración. La indeterminación tiene su origen en la ampliación de la información genética con el proceso mismo tanto de diferenciación celular y desarrollo, como de la evolución; es decir es regulación por el medio que es cambiante igualmente en función del tiempo. 3.3. Comportamiento caótico de sistemasEl comportamiento caótico[12] de procesos complejos nos permite también una del ampliación mecanicismo capaz de conjuntar indeterminación y teleología. En efecto, el caos es un fenómeno dinámico aperiódico (oscilaciones irregulares que no se repiten nunca), que aparece bajo condiciones deterministas; es diferente de los fenómenos aleatorios producidos por fluctuaciones, a los que nos acabamos de referir. La existencia de caos en un sistema conduce a que, en ausencia de ruido y de fluctuaciones internas o externas, presente en sí mismo un comportamiento aperiódico. A su vez, ostenta una gran sensibilidad a las condiciones iniciales; así desde dos puntos de partida muy próximos se pueden obtener comportamientos radicalmente distintos, sin ninguna intervención exterior, debido a que la más mínima perturbación es amplificada exponencialmente. Y al contrario, órbitas alejadas pueden llegar a aproximarse. El comportamiento del sistema es impredecible por la esencia misma de la aperiodicidad. No se puede predecir cuál va a ser el comportamiento futuro del sistema, ni conocer cuál ha sido la historia de algo que varia en el tiempo, que oscila y que no repite nunca el periodo de oscilación. No se trata sólo de un aumento considerable de los grados de libertad en el dinamismo de un fenómeno, sino de una “turbulencia”: la más mínima influencia en el inicio puede cambiar drásticamente las predicciones por la sensibilidad a las condiciones iniciales. Detrás de estos fenómenos, aparentemente azarosos y que producen esa apariencia desorganizada, se esconda un orden. La aparición del comportamiento caótico responde a unas pautas universales. Existe un orden (de ahí que este comportamiento se denomine "caos determinista"), que combina indeterminación, comportamiento irregular, con la armonización, ordenación regulada, de los ritmos de los diversos sistemas funcionales en la unidad de un organismo vivo. 3.4. Niveles evolutivos 3.4.1. Nivel microevolutivo El nivel microevolutivo, supone una variación, una mutación en sentido amplio, de una zona del genoma que afecta a la información contenida en un gen o a su sistema de regulación y que tiene consecuencias directas en el fenotipo. Estas mutaciones originan a variabilidad dentro de una misma especie; aparecen así razas e incluso la separación a partir de una especie de otra muy similar entre sí, mediante la aparición de una barrera a la reproducción. El nivel microevolutivo se explica satisfactoriamente con la teoría de la evolución más comúnmente aceptada, el neodarvinismo. En efecto desde los neodarvinismos (o modelos gradualistas) se ve la evolución como el resultado de un reemplazamiento progresivo, gradual, en el seno de una población, de alelos (formas de un mismo gen) menos aptos por otros más aptos según el ambiente, mediante la acción de la selección natural, permitiendo que los organismos estén perfectamente adaptados a su entorno. Subraya, pues, junto al carácter gradual de las pequeñas variaciones del material genético, el hecho de que el proceso evolutivo actuaría sobre poblaciones y de modo aleatorio. El azar, como acabamos de señalar, es real y es utilizado por la naturaleza y lo utiliza como motor de cambio en la microevolución. Azar es el método de actuar conocido generalmente con el nombre de “ensayo y error.” La naturaleza va ensayando configuraciones fenotípicas distintas, que adaptan mejor o peor al medio a los individuos de una población que las sufren. Cuando sucede esto último, resultan penalizadas por el medio, de modo que o no se transmiten, o se transmiten menos que las otras a la descendencia. Esta modificación progresiva, gradual de la composición genética de las poblaciones dirigida por la selección natural se orienta hacia la adaptación. La causa fundamental del cambio génico en el seno de una población es por tanto el cambio del entorno, ya que de entre las variaciones ocurridas aleatoriamente se seleccionan aquellas que son más aptas para ese entorno. El papel clave lo juega la selección natural que, tal como la consideró Darwin, es el éxito de la diferencia. Cuando unos individuos sobreviven o se reproducen mejor, por tener unos caracteres diferentes del resto, se da la selección. Los cambios microevolutivos suponen pasar directamente de cambios en la secuencia del DNA informativo (genes) a ligeros cambios fenotípicos que permiten la selección de los individuos portadores en función de su mayor superviviencia en un entorno dado. Y si la selección persiste a lo largo de muchas generaciones llega a producirse un cambio tal que sus miembros no se pueden cruzar ya con los individuos de una población anteriormente emparentada. Y en esto último, en la mayor o menor transmisión a la descendencia, está la unidireccionalidad y la teleología. Hay, ciertamente una teleología interna, pero vehiculada por procesos azarosos. 3.4.2. Nivel macroevolutivoEl nivel macroevolutivo supone alteraciones y reordenaciones del genoma, que dan lugar a la aparición de verdaderas innovaciones; aparición de nuevos genes y de sus sistemas de coordinación durante la ontogenia, que permiten una nueva función biológica, o una nueva estructuración. Debe destacarse que la variación de la información no consiste sólo en la modificación de la que ya está contenida en el genoma, sino también en la aparición de nuevas piezas de información, de nuevos mensajes genéticos. Las innovaciones y los cambios evolutivos rápidos y radicales entre las especies, sin que hayan existido etapas intermedias, suponen, exigen, o son consecuencia, de cambios en el programa de desarrollo, en el segundo código genético: en la ejecución o emisión del mensaje genético, en la ontogenia. La regulación del desarrollo permite constituir estructuras muy diversas a partir del mismo genoma; y una mutación en los genes rectores que controlan el desarrollo pueden llevar a un cambio radical e inmediato de la organización de una estructura. También que un desplazamiento temporal en la ejecución de una etapa del desarrollo -las alteraciones llamadas heterocrónicas- lleva consigo un cambio evolutivo que nada tiene que ver con el seguimiento del entorno. Si bien un genoma tiene una capacidad bastante ilimitada de variación, no todas las posibilidades aparecen de hecho ante la fuerza selectiva natural, aún cuando pase mucho tiempo. Hay condiciones ligadas a la programación genética y a su expresión durante la epigénesis que hace que sólo haya un número limitado de realizaciones fenotípicas para cada plan de organización. Se explica así la existencia de variaciones que siguen tendencias paralelas en entornos diferentes, como ocurre con la diversificación de los mamíferos placentarios en Africa y otros continentes y la radiación de los mamíferos marsupiales en Australia.La macroevolución se explica por los mecanismos que originan un cambio de la información no de forma gradual sino a saltos, en cortos periodos de tiempo. Estas modificaciones tienen lugar independientemente del medio, y no obedecen a una necesidad para la supervivencia o adaptación; obedecen más bien a la estructura y dinámica de cambio propias de la compleja estructura del DNA y del genoma en su totalidad y por tanto de la dinámica de la expresión del mensaje genético. En este sentido hablamos de selección interna. En efecto, la selección interna supone la existencia punto crítico en el cambio; esto es las inestabilidades se toleran, incluso aunque atentasen contra la coherencia del sistema originando malformaciones o defectos, pero sin acaban con él. Cuando la inestabilidad se halla cercana al punto crítico, un mínimo incremento genera la desestabilización completa del sistema y su nueva e innovadora reordenación. Y aunque la termodinámica puede determinar o calcular los puntos críticos no quiere decir que la naturaleza lo calcule. No quiere decirse que la evolución sea previsora como si la escala de estabilidades fuera el resultado necesario de un proceso absolutamente determinista. El juego de inestabilidades hace que, por ensayo y error (por azar), vayan produciéndose saltos estructurales y por tanto estabilidades o sistemas estables distintos, de nivel tanto microevolutivo como macroevolutivo. Pero tampoco significa ausencia de direccionalidad de la vida. En tanto que la autoorganización supone un aumento de la complejidad a lo largo del tiempo de la evolución de las diversas ramas evolutivas. Lo cual no implica finalismo determinista algo así como si se equiparase el proceso evolutivo (o el proceso de desarrollo embrionario) con un rígido programa de ordenador cuyas instrucciones predeterminasen completamente el resultado final. La realidad biológica es bien diferente. El proceso está recibiendo continuamente nuevos datos que le permiten indeterminación. Ni el azar ni la indeterminación se oponen a la finalidad sino que más bien la presuponen. 3.5. Transformismo epigenético: desarrollo y evoluciónPodemos afirmar que transmitir la vida, el engendrar de los progenitores es constituir, aportando material propio, el soporte material, el genoma, que contiene un nuevo código genético (forma, en el sentido clásico de informar la materia) capaz de iniciar la existencia de otro individuo de la misma especie, al activarse la emisión del mensaje. La emisión de ese mensaje constituye la existencia de ese individuo concreto. El polimorfismo, que no sale de los límites de la especie, aporta la variabilidad fenotípica de los diferentes individuos. Por el contrario evolucionar es dar paso, al transmitir la vida, a la construcción del soporte material de un programa, de un mensaje, que difiere del propio de los progenitores no sólo en las características que le definen como individuo, sino en las características de la especie a que pertenece. Es transformar, cambiar la forma propia de esa especie, y con ello producir un aislamiento reproductor entre los individuos de la antigua y la nueva forma. El proceso evolutivo y el desarrollo embrionario parecen seguir las mismas reglas para autoorganizarse desde lo simple a lo complejo. Por una parte, los procesos esenciales para la vida, como son la replicación y el establecimiento de un metabolismo básico necesario para la nutrición, se realizó en las formas más primitivas de los seres vivos y se han transmitido por generación. La capacidad de dar una réplica exacta de sí mismo se produce con gran fidelidad gracias a esos materiales tan organizados que son los cromosomas. El DNA es un material muy peculiar: no sólo es informativo sino que puede copiarse a una estructura complementaria y así conservar el mensaje al mismo tiempo que lo transmite o que “inventa” nuevos mensajes. De esta forma los seres vivos surgen por generación de progenitores y evolucionan. Las vías metabólicas centrales se establecieron ya un los seres unicelulares y la fuerza de la selección natural permitió su optimización. El progreso hacia la complejidad convirtió la replicación en reproducción, amplió el metabolismo con vías especializadas para sustentar nuevas funciones emergentes, al tiempo que la diferenciación celular se acompañaba de una reordenación estructural más compleja del organismo.Cada especie tiene en el tiempo de los periodos evolutivos un proceso constituyente de un concreto código genético, principio de vida, que es transmitido a cada uno de los individuos de la especie por generación. Por otra parte y de manera similar, la misma lógica celular, y la misma lógica molecular que ha estado en la base del proceso temporal de la evolución desde el protista (unicelular) a las especies vegetales y animales, es la que conduce de un cigoto a un organismo. Los protistas han dado origen a los organismos pluricelulares, animales y vegetales, en los que las células, como unidades fisiológicas, poseen actividades y ultraestructuras diversificadas. En los organismos pluricelulares las células somáticas se diversifican y reparten el metabolismo y demás funciones. En el proceso de diferenciación celular expresan las proteínas que han de ejercer los procesos correspondientes —proteínas específicas— y proteínas de adhesión que les permite asociarse entre sí para constituir el tejido u órgano específico. Esta diferenciación tisular es parte de la diferenciación celular y en ella las interacciones célula a células tienen un papel fundamental. Durante la ontogenia es preciso retener algunas de las propiedades o características del estado anterior y adquirir otras nuevas por aparición de moléculas nuevas. Su estado en cada momento del desarrollo depende de su historia y guardan memoria molecular. A su vez las células del organismo adulto deben su identidad a la naturaleza de las interacciones a las que sus antecesoras han estado sometidas y al orden en que estas acciones se han sucedido. La organización representa la memoria que las células conservan de su historia. La organización no surge en cada instante por el poder de la información genética, o de la trama proteica. Si cada parte del organismo presenta una morfología propia es debida a su historia; en los estados anteriores las células han estado sometidas a reajustes cada uno de los cuales representa un acontecimiento único en su genero durante el desarrollo. Los cambios evolutivos llevan consigo que el genoma de las especies más evolucionadas, o de aparición más reciente, guardan la historia genética evolutiva del camino seguido desde lo más simples a su propia complejidad. Así, de hecho, el genoma específico de cada especie es un “registro fosil” del camino, o historia evolutiva, que han seguido sus precursores hasta la aparición de su especie; la historia de los logros.Ahora bien, aunque los dos grandes procesos temporales sigan las mismas reglas, la escala de tiempo en que se emite el código genético completo de un individuo de una especie es siempre muy breve; por ello, el parámetro determinación es comparativamente mayor que el parámetro azar en cada una de las etapa de su existencia. Sin embargo el proceso evolutivo se desarrolla en una escala mucho más larga de tiempo, lo que permite o está íntimamente relacionada con una mayor contribución de las etapas aleatorias. Las posibilidades de emergencia de nuevas formas son amplias. Más aún, en el proceso de transformación de la información genética como sistema complejo puede haber desempeñado un papel importante la dinámica caótica: una muy simple modificación de las condiciones iniciales de la secuencia y ordenación génica puede llevar a un fenotipo impredeciblemente diferente. En la “búsqueda” (ensayo y error) de nuevas vías admite desaciertos (extinción y competencia entre poblaciones, no adaptación, etc.,); más aún, necesita de los cambios del entorno que amplifiquen fluctuaciones y creen inestabilidades, sin las cuales no habría transformación, cambio de las formas. Además, el dinamismo de ambos procesos necesitan del entorno de una manera diferente. En el desarrollo el entorno es uno y determinado; el margen de ligeras variaciones que permiten una cierta variabilidad individual sobre lo común de la especie, es muy limitado. La emisión del código requiere un entorno adecuado al avance mismo de la emisión; y, a su vez, a medida que avanza la vida se potencia la misma información del mensaje, en la dirección de los logros de la Evolución. Ahora bien, una modificación del entorno que le condujera por “ensayo-error” en una dirección contraria o distinta de la marcada por los logros evolutivos, fuera de los limites de las fluctuaciones de la dinámica propia, llevaría consigo una modificación anormal del proceso de desarrollo. No le cambia de forma pero le malforma, enferma, o incluso le destruye. Por ello la ontogénesis no es evolutiva, en cuanto constituyente de un mensaje, sino sólo en cuanto desarrollo consecutivo de una única posibilidad, en interacción con un medio que va aportando señales enormemente precisas, en momentos y sitios concretos del organismo en desarrollo. Por el contrario, la evolución, puesto que se expande durante largo tiempo, se retroalimenta de los cambios del entorno azarosos y así va teniendo la posibilidad de alcanzar algunos de los potenciales cambios de forma (transformaciones evolutivas), cambios del contenido informativo genético de los genomas de las especies precursoras. Es el proceso de evolución de las especies el único que tiene potencialidad de constituir múltiples formas, de dar lugar a diversas formas. Por ello el genoma inicial de un individuo, heredado de los progenitores contiene la información, preinformación, para desarrollarse a lo largo del tiempo, desde la simplicidad unicelular a la complejidad de la especie a que pertenece. Información que ya no requiere “ensayo y error”, porque hereda la información de los logros alcanzados por los precursores. Ya la evolución ha ensayado, cometido errores, etc., hasta llegar a ese genoma. Son precisamente los cambios del mensaje genético, originados por modificación de la estructura de los cromosomas los que causarían la aparición de innovaciones; y en algunos casos por cambio del programa de desarrollo, por cambios en los genes que configuran la forma del organismo. La selección natural actuará entonces sobre lo ya aparecido, conservando lo apto para un determinado entorno, impidiendo la desaparición de las funciones y caracteres que permiten la viabilidad y aumentando la frecuencia de lo más apto. Las innovaciones, es decir, la evolución de las especies, dependen de los procesos de cambio del DNA. Cambios que ni están ni estrictamente predeterminados, ni tampoco suceden totalmente al azar. Los diferentes cambios de este tipo pueden irse acumulando durante generaciones, y escapando de la selección natural ya que preferentemente ocurren en el DNA no informativo y por tanto sin repercusión en el fenotipo. En un momento dado se llegaría a un "punto crítico" en el que la expresión de la información de esta zona, hasta entonces silenciosa, de lugar a una innovación. Desde esta perspectiva una filogénesis es el resultado de las ontogénesis de sus generaciones constituyentes, unas ontogénesis cuyos mecanismos no se han modificado con el tiempo. La alteración, o cambio, de los genes rectores que dirigen la expresión diferencial de otros genes, durante el desarrollo embrionario, puede haber desempeñado un papel importante en la evolución permitiendo la aparición de organismos diferentes sobre la base de una similar información genética. La existencia de mutaciones en los homeogenes muestra la existencia de un determinismo genético de la forma. Así una mutación de un gen Hox, por ejemplo, da lugar no sólo a una proteína defectuosa, sino que altera la función de otras. La multifuncionalidad de los morfogenes restringe fuertemente la capacidad de una estructura aislada de evolucionar aisladamente del contexto global a que pertenece. [13] 4. Información genética y epigenética y la Evolución 4.1. Genotipo y fenotipoLas realidades vivas se caracterizan por estar determinadas no sólo por sus elementos constituyentes (genoma) sino por las propiedades nuevas que aparecen como consecuencia de la interacción de los elementos. La dotación genética es información con carácter específico y propio, pero sólo interaccionando con la información que aportan las señales del medio se constituye en una realidad biológica individual y diferente de sus progenitores y antecesores, con un fenotipo propio. La dotación genética se expresa, o no se expresa, y lo hace de una forma u otra, según el medio intracelular en que contiene los cromosomas, que a su vez depende de las señales que provienen del organismo unitario y de las condiciones del medio en que vive. Una dotación genética no basta para constituir una realidad biológica, aunque sea condición necesaria La existencia de un viviente es la emisión del mensaje genético contenido en el genoma en continuo dialogo con el medio celular y extracelular que porta dicho genoma.El dinamismo de la emisión del mensaje genético hace posible que las propiedades sean emergentes y por tanto siempre más que la suma de las de los componentes, en tanto que va produciendo mayores niveles de organización y complejidad, a lo largo del tiempo. En toda realidad, inerte o viva, hay dos tipos de propiedades, las propiedades elementales y las propiedades sistemáticas. Las primeras son aquellas que se pueden distribuir entre los elementos que las componen, y que por tanto no suponen ninguna novedad. Por el contrario, las propiedades sistemáticas no pueden distribuirse entre los elementos, porque son nuevas y surgen como consecuencia de la interacción de los elementos. Son propiedades que pertenecen al sistema como un todo; más aún, son las propiedades que hacen del resultado una realidad nueva distinta de la de los elementos que entran en su composición, no reducible a la mera suma de las propiedades de los elementos que las componen. Por ello no basta el genotipo (la información genética contenida en la secuencia de nucleótidos de los cromosomas) para que se constituya una realidad viva; se requiere la información epigenética que resulta de la interacción de regulativa de los componentes del medio con el soporte material de la información genética. La realidad resultante está determinada por ambos tipos de información, genética y epigenética. 4.2. Proceso constituyente y especializaciónLa vida de los organismos, de los más simples hasta los más complejos, consiste en la emisión del mensaje genético; dado que los vivientes procesan la información genética, el código o mensaje genético está constituido por un conjunto de determinaciones informáticas que van siendo actualizadas en el tiempo y en el espacio. Sin la armonización de la ordenación diferencial, espacio-temporal de todas las determinaciones posibles del código genético no habría organismo. La emisión del mensaje es dinámica, se retroalimenta, en cuanto hay diversos tipos de unidades de información, genes, que se expresan ordenadamente, es decir es autoorganización. En cuanto el fenotipo depende (aunque no sólo) del genotipo hay autoreferencia de la realidad del individuo en una etapa de su vida a la realidad de los estados anteriores. En cuanto el fenotipo no sólo es dependiente del genotipo sino además, y en mayor medida cuanto mayor es la complejidad del mismo, del medio, el proceso constituyente es autoorganizativo, con una la información se autoretroalimenta. Es preciso destacar que la transmisión de la vida desde los progenitores (y desde progenitores que son antecesores en cuanto la transmisión de la vida se ha dado con cambio evolutivo) requiere un proceso constituyente con emergencia de propiedades sistemáticas o emergentes más allá de la mera suma de las propiedades de los elementos constituyentes. Así la fecundación es más que la fusión de los gametos ya que ambos se activan mutuamente tras el contacto específico. La dotación genética heredada, en interacción con el medio citoplásmico propio del óvulo activado por el espermio, da lugar, en un tiempo preciso, a una organización celular propia del fenotipo cigoto, única célula en condiciones de dar lugar a la emisión del mensaje genético del nuevo individuo desde el inicio al final. En la evolución se producen cambios al azar, que se “aceptan” selectiva y determinadamente respecto a la optimización de sus propias funciones, a la posibilidad de dar un organismo viable, y a la de adaptación a un entorno.El proceso evolutivo de aparición de nuevas especies supone la constitución de un mensaje genético tal permita la construcción de un organismo capaz de vivir en un entorno y dejar descendencia. Un genoma logrado por variación genética y teonomía (adaptación al entorno, en terminología de Monod) está constituido cuando dirige la construcción —desarrollo embrionario— de un fenotipo viable y adaptado al medio. En el origen de una especie están los cambios en el DNA micro y macroevolutivos y posteriormente a la aparición de un nuevo fenotipo la selección natural que elige entre los diversos individuos permitiendo así la especialización o adaptación al entorno. Se denomina especialización animal al ajuste entre estímulos, receptores, efectores y realidades u objetos de que parte el estimulo. Gracias al ajuste la selección natural produce una especialización morfológica determinada y una especialización de la conducta; a su vez el animal vive en el medio “especializado”, el nicho ecológico o sistema de desencadenantes que disparan conductas específicas. La especialización en los animales superiores supone un comportamiento "adaptado" a un nicho o medio. Desde Jakob von Uexküll, el desarrollo de la Psicología animal o la Etología han mostrado que no es posible explicar la conducta animal en términos puramente mecánicos. Ciertamente existen patrones estereotipados de comportamientos innatos que tiene un estricto control genético; los heredan de generación en generación todos y sólo los individuos de una determinada especie y sin que la experiencia o el aprendizaje logre modificarlos. Los genes especifican este tipo de comportamiento estereotipado determinando una red precisa de células nerviosas y musculares interconectadas, que se instalan y se van conectando a lo largo del desarrollo del animal y que brota en una situación concreta o en un momento de su ciclo vital. Los genes codifican para elementos de control que excitan conexiones preexistentes y así de una forma rígidamente determinada generan, en el momento oportuno, una concreta pauta de comportamiento. También el aprendizaje, en animales de todos los niveles de complejidad, suele instarlo y controlarlo el mundo tendencial o instintivo. Están “preprogramados o predispuestos” para aprender determinadas cosas y aprenderlas de una determinada manera[14]. Es interesante subrayar que las reacciones provocadas por los estímulos dependen de la significación que estos tienen para el organismo. Y es este concepto de significación lo que rechazan los mecanicistas porque implica una finalidad intrínseca, o teleología, en los seres vivos. Lo cierto es que los estímulos adecuados no son meras realidades físicas sino que son realidades biológicas integradas en el vivir. Lo que provoca necesariamente una cierta respuesta no es una causa físico-química sino una excitación fisiológica, que solo tiene significado para un organismo especifico, y de la que el agente fisico-químico es la ocasión más que la causa. De la complejidad orgánica informada por el mensaje genético emergen operaciones: hay pues una emergencia de funciones, operaciones o facultades nuevas con la aparición de nuevos mensaje genéticos.4.3. Emergencia de propiedades: operaciones y facultades En la medida en que los vivientes complejos procesan la información genética la información que emerge de la autoorganización supone una mayor emergencia de propiedades sistemáticas; es decir, las operaciones o facultades del individuo son de nivel más complejo. Las diferencias entre los seres vivos, y su diferente identidad biológica, se debe a las diferencias en el “contenido” de su mensaje genético. Pero el mayor contenido informativo de un genoma no radica sólo en un mayor número de genes (información de primer nivel) sino en la capacidad y el modo de procesar la información contenida en un gen, a la ampliación de la información con el paso del tiempo del desarrollo, maduración y envejecimiento; esto es, a la ampliación de la información ligada al desarrollo mismo (de segundo nivel). Más aún, los vivientes mamíferos mantienen después del nacimiento una cierta plasticidad neuronal, que le permite ir cerrando o determinando progresivamente circuitos y mantener un cierto tiempo capacidad de aprendizaje. Está maduración del órgano cerebro les permite guardar en la “memoria neuronal” lo aprendido. Y lo hace por un mecanismo en cierta medida similar a la memoria de la construcción del cuerpo: modificando el mensaje genético, y su emisión, en aquellas células neuronas que han participado, en recibir y transmitir la señal, en los circuitos neuronales que procesan la información. La plasticidad neuronal se va cerrando progresivamente, durante un tiempo, con la diferenciación de las neuronas; se va determinando con el aprendizaje: procesa información. Las capacidades o facultades como memoria, conocimiento animal, comportamiento, surgen y dependen de la integración de circuitos neuronales y en última instancia descansan en la configuración de la materia aportada por la información genética. Sin información genética para configurar una neurona no puede existir un sistema nervioso; o sea, no hay viviente animal y sin capacidad de “reformatear “ la información de cada neurona con sus funciones no es posible establecer los circuitos neuronales y con ello completar y madurar el órgano del cerebro de manera que aparezcan las operaciones “superiores”. Como ya hemos comentado, la emisión del mensaje, en cuanto formalización o configuración de la materia indeterminada, es dinámica. En efecto, hay genes que codifican proteínas cuya estructura determina su función específica en los procesos vitales, y hay genes “reguladores” con información sobre el control de la expresión de los otros genes que dan lugar al fenotipo propio de cada individuo de cada especie, de cada una de sus diferentes unidades celulares que constituyen los órganos, y hay morfogenes que controlan la estructura corporal. Y se retroalimenta, en cuanto hay diversos tipos de unidades de información, genes, que se expresan ordenadamente y en cuanto reciben "información adicional" de la marcha del proceso en forma de modificación química y estructural del soporte material de la información genética, en el DNA. Tanto la expresión de estos genes reguladores como su actividad reguladora sobre otros se determina a su vez por el estado de la cromatina. La función, u operación vital, del segundo código genético es el crecimiento unitario. El crecimiento no es únicamente una función vital, sino la característica central del vivir; por ello, cabe definirlo como el hacer suyo que es peculiar de la unidad del viviente. Este “hacer suyo” es una elevación, o potenciación de la información genética; es información epigenética[15]. La materia ordenada con una configuración precisa (como un órgano o tejido determinado por la información genética de primer y segundo nivel en el desarrollo embrionario y maduración) confiere al sujeto vivo una actividad nueva que ninguno de los elementos por separado le confiere. Precisamente porque el viviente posee una ordenación de partes es capaz de realizar operaciones ya que de la ordenación de un órgano o sistema emerge nueva información. Es decir, la emisión del código genético no solo ordena la materia ordenada, sino también hace al viviente capaz de operatividad, ya que la operación “emerge” del órgano o del sistema orgánico. Ahora bien, la capacidad operativa “superior” (conducta, conocimiento animal) requiere que se haya desplegado suficientemente la información que codifica la construcción del órgano cerebro y su maduración. Y en esto también rige la lógica de la dinámica unitaria. En efecto, la construcción de cada órgano o sistema hace referencia espacial y temporal a la unidad del organismo del que tales órganos o sistemas son partes, y siguen un orden temporal en relación al todo. Las partes que funcionan en orden al vivir mismo, común a todo viviente, se diferencian primero, como por ejemplo el corazón. Sin embargo, lo más especifico, lo que permite no sólo vivir sino a alcanzar la plenitud de vida que le corresponde como tal viviente, aparece después; y lo que se desarrolla con el vivir más plenamente autónomo madura incluso después del nacimiento. Las manifestaciones vitales "superiores", como son las sensitivas, requieren más madurez orgánica. Ese "retraso" es obvio por la misma naturaleza de las operaciones sensitivas: emergen del funcionamiento del órgano construido y maduro. Y como es de suponer el proceso evolutivo sigue la misma lógica temporal y por ello se denominan a veces como superiores respecto a otras las especies que tienen facultades y operaciones que emergen de un órgano o sistema más complejo y cuya maduración plena requiere no sólo el tiempo embrionario sino el tiempo posnatal. Las operaciones en cuanto son dependientes del desarrollo epigenético a su vez son dependientes del genoma, en cuanto es el soporte de la información genética que será amplificada con la emisión misma del mensaje. Sólo aumentando la información genética contenida en el patrimonio genético puede emerger una especie más compleja desde otra menos compleja. De ahí que insistiéramos en que el cambio evolutivo principal es el cambio del DNA, de los cromosomas recibidos de los progenitores. Por eso podemos afirmar que los vivientes poseen operatividad de diversa intensidad según su puesto en la escala biológica. Así, el mensaje genético de un vegetal no tiene instrucciones, o información, para que el organismo que se construya, tenga sensibilidad, ni traslación. El viviente vegetal es dependiente del entorno incluso para llegar a madurar, adquirir la figura y el tamaño que les corresponde, por el hecho de ser un individuo de una determinada especie. El código genético de un animal, por el contrario, informa un organismo que, por poseer un sistema nervioso, procesa información que le permite hace suyo el medio externo sin modificarlo ni agredirlo: sin interacción material directa. Realizan operaciones como ver, oler, etc., de las que carece un vegetal y que les permite conocer, realizar las conductas instintivas, en algunos casos un conocimiento incluso curioso, unas tendencias no específicamente determinadas en su término, etc. Por ejemplo, un girasol se mueve en busca de la luz porque los rayos inciden en compuestos que cambian su estructura y mecánicamente transmiten la señal que acaba en el giro, pero el girasol no ve el sol; como tal vegetal no está capacitado para la operación “ver”. Sin embargo, un perro se mueve en busca de un hueso porque lo ve, lo reconoce, y lo desea porque siente hambre; es evidente que este proceso no puede ser producido sólo por interacciones mecanicistas entre moléculas y células. En uno y otro caso la información del genoma (el primer y segundo nivel de información a que nos referimos antes) originariamente predispone, pero no determina, la operación correspondiente, que es fruto de información que no se agota en disponer sus respectivas estructuras orgánicas, sus respectivas corporalidades. Efectivamente, las instrucciones que permiten formar el sistema nervioso, son como las “palabras o mensajes” que lo modifican, que elevan el mensaje de meramente vegetativo a sensitivo. A la información que en un principio sólo se percibía en el genoma (mensaje genético o código genético) contenido en la estructura molecular del DNA y posteriormente también en la operatividad, se corresponde con lo que en sentido clásico se denomina alma. Es importante señalar que es un principio vital único, un mensaje que se emite configurando una materia concreta y dando potencialidad operativa a esa tal ordenación orgánica. No parece pues correcto decir, como a veces se entiende, que el alma animal o sensitiva tiene facultades “vegetativas” en el sentido que contuviera un alma vegetal, El alma como principio vital es única, no es separable en segmentos, ni hay un despliegue sucesivo en el viviente con más facultades. El alma animal tiene facultades ligadas a la construcción del organismo, conservación, crecimiento y reproducción: esto es lo contenido primariamente en los genes y en el genoma total y común a los vegetales y a los animales. Hay, también, facultades como moverse, un mundo tendencial, plasticidad y capacidad de aprendizaje, memoria, emociones, conocimiento. Estas facultades permiten poder hablar, en sentido limitado pero propio, de una “mente animal” inmaterial, como inmaterial es el mensaje que manifiesta esa información epigenética de la que venimos hablando. Esta mente es sólo inmaterial y sus facultades surgen o dependen de la integración y procesamiento de información de circuitos neuronales; descansa en esa organización o configuración de la materia, y por ello descompuesta ésta con la muerte o con el deterioro, las facultades desaparecen o merman. 5. Proceso constituyente de la especie humana y génesis del hombre 5.1. Evolucionismos en el origen de la especie Homo sapiens. El necesario enfoque interdisciplinar.Comprender la aparición de los primeros hombres implica comprender su ser personal, la unidad propia e irreductible en cada ser humano de su vida biológica y su vida biográfica o vida en cuanto ser humano. En el intento de dar razón de la génesis y emisión del código genético de cada uno de los hombres nos encontraremos con un a priori radicalmente distinto. Por una parte el genoma que hereda cada viviente de la especie humana es, en lo que se refiere a cantidad de información de primer y segundo nivel, bastante similar a la de primates y sin embargo cada ser humano, cada ser vivo perteneciente a la especie humana, no tiene sentido sólo en función de la especie (la emisión del mensaje no se dirige a vivir "para" perpetuar la especie), sino que tiene sentido en sí mismo. Los individuos de la especie Homo sapiens poseen peculiaridades morfológicas (postura erguida, estrechamiento de la pelvis, morfología de la mano, etc.,) fisiológicas (inespecialización, en cuanto a alimentación, formas de vida, etc que son más culturales que biológica, carencia de época cíclica de celo asociada a la capacidad reproductiva, etc. ) y conductuales (puede proyectar anticipándose a objetos que aún no se le han presentado, puede prometer, puede traer al presente el pasado y el futuro; proyecta su vida, la tiene como tarea, puede frustrarse y sabe que necesariamente ha de morir; sabe que sabe, etc.) que le diferencian notablemente no sólo de los demás individuos de otras especies sino incluso manifiestan diferencias “personales” entre ellos. Es un ser cultural. Por esto el análisis del proceso constituyente del hombre (en sus dos niveles de especie y de cada individuo) merece especial atención. La pregunta acerca del origen de los primeros hombres y de la transmisión de la vida humana es compleja en si misma ya que la realidad de cada individuo es biológica y cultural al mismo tiempo. Como toda realidad compleja ha de ser tratada necesariamente desde una autentica interdisciplinariedad. En efecto, a pesar de los avances en el conocimiento del genoma humano, y de los novedosos e importantes datos alcanzados recientemente por la Paleontología, la respuesta está estancada. Pienso que se necesita abordar el problema desde sus variadas perspectivas con todo el rigor de la propia metodología de cada una de las disciplinas que están de suyo llamadas a responder acerca de una de las facetas del problema. Sólo cuando ninguna disciplina, que tiene qué decir al respecto, queda excluida a priori, los multifacéticos enfoques, con sus respuestas rigurosas, permiten que los planteamientos y logros de cada disciplina iluminen a las otras, al tiempo que de las otras disciplinas iluminan el campo propio de cada una. “De dónde venimos y con ello quiénes somos y a dónde vamos” es la pregunta por excelencia de cada ser humano. A la complejidad del problema se suma que la respuesta la busca y la encuentra cada uno en el ambiente intelectual de sus creencias religiosas, o en las ideologías que sustituyen la fe en el Creador. Por ello la Filosofía, la Antropología, las Ciencias humanas (y en última instancia la Teología en cuanto al último porqué) tienen tanto o más que decir a las Ciencias biológicas o la Palentología.No deja de ser sorprendente, a pesar de la frecuencia con que ocurre, que cuando un paleontólogo intenta reconstruir el curso de la evolución a partir de los hallazgos fósiles, o un biólogo las causas del cambio evolutivo en el peculiar registro fósil, que es cada genoma, solo tenga en su perspectiva intelectual la respuesta parcial de Darwin: la única causa del origen de las especies, incluida la especie humana, es la selección natural. Darwin fue un genio de la Biología pero un pésimo filósofo. No intentó resolver el problema “duro” del origen de las especies y del hombre, esto es su diseño. Pretendió que el hecho de descubrir la selección natural demostraba que el diseño de los organismos no respondía a ningún designio, sino al puro devenir del entorno. En 1876 en su autobiografía escribió, “no parece haber más propósito en la variación de los seres vivos, y en la acción de la selección natural, que en la dirección en la que sopla el viento”. Desde esa fecha los paradigmas de la Ciencia Biológica, de la Antropología física y de la Antropología filosófica, las Neurociencias, la Ecología, la Psicología fisiológica, etc., han avanzado considerablemente. Lo suficiente al menos para iluminar las perspectivas de la Biología y la Paleontología a la realidad humana, y con ello a sus orígenes, sin pre-juicios ideológicos[16] y con la apertura intelectual de reconocer que los problemas “duros”, complejos no se resuelven sin más con la acumulación de datos desde la simple perspectiva de las ciencias positivas. Requiere por el contrario los avances de otras disciplinas. 5.1. El proceso evolutivo de hominización Los recientes avances en el Proyecto Genoma Humano[17] han permitido conocer las peculiaridades genéticas de los individuos de la especie Homo sapiens. Es llamativo que no poseen muchos más genes que sus antecesores, si bien ese mayor número de unidades de información sirven fundamentalmente para un desarrollo mucho más complejo del órgano del cerebro[18]. La secuencia del genoma humano ha mostrado una zona de repeticiones de secuencias informativas en el cromosoma 22, cuyo análisis indica un alto grado de duplicaciones en la evolución de los primates en los últimos 35 millones de años y que permite innovaciones informativas (nuevos transcritos de genes por combinaciones de exones e intrones) y reestructuraciones cromosómicas en los eventos evolutivos que separan al hombre de los primates hominoideos[19]. Datos recientes van dando a conocer la función concreta de los nuevos genes humanos y su relación con las funciones propiamente humanas. Por ejemplo los nuevos genes (PCDHX y PCDHY) tienen información para la síntesis de un tipo de proteínas (cadherinas) implicadas en interacciones especificas entre neuronas. La expresión de estos genes ocurre en el cerebro y tienen una función crítica durante el desarrollo del sistema nervioso central humano y se encuentran tanto en los 2 cromosomas X de la mujer como en el X e Y del varón y las diferencias de los promotores del gen situado en el cromosoma X o en el Y puede ser la base del dimorfismo sexual del cerebro humano. [20] Y, por ejemplo, en agosto de 2002 la revista Nature publica un articulo en el que Svante Päabo y Wolfgang Enard muestran que una mutación ocurrida hace unos 200.000 años modifica la información del gen FOXP2 que queda implicado en las características mandibulares y faciales que permiten el habla en los humanos.Sintetizando los datos acerca del del proceso biológico de hominización se puede afirmar que proceso constituyente del genoma humano ha sido muy rico: reordenaciones cromosómicas, duplicaciones y recombinación horizontal de la información en mosaico (y posiblemente pequeños cambios en genes que controlan la estructura corporal) han permitido una especiación puntual (más que gradual y siguiendo el cambio del entorno) separando a los componentes del genero Homo de los Australopitecinos, y antes a estos de los otros Hominoideos. Los cambios en el DNA, en la información genética permiten la aparición de las características morfológicas y fisiológicas propias del hombre. Son los presupuestos biológicos, las condiciones precisas previas, pero no las causas de que el organismo resultante pueda ser un cuerpo humano: un organismo con la peculiaridad de ser biológicamente inespecializado. Constituido el genoma propio de la especie humana hace casi 2 millones de años, tiene lugar la historia de la Humanidad; que podemos llamar proceso de humanización de la especie; una larga historia de aislamientos, colonizaciones y extinciones, que hubiera llevado a cualquier otra especie a evolucionar convirtiéndose en especies diferentes. Pero no ha sido así. Los mecanismos evolutivos por cambio y selección natural, que conducen a un aislamiento reproductor, tienen muy poca “fuerza” en la especie humana. Al mismo tiempo, las peculiaridades de la generación y formas de vida han permitido y permiten la existencia de una amplia variabilidad genética y de rasgos morfológicos. La humanidad se ha mantenido como especie cerrada y constante, una sola raza, sin que barreras biológicas impidan a los seres humanos reconocerse. Y mientras tanto, cada hombre alcanza de manera progresiva una especificidad individual que se hace única, singular, e irrepetible. El proceso de humanización, un tiempo de “ajuste fino” de pequeñas variaciones genéticas que se traducen en una morfología adecuada a la posible plenitud de las facultades humanas, se puede dar por acabado hace unos 200.000 con el Homo sapiens. El cuerpo humano como todo cuerpo con vida es orgánico. Ahora bien, el cuerpo humano está abierto a más posibilidades, está más indeterminado o des-especializado que cualquier otro primate. Y sobre todo posee facultades, como el hablar, conocimiento objetivo (el intelecto) y la voluntad y capacidad de amar, no ligadas directamente a órgano y además abiertas a crecimiento, por hábitos. El cuerpo de cada ser humano(con su específica indeterminación biológica) debe necesariamente ser configurado por una información (genética y epigenética) que tenga un fuerte grado de indeterminación, que sea abierta, potenciada, elevada, reforzada. Es decir, que puesto que el genoma humano configura un viviente con operatividad propia y potenciada a otro nivel especifico, el hombre posee un acto de ser de otro orden: el ser personal. La diferencia radical entre los seres vivos y las personas se halla en el orden del ser. Sólo la apertura de sus facultades "abiertas" permiten explicar al hombre, y su génesis, sin reducirlo a la biología. La vida humana “recibida” de los progenitores tiene la autoconstitución propia de un organismo vivo perteneciente a la especie Homo sapiens y en tanto tal constituye un cuerpo que es indeterminado e inespecializado, cuyo dinamismo está abierto (especialmente en lo que se refiere al desarrollo cerebral) a la relación con el mundo y con los demás. 5.2. Emisión del mensaje genético de cada ser humanoEl viviente que resulta de la emisión del código genético de Homo sapiens es corporalidad abierta (no cerrada en su biología al marco del entorno o nicho ecológico), ni en su fisiología, ni en el modo de conocer, en el modo de relación, en el comportamiento o conducta de cada hombre. Y al mismo tiempo cada peculiar viviente abierto al mundo, a los demás, y abierto a sí mismo (intimidad) modula de tal manera su propia construcción orgánica, especialmente el cerebro. Pero no está atado de forma determinista a los automatismos ligados y emergentes del sistema biológico. Es decir el entorno en cuanto relación humana, las emociones y sentimientos, la afectividad, los hábitos, las decisiones, etc. de cada uno de los hombres contribuyen como otro modo de información y de procesar información en la constitución del propio órgano del cerebro. La génesis del hombre tiene un elemento nuevo: la relacionabilidad o apertura. Más aún, las relaciones interpersonales, y la misma conducta, determinan la construcción y la maduración del cerebro de cada sujeto, como muestran un buen número de estudios de neurociencias. Es bien conocido, por ejemplo, que no acaba de construirse un cerebro adecuado, no madura, si la vida no es vivida en relación personales. Y a su vez, la subjetividad (mente, psique), que emerge de la conformación cerebral de cada hombre, escapa en cada uno del automatismo biológico. ¿Cómo puede la epigénesis humana estar indeterminada como tal proceso biológico? Es claro que los fenómenos mentales emergen como operaciones de un viviente; son operaciones vitales. En cada ser vivo coexisten distintos tipos de propiedades y operaciones y de todas ellas el viviente es su sujeto. Es el sujeto de donde proceden, es el sujeto quien las causa y por tanto en él es necesario ir a buscar el origen de estos fenómenos. Pues bien, el viviente humano está más desprogramado que el animal. En efecto, la emisión del programa genético del hombre está indeterminado en tanto que está abierto a incorporar a la emisión del programa la información que procede de su relacionabilidad. Podríamos afirmar, en este sentido, que se guarda memoria genética de las relaciones interpersonales y de su propia conducta; la biografía deja huellas biológicas que son a su vez instrucciones de la emisión del programa en cuanto madura el órgano del cerebro permitiendo la emergencia de una operatividad “impregnada de humanidad”. O dicho de otro modo la información genética y epigenética está potenciada formalmente indeterminándole al fin. Tal indeterminación en la dinámica de la emisión del mensaje genético se determina solamente como vida biográfica, es decir, interactuando con el medio de modo inconsciente, pero irreversible al principio de su vida, y de modo consciente, responsable y en relación interpersonal o intramundana más tarde. Ambos modos de interactuar dejan huella en el sujeto tanto a nivel genético como de la configuración orgánica. Esa indeterminación, que da cuenta de la apertura personal no está contenida directamente en la información genética, pero es requerido por ella para ser completa y coherente la operatividad humana. Procede de la persona: es el ser personal, el quién el que añade libertad a la emisión del patrimonio genético heredado o recibido de los padres, y común a todos los hombres.Desde esta perspectiva no dualista, la indeterminación (libertad del sometimiento al vivir biológico, en orden a la especie) que capacita a cada hombre para marcarse sus fines, para decidir respecto de sí mismo, para decidirse, procede de la persona: ni puede emerger de un cierto y suficiente desarrollo y maduración, ni puede ser fruto de una animación retardada, ya que no es “otra alma”, sino potenciación del principio de vida transmitido por sus padres. La indeterminación de la emisión no depende del avanzar mismo de la emisión del mensaje genético con el transcurso de la vida, es originante, previo: se indetermina con la constitución misma del patrimonio genético de cada ser humano. O dicho de otro modo, la persona es el “quien”, no una propiedad. Son las manifestaciones de la persona los que para hacerse explícitas requieren un determinado y gradual nivel de desarrollo y maduración del hombre. Esto es, es inherente, no es información, sino que indetermina la información genética y epigenética del ser viviente humano. Lo “añadido”, se añade de tal modo que ordena la información a la libertad, es decir indetermina la emisión en cuanto al fin vivir. El mensaje genético (y sus amplificaciones) en vez de quedarse ordenado a la mera vida corporal, en función de la especie, se ordena hacia el fin propio personal: la vida humana de cada persona puede “liberarse” de las estrictamente determinaciones biológicas. Y de esta manera puede decirse que el alma humana espiritual no informa más que en el sentido de indeterminar el fin, de liberar del automatismo y no de configurar los elementos materiales. Por ello las tendencias o predisposiciones pueden de hecho ser cambiadas por el yo personal, porque el mensaje y la información de su emisión, ha sido en su mismo origen “elevado o reforzado” y así se determina, se decide respecto de sí mismo. Esto permite distinguir en el hombre, a su vez, dos dinamismos constituyentes distintos: el propio de su naturaleza biológica, que se rige por las leyes de la biología, y el propio de su libertad personal. El dinamismo constituyente del hombre -en cuanto vida como yo humano- indetermina el dinamismo constituyente de la vida en cuanto organismo biológico; de esta forma el ser humano se constituye en un viviente inespecializado, y liberado del automatismo propio de lo biológico. Este último dinamismo es el que hace de la vida una tarea abierta y por tanto una empresa moral. En su libertad radical es capaz de resolver con técnica lo que la “biología” le ha negado: potencia con hábitos la inteligencia, la capacidad creativa, hace cultural su forma de vivir. Y el cuerpo humano abierto, no cerrado en su biología, en su “pobreza” de especialización por indeterminación biológica, es presupuesto biológico para un ser libre.Lo específico humano es de cada uno de los hombres. Ese plus de ser del ser personal no emerge de la configuración de los materiales. Si esto no se admite, se tendrá que explicar cual es la propiedad biológica que explica la apertura libre, intelectual y amorosa de los seres humanos a otros seres; y por qué si estas propiedades biológicas son compartidas por otros animales y por el hombre, la vida del hombre es tarea (una generalizada definición de persona es precisamente “el ser cuyo ser consiste en tener que hacerse) y la de los animales le viene dada por al biología. En suma, qué sea persona humana no se reduce al código genético, por ello la Antropología no se reduce a la Biología. Por lo mismo, el origen de los primeros seres humanos, de la especie humana, como de cada uno de los hombres engendrados a lo largo de las generaciones está en ese plus de ser, libertad, que eleva a la condición personal al viviente que recibe la vida humana de padres humanos. Hasta aquí una respuesta desde el conocimiento de las ciencias positivas y de las ciencias humanas. Pero esa respuesta es incompleta en tanto en cuanto lo que la pregunta contiene no es sólo el origen de las especie y en especial de la humana, sino el origen de ese don añadido, libertad, que no sólo no emerge de nuestro cerebro sino nos hace capaces de ser dueños de nosotros mismos. No solo tenemos destino sino que cada uno se lo gana o se lo frustra. Pretender que la respuesta valida es el azar, que somos lo que el viento sopla, es empequeñecer la capacidad de conocer. Cruel destino por la presuntuosa exclusión del estudio interdisciplinar del conocimiento que aporta el mismo Hacedor del cosmos y el hombre. Es esa la última palabra que llena de luz todas las palabras. Notas: [1].- Cove D.J., Hope I.A. and Quatrano R.S. Polarity in Biological Systems, pag. 507-524, en Development. Genetics, Epigenetics and Enviromental regulation. Rosso et al. eds. Springer. N.Y., 1999 2].- Cfr. Wallace A. (2002) The emerging conceptual framework of evolutionary developmental biology. Nature 415, 757-764. [3].- Es de interés señalar que el origen de los primeros seres con vida presupone la presencia en un medio celular de moléculas informativas, posiblemente RNA con capacidad de replicarse y transmitir así el mensaje genético contenido en la secuencia de ribonuneótidos (Peretó J. Orígenes de la evolución biológica. Eudema. 1994; Eigen M. y col. Origen de la información genética. Investigación y Ciencia, junio de 1981, pag. 62. [4].- Landman O. E. Pero ¿existe la herencia lamarkiana?. Investigación y Ciencia, julio, 1993, pag. 95. [5].- Anxolabhre D., Kidwell, M.G. y Periquet, G. La historia de una invasión genética. Mundo Científico, 1991, nº 98, vol. 10, pag. 48; Mestres, F. y col. Genética evolutiva de la especie colonizadora Drosophila suboscura. Mundo científico, vol 13, nº 135, pag. 408. [6].- Cfr. entre otros: Grant, P.R. La selección natural y los pinzones de Darwin. Investigación y Ciencia, enero, 1991, pag. 60; Meléndez- Hevia, E. La evolución del metabolismo: hacia la simplicidad 1993. Eudema Biología, Madrid; Montero, F. Diseño de rutas metabólicas En: Orígenes de la vida. 1995. E. Complutense; Meléndez-Hevia, E. Evolución y optimización del metabolismo, en Orígenes de la vida". 1995, Ed. Complutense. pag. 159-161; Ledyard Stebbins y Francisco J. Ayala. La evolución del darwinismo. Investigación y Ciencia, septiembre 1985, pag. 42; Taylor, G.R. El gran misterio de la evolución 1983, Ed. Planeta, Barcelona, España. [7].- Eldredge N. Y Gould S.J. Puntuated equilibria: an alternative to phyletic gradualism. En : Models in Paleobiology TJM Schopf. San Francisco. 1972Gould S.J. Ontogeny and Phylogeny. Harvard Univ. Press, Cambrige, Masdachusetts, 1977; Devillers, C., Chaline, J. y Laurin, B. En defensa de una embriología. Mundo Científico, Vol 10, pág. 918-927, 1991; Wolpert, L. La formación de modelos en el desarrollo biológico. Investigación y Ciencia, abril de 1978, pag. 78. De Robertis, E. M. et al. Genes con homeobox y el plan corporal de los vertebrados. Investigación y Ciencia, 1990, pag. 14; McGinnis, W. Y, Kuziora, M. Arquitectos moleculares del diseño corporal. Investigación y Ciencia, abril de 1994, pag. 22; Chandebois, R. Le gène et la forme; ou la démythification de l´ADN. Ed. Espaces. 1988. [8].- Lurié D. y Wagensberg J. Termodinámica de la evolución biológica. Investigación y Ciencia. pag 102. 1979. [9].- Cf. J. Monod, El azar y la necesidad: Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna, Barcelona, Barral, 1971. [10].- Prigogine, I La Termodynamique de la vie. La Recherche. 1972, vol. 24, pag 547; Nicolis, G. y Prigogine, I. Self-organization in non-equilibrium system. Wiley Ed. 1977. [11].- Cfr. para mayor información “BIOFÍSICA. Procesos de autoorganización en Biología”. F. Montero y F. Morán. Ed EUDEMA. [12].- Cfr. J. Gleick. Caos, la creación de una ciencia. Ed. Seix Barral. Barcelona, 1988; Crutchfield, J. P. y col. Caos. Investigación y Ciencia. Febrero de 1987, pag 16. [13].- Cfr. McGinnis W. y Kuziora, M. Arquitectos moleculares del diseño corporal. Investigación y Ciencia, abril de 1994, pag. 22; Casares F. y Sánchez-Herrero E. El complejo bithorax de Drosophila melanogaster Investigación y Cencia, marzo de 1995, pag. 48; Warren, R.W. et al. (1994) Evolution of homeotic gene regulation and function in flies and butterflies. Nature, 372, 458; De Robertis E. M. et al. Genes con homeobox y el plan corporal de los vertebrados. Investigación y Ciencia, 1990, pag. 14; Wolpert L. La formación de modelos en el desarrollo biológico. Investigación y Ciencia, abril de 1978, pag. 78. [14].- Cfr. Llano A. Conducta humana y conducta animal. En: Deontología biológica. AA.VV. Universidad de Navarra; Scheller R.H. y Axel, R. Comportamiento genético de un comportamiento innato. Investigación y Ciencia, mayo 1984, pag. 34; Gould J.L. y Marker P. Aprendizaje instintivo. Investigación y Ciencia, marzo de 1987, pag.46. [15].- La idea de la relación de la información genética y epigenética y su base molecular en la modificación química por metilación de las citosinas en el DNA ha sido ampliamente tratado en una serie de artículos publicados en el número de 10 de agosto de 2001 (volumen 293) de la revista Science. [16].- Juan Luis Arsuaga, profesor e investigador de paleontología y ferviente darwinista y admirador de Monod por su filosofía acerca del azar acaba así su libro El enigma de la esfinge. Las causas, el curso y el propósito de la evolución (2001. Plaza Janes, Barcelona): “Y creo que toda la zozobra y la tortura de Darwin se resumen en las últimas palabras del libro de Monod El azar y la necesidad:‘ La antigua alianza ya está rota; el hombre sabe al fin que está sólo en la inmensidad indiferente del Universo donde ha emergido por azar. Igual que su destino su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger entre el reino y las tinieblas‘. Un Universo indiferente, sí, pero ya nunca más incomprensible desde que Darwin, sobre las tinieblas de la ignorancia, arrojara luz, mucha luz. El descubrimiento de la verdad nos hizo, al fin, libres”. [17].- Initial sequiencing and analysis of the human genome. Nature, 409, 860-921. [18].- Wolfgang E. Et al. (2002) Intra- and Interspecific variation in Primate gene expression patterns. Science 296, 340-343. [19].- Samonte R.V. and Eichler E.E (2002) Segmental duplications and the evolution of the primate genoma. Nat. Rev. Genet, 3, 65-72; Bailey J.A. et al. (2002) Human-specific duplication and mosaic transcripts: the recent paralogous structure of chromosome 22. Am. J. Hum. Genet 70, 93-100. [20].- Cfr. Mammalian Genome vol. 11, 2000, pag. 906-914.

La teoria: de la complejidad: es ajena a la cultura política?

La teoría de la complejidad: es ajena a la cultura política? Luisa Redondo Botella La cultura general de una sociedad dada está integrada por elementos provenientes de distintas esferas de la vida cotidiana del hombre medio, así como del sistema político imperante, de la organización económico social y también por conceptos ideológicos prevalecientes. Por otra parte, esta cultura general se halla integrada por culturas parciales correspondientes a distintas clases y grupos sociales, cuya suma no es el resultado total, sino su integración, lo que significa que los elementos específicos de cada cultura parcial influyen en la general pero no se hallan contenidos en ella como tales. Es en las culturas parciales donde se forman nuevos elementos y cambios que repercuten en la cultura general, ampliando su dominio e incluso transformándola. Como ejemplo de cambios operados en una cultura parcial, que es donde originariamente se producen, considero que es un buen exponente, la política. La cultura se nutre además de las transformaciones sociales e ideológicas, de los avances de la ciencia, la tecnología y las técnicas aplicadas: en concreto de la investigación. El investigador en la ciencia política, como todo investigador, comienza su labor por precisar la cualidad del objeto o fenómeno sometido a estudio. Pasa a considerar las manifestaciones externas de la cualidad considerada que se producen como relaciones endógenas y exógenas, que forman redes, así como en las formas espaciales que va tomando dicho suceso o fenómeno en el decursar de su movimiento. De aquí que el investigador recurra a la ciencia que se ocupa de las magnitudes de esas relaciones y del comportamiento de las mencionadas formas: la matemática. Conocido es que el nivel de desarrollo de la ciencia en general, y por lo tanto en la parte que afecta a estos estudios, sólo permitía modelar, o bien representar sucesos y fenómenos tomando solamente dos dimensiones, es decir actuar linealmente, lo que implica un reducionismo a veces enmascarador de la realidad y siempre esquematizándola, lo que conlleva a obtener información limitada. Esto que afecta a cualquier investigación es factible que se deje sentir más en las sociales por la complejidad que presentan sus realidades y, dentro de ello, las realidades políticas ocupan la primera línea. El avance de la ciencia y la tecnología ensanchó el horizonte investigativo y lo que antes era potencia teórica va transformándose en realidad. Ello se debe al desarrollo de la computación, la cual permite resolver sistemas de ecuaciones diferenciales con relativa facilidad, mediante algoritmos computacionales y plasmar gráficamente formas espaciales que eran desconocidas. Aquí se encuentra una' rama nueva del álgebra, la fractal. ¿Por qué sucede esto? Porque permite salir de la linealidad a la no linealidad, que es como se presentan los fenómenos en la naturaleza y en la sociedad, como la parte más avanzada de ella. Lo antes dicho podría considerarse como reduccionismo si no se añadiera el mérito que tienen los análisis dinámicos cualitativos de la naturaleza en su conjunto, realizados desde posiciones filosóficas. Hace ya tiempo que se pensaba que el comportamiento de la naturaleza no era lineal, pero, para modelarlo, no se disponía de los medios que brinda la teoría de la complejidad como conjunto de teorías del campo de la linealidad. Por otra parte, la ampliación, la extensión y la profundización del nivel del conocimiento científico no niega los niveles anteriores de este, sino que los reduce a casos concretos dentro de la generalidad. Así la linealidad lo es con respecto a la no linealidad, como la situación que responde al determinismo no deje de ser aquella en que la probabilidad es 1 ó 0. Hasta ahora, en la ciencia política sólo se daban pasos para formular su propia metódica, por lo tanto, tomaba experiencias de otras ciencias sociales para diseñar sus investigaciones. En los proyectos de metódica, es decir de aquellos pasos que el investigador debe conocer como propios de la ciencia política, se hacía ya referencia en algunas ocasiones a utilizar la teoría del caos, lo que equivale al reconocimiento de la no linealidad y más aún, a la presencia de situaciones imprevisibles debido a la casualidad de factores influyentes. A mi entender, la posibilidad de diseño de modelos no lineales de sucesos y fenómenos complejos viene a llenar el vacío metodológico que enfrenta la ciencia política. A esto se enfrentan quienes investigan en esta ciencia. Es evidente que en la medida que se avance por este camino, la cultura política logra niveles superiores. La teoría de la complejidad dejará sentir su impacto en la cultura de los pueblos a través de las distintas disciplinas científicas y tecnológicas. Luisa Redondo Botella. Doctora en Ciencias Sociales

octubre 25, 2005

Toni Negri y el nuevo revisionismo marxista

Toni Negri y el nuevo revisionismo marxista Carlos Hermida Los acontecimientos que se desarrollaron entre 1989 y 1991 -caída del muro de Berlín, desaparición de los regímenes socialistas en la Europa del Este y la desintegración de la URSS- marcaron el inicio de una nueva etapa histórica en la lucha entre la burguesía y el proletariado. Si las clases dominantes aprovecharon ese cataclismo político para proclamar el triunfo definitivo del capitalismo, la muerte del marxismo y el fin de la Historia, la izquierda se sumió en la perplejidad y el desconcierto, de los que aún no ha terminado de salir. Privados del referente histórico y político que era la Unión Soviética, los comunistas iniciaron una especie de travesía del desierto en la que hemos encontrado todo tipo de actitudes: arrepentimientos, giros políticos copernicanos, posiciones numantinas, reflexiones honestas, refundaciones de partidos y lecturas aparentemente novedosas de Marx. A este último aspecto nos vamos a referir. Con el pretexto de actualizar el pensamiento marxista y adecuarlo a las nuevas condiciones políticas, económicas y sociales del siglo XXI, algunos intelectuales lo que han llevado a cabo es una revisión del pensamiento de Marx, vaciándolo de contenido y tergiversándolo hasta eliminar prácticamente su esencia. En esta línea se sitúan las últimas aportaciones del pensador italiano TONI NEGRI, el que fuera dirigente de Autonomía Obrera y profesor en las universidades de Padua y París VIII. En colaboración con Michael Hardt publicó en el año 2000 Empire (hay traducción castellana: Imperio, Barcelona, Paídos, 2002), una obra compleja y ambiciosa que pretende reflexionar teóricamente sobre el mundo en que vivimos, denunciando las atrocidades de la globalización e intentando aportar soluciones para su superación. Las reflexiones aportadas en este texto han continuado en Guide. Cinque lezione su Imperio e dintorni, Milán, Rafaello Cortina Editore, 2003 (hay traducción castellana: Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Barcelona, Paidós, 2004). En estas Guías, Negri continúa desarrollando algunos de los conceptos fundamentales de su peculiar interpretación de la realidad. Uno de esos conceptos es la superación del imperialismo. Para Negri, el mundo ya no está gobernado por estados nacionales, sino por una estructura descentralizada y desterritorializada a la que denomina IMPERIO. La fase imperialista del desarrollo capitalista habría terminado y nos encontraríamos en un estadio completamente diferente: «Llamamos Imperio al no-lugar en el que se concentra la soberanía que garantiza el desarrollo capitalista sobre la escena global» [ 1 ]. De acuerdo con esta tesis, Estados Unidos no sería ya el centro de un poder imperialista; es más «Estados Unidos se verá muy pronto obligado a dejar de ser imperialista y a reconocerse en el Imperio» [ 2 ]. Si ya no existen potencias imperialistas claramente identificables, sino un Imperio que no se materializa físicamente dentro de unas fronteras nacionales, ¿contra quién dirigir la lucha? Por otra parte, la tesis de Negri se asemeja a la de un superimperialismo capaz de eliminar las contradicciones entre potencias imperialistas. Sin embargo, la realidad desmiente estos ejercicios intelectuales. Las bombas que han destruido Irak han sido arrojadas por aviones estadounidenses. Las multinacionales que saquean el llamado Tercer Mundo son en buena parte de capital estadounidense y son los dirigentes de Estados Unidos quienes defienden las denominadas guerras preventivas. El Imperio defendido por Negri es una abstracción, una idealización que no se corresponde con los hechos concretos. El imperialismo no ha desaparecido ni se ha transmutado en una serie de redes de poder no identificables. Por el contrario, el imperialismo sigue teniendo nombre y apellidos y los millones de manifestantes que en todo el mundo salieron a la calle para denunciar la guerra contra Irak supieron identificar al agresor. Los iraquíes torturados tampoco tienen dudas sobre la nacionalidad de los torturadores. Otro de los conceptos estrella de Negri es el de MULTITUD, entendido como un nuevo sujeto revolucionario diferente a la clase obrera y al pueblo. Mas aún que en el caso anterior, Negri se mueve aquí en unos parámetros filosóficos totalmente ajenos al marxismo. Para el ensayista italiano, «es necesario insistir aún sobre la diferencia que separa el concepto de multitud del concepto de pueblo. La multitud no puede ser aprehendida ni explicada en términos de contractualismo (entendiendo que el contractualismo, más que a una experiencia empírica, se remonta a la filosofía trascendental). En un sentido más general, la multitud desconfía de la representación, ya que es ella una multiplicidad inconmensurable. El pueblo se representa siempre como unidad, mientras que la multitud no es representable, puesto que es monstruosa vis à vis de los racionalismos teleológicos y trascendentales de la modernidad. En oposición al concepto de pueblo, el concepto de multitud es el de una multiplicidad singular, un universal concreto. El pueblo constituía un cuerpo social, no así la multitud, porque ella es la carne de la vida... Del mismo modo que la carne, la multitud es pura potencialidad, la fuerza no formada de la vida, un elemento del ser. Al igual que la carne, también la multitud se orienta hacia la plenitud de la vida. El monstruo revolucionario llamado multitud, aparecido al final de la modernidad, quiere transformar de manera continua nuestra carne en nuevas formas de vida» [ 3 ]. Aunque Negri se define como comunista, creemos que cualquier manual de sociología académica le sería más útil a un militante comunista para analizar la sociedad actual que este tipo de disquisiciones. En la MULTITUD las clases desaparecen, se desdibujan, sustituidas por una masa sin contornos definidos, en un conjunto amorfo en el que ya no se distingue el proletariado de la pequeña burguesía. Aunque Negri se esfuerza por atribuir un potencial revolucionario a este conjunto, es difícil imaginar cómo este conglomerado heterogéneo puede derrotar a un IMPERIO no localizable. En su intento de elaborar una teoría global, Negri no podía dejar de lado un elemento central de la teoría marxista: la ley del valor. Y también encontramos aquí afirmaciones sorprendentes, al defender que «en la sociedad posmoderna el valor del trabajo se presenta bajo forma biopolítica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el valor ya no se puede analizar ni medir en modo alguno según cantidades temporales simples ni tampoco según consecuencias complejas, porque vivir y producir llegan a ser lo mismo, y tiempo de vida y de producción se han hibridado cada vez más. Cuando decimos biopolítico, significa que la vida está completamente impregnada de condiciones y actos artificiales de reproducción, y significa asimismo que la naturaleza se ha socializado y se ha convertido en una máquina productiva. En este escenario el trabajo se recalifica por completo» [ 4 ]. El valor ya no iría asociado al tiempo de trabajo. Por el contrario, «la unidad temporal del trabajo como medida de base de la valoración es ahora un sinsentido... la ley del valor nos es restituida en el contexto ontológico no ya como medida sino como temporalidad coextensiva de la producción de la vida, como determinación en perspectiva del trabajo vivo...» [ 5 ]. Estas citas me parecen suficientemente orientativas de las ideas defendidas por Negri. Moviéndose siempre en un plano filosófico, y muy influido por Foucault, sus plateamientos carecen de verificación empírica. Si la ley del valor enunciada por Marx se considera superada, habría que demostrar a continuación cómo se forman los precios o si ha dejado de funcionar el intercambio desigual entre países del centro del sistema capitalista y países de la periferia. Bajo el ropaje del marxismo se esconde en realidad un desmantelamiento del pensamiento de Marx y de Lenin. No es la primera vez que ocurre. En períodos de reflujo del movimiento obrero y de desorientación de las fuerzas revolucionarias, aparecen intelectuales dispuestos a revisar y actualizar el marxismo. Fue el caso de Bernstein en la socialdemocracia alemana o de las doctrinas eurocomunistas en tiempos más recientes. El movimiento obrero tiene poderosos enemigos, dotados de formidables medios económicos, represivos y propagandísticos. Estos enemigos son reconocibles, pero hay otros no menos peligrosos. Son los que se encuentran en las propias filas. Menos visibles, pero letales. Notas [ 1 ] NEGRI, Antonio, Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Barcelona, Paidós, 2004, p. 45. [ 2 ] Ibídem, p. 30. [ 3 ] Ibídem, pp. 133 y 135. [ 4 ] Ibídem, p.210. [ 5 ] Ibídem, p. 201. Mesa de Refundación Comunista

Chomsky y "los dos sistemas de poder: el político y el económico"

Chomsky y "los dos sistemas de poder: el político y el económico" Malime Hace tiempo leyendo un trabajo de Noam Chomsky, nos llamó la atención la pregunta que se hacia a sí mismo y que no se podía contestar: ¿Cómo siendo EE.UU. un país democrático el gobierno puede hacer las cosas que hace?, (tal vez las palabras empleadas no se correspondan exactamente con el fondo de la pregunta) lo cual nos produjo cierta duda sobre la calidad política de ese intelectual de tanto prestigio internacional, sobre todo entre la izquierda. Pero es que al leer el artículo publicado en Rebelión aquella pregunta que se hacía es lógico que no se la puede responder cuando nos dice que hay que “distinguir dos sistemas de poder: el político y el económico”. El poder político: el divino que está por encima del bien y del mal, y el poder económico: el material. Marx no dividía al poder de la clase dominante que se ejerce a través del Estado capitalista, en político y económico, ni lo colgaba del cielo como hace Chomsky, consideraba que el Estado en tanto la sociedad se encuentra dividida en clases sociales antagónicas, históricamente, siempre ha respondido a las necesidades de la clase social en el poder. Ya sea el sistema de dominio esclavista, feudal o en la modernidad capitalista: republicano, monárquico o físicamente dictatorial. Todos esos estados con independencia de la forma que ejercen el poder son democracia para la clase dominante, pero de hecho es una dictadura para la clase sometida y explotada. No puede existir un poder político independiente, que no lo sea al servicio de clase que se beneficia económicamente, aunque el gobierno que lo administra se titule obrero o socialista, como actualmente tenemos en España. S eparar en su análisis el concepto forma del concepto base material que encierra el fondo del problema, no deja de ser una interpretación idealista, quedarse en ver el efecto pero sin comprender el fondo material que da lugar al efecto en sí. Muchos “demócratas” y “marxistas” han caído en la dialéctica idealista, que de hecho impusieron desde hace milenios los precursores del esclavismo explotador con su Estado esclavista, entonces la minoría económica y aristocrática era la que tenía los derechos democráticos, era la clase política, los esclavos ni sociedad civil eran considerados. Ahora los modernos esclavos tienen la condición de sociedad civil, las cadenas que les atan no son de hierro, los materiales que usan son mucho más sofisticados gracias al desarrollo tecnológico y mediático que atan las mentes y provocan mediante la subyugación ideológica la alienación, son explotados “democráticamente”. Por eso la moderna clase política de izquierdas, cae en el juego idealista de la democracia abstracta, no se preguntan ¿democracia para quien?, han sido integrados en el juego del sistema de dominio moderno, lo que les hace creer y decir estar viviendo en un estado de derecho democrático, porque la forma de dominio no es física dictatorial, como en la antigüedad, o cuando en la modernidad el poder económico adopta esa forma recurriendo al eslabón más represivo del estado, al ejercito, cuando el juego del formalismo democrático excepcionalmente amenaza los intereses de clase y entonces sí, todos los “demócratas” de diferente pelaje llaman dictadura a la intervención del ejercito, principal soporte del Estado. Muchos pretendidos marxistas, olvidaron o nunca entendieron por qué Lenin dijo que las principales características del Estado capitalista lo constituían la burocracia y el ejercito permanente. Chomsky y desgraciadamente muchos “marxistas”, consideran que el pueblo explotado en las llamadas sociedades capitalistas “democráticas” es libre, ya que la forma de dominio no es de represión física descarada, a la que formalmente denominan dictadura, sino son libres porque se les permite depositar su voto en la urna de cristal cada equis años para elegir el partido encargado de administrar en esa sociedad divida los intereses de la oligarquía capitalista, que no debemos olvidar en la actual fase de desarrollo capitalista es la que en el mundo nacional e internacional controla el poder. Cuando dice, “un sistema de imperios privados” al referirse al poder económico, coincide con otro posmoderno que tanta confusión ha generado en sectores de la izquierda y que tanta audiencia le dan los publicistas del sistema. Podríamos decir que Chomsky es el ideólogo que sentó las bases que dieron lugar a las tesis de Negri, con su obra Imperio, donde los Estados son algo del pasado, reemplazados por su famoso “Imperio” que sustituye a los estados y que es el que domina el mundo. Y ya se sabe si las tesis de Marx, Engels y Lenin, sobre el Estado ya no son válidas, la “multitud” sustituye al proletariado como sujeto histórico protagonista del proceso revolucionario. Habrá que pedir a Diógenes que con su lámpara nos busque a esa multitud, cómo se organiza y donde se esconde el Imperio para poder darle el correspondiente cachiporrazo y conseguir el cambio de sistema económico. Es curiosa la tremenda contradicción de su teoría de los poderes, la que se refleja en esta cita que reproducimos, sin que de ella saque ninguna enseñanza que le libere de su concepción idealista del poder: “El reciente estudio realizado por Richard Barnet acerca de las cuatrocientas personas que han decidido las políticas del sistema nacional de seguridad estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial demuestra que la mayor parte de ellas "procedían de despachos de altos ejecutivos o bufetes de abogados situados en quince edificios -que se hallaban a tan poca distancia los unos de los otros que esas personas hubieran podido llamarse a gritos- repartidos por Nueva York, Washington, Detroit, Chicago y Boston". Para a continuación desde su canto a la democracia en abstracto, decirnos: “En resumen, en el mejor de los casos el sistema democrático tiene un ámbito de actuación muy reducido en la democracia capitalista”. “...hay que subrayar constantemente que el capitalismo y la democracia, en último extremo, son incompatibles”. Resulta curioso, por llamarlo de alguna forma, como de hecho nos da datos objetivos sobre el poder que la clase dominante ejerce sobre el gobierno “democrático”, la parte más importante del llamado Estado de “derecho” para administrar sus intereses, así como los que la prensa “democrática” nos dice sobre las subvenciones que las grandes corporaciones monopolistas dan al partido republicano o al demócrata durante las campañas electorales en la confianza de que unos lo hagan mejor que otros, incluso como algunas corporaciones subvencionan a ambos partidos. Estos últimos desde la teoría de Chomsky habría que reconocer que son los más “demócráticos”, ya que más que a los partidos, subvencionan la “democracia”. Lo que debería explicarse es, qué posibilidad de juego político pueden jugar los explotados, sin pelas “democráticas”. Tampoco dice nada, que en el país líder de la democracia el 50% de la población manifieste su repulsa a ese falso juego, de la única forma que le es permitida, absteniéndose. Sr. Chomsky convénzase de una vez, la democracia no es un ente abstracto, o hay democracia proletaria o hay democracia burguesa, lo que no existe es una democracia por encima de explotados y explotadores. En el capitalismo la llamada sociedad civil delega su responsabilidad política en la llamada clase política, porque el sistema alienador ideológico del poder económico lo impone, es el que determina la forma de estado y de democracia para que como corderillos ante las urnas los explotados y los explotadores sustituyan a los políticos de turno cuando se queman en su falso quehacer político al no poder solucionar los problemas que históricamente padece la mayoría de la sociedad. El juego en la alternancia de gobierno, con su ahora el partido conservador y mañana el liberal, o viceversa cada cuatro años, a pesar de lo evidente y falso de esa alternancia, no saca de su ceguera a tantos ciegos visionarios creyentes de la democracia en abstracto, a lo sumo responsabilizan “democráticamente” al pueblo alienado de su error por votar a los partidos de derecha. Por el contrario en el Estado alternativo al burgués, el poder proletario por ser sociologicamente la clase mayoritaria no necesita de funcionarios políticos bien pagados y corrompibles, que se encarguen de administrar el poder, el mismo se autoorganiza como clase dominante desde los centros de producción y servicios cuando mediante la revolución manda al basurero de la historia a la vieja maquinaria estatal burguesa con su falsa división de poderes. Ese estado alternativo, en nada se asemeja al Estado “democrático” burgués. La democracia abstracta ya no lo es, tiene una base material en que asentarse, es la democracia de la mayoría sociológica, que tiene en sus manos los medios de producción, la base material que desde la propiedad privada del capitalismo dio lugar a las desigualdades y a la explotación del hombre por el hombre. La verdadera democracia participativa proletaria lo es porque su estructura organizativa parte de la propiedad colectiva de los medios de producción, porque puede realizarse permanentemente, porque legisla y ejecuta al mismo tiempo, permite que la actividad política se ejerza desde abajo, desde los lugares naturales donde el ser productivo liberado del trabajo enajenado capitalista, consciente del mundo en que vive puede opinar con conocimiento objetivo como mejor producir y repartir solidariamente. La Comuna que nos destacará Marx o el Soviet de Lenin no tienen nada que ver con la democracia capitalista, ni con la que se dio en el llamado Socialismo Real, aunque aquel inmenso territorio que fue el Vaticano de la fe socialista burocrática y del confusionismo marxista, se llamara soviético. Desgraciadamente como decíamos anteriormente, la falta de conocimiento sobre algo de tanta complejidad como es la comprensión científica de la función histórica del Estado, nos lleva a la falsa realidad, y que la incomprensión de esa parte fundamental del marxismo haga que este no valga en los intentos que hacen las diversas organizaciones con sus particulares “praxis”, ni nos permite comprender el por qué del mundo en que vivimos y disponer de la objetividad necesaria para poder cambiarlo. Es de lamentar que personas del prestigio intelectual de Chomsky, sean los que de hecho se convierten en los mejores colaboradores del sistema dada su capacidad para exponer sus confusas elucubraciones que impiden la verdadera crítica del capitalismo. “Chomsky, efectivamente puede ser considerado un disidente, pero el caso es que es un disidente dentro del sistema”. Dice Ilya Ioffe en su trabajo publicado en Rebelión.

Anton Pannekoek 6. la revolución de los trabajadores

6. La revolución de los trabajadores La revolución por la cual la clase trabajadora ganará el dominio y la libertad no es un solo evento de duración limitada. Es un proceso de organización, de autoeducación, en el cual los trabajadores desarrollan en forma gradual, a veces en ascenso progresivo y otras por pasos y saltos, la fuerza necesaria para vencer a la burguesía, destruir al capitalismo y construir su sistema de producción colectiva. Este proceso llenará una época de la historia de desconocida longitud, en cuyos inicios nos encontramos ahora. Aunque los detalles de su curso no pueden preverse, algunas de sus condiciones y circunstancias pueden ser tema actual de discusión. Esta lucha no es comparable con una guerra regular entre potencias antagónicas similares. ¡Las fuerzas de los trabajadores son como un ejército que se reúne durante la batalla! Deben crecer por obra de la lucha misma, no se las puede determinar de antemano, y sólo pueden plantearse y alcanzar metas parciales. Si observamos retrospectivamente ia historia, discernimos una serie de acciones que como intentos de toma del poder parecen constituir otros tantos fracasos: desde el Cartismo, pasando por 1848, por la Comuna de París, hasta llegar a las revoluciones en Rusia y Alemania en 1917-1918. Pero hay una línea de progreso; cada intento sucesivo muestra un estadio superior de conciencia y fuerza. Sin embargo, si observamos la historia del movimiento obrero, vemos que en la lucha continua de la clase trabajadora hay altibajos, relacionados en su mayor parte con cambios en lo que respecta a la prosperidad industrial. Cuando comenzó a surgir la industria, cada crisis produjo miseria y movimientos de rebelión. La Revolución de 1848 en el continente europeo fue consecuencia de una grave depresión comercial combinada con malas cosechas. La depresión industrial de 1867 produjo una resurrección de la acción política en Inglaterra. La larga crisis de la década de 1880, con sus dramáticas cifras de desempleo, provocó acciones masivas, el surgimiento de la socialdemocracia en el continente europeo y el nuevo sindicalismo en Inglaterra. Pero en los años intermedios de prosperidad industrial, como son los períodos de 1850-70 y de 1895-1914, desapareció todo este espíritu de rebelión. Cuando florece el capitalismo y extiende su dominio en febril actividad, cuando abunda el trabajo y la actividad sindical es capaz de hacer elevar los salarios, los trabajadores no piensan en introducir ningún cambio en el sistema social. La clase capitalista va aumentando su riqueza y poder y está llena de confianza en sí misma, prevalece sobre los trabajadores y logra imbuirlos de su espíritu de nacionalismo. Formalmente los trabajadores pueden atenerse a las viejas consignas revolucionarias, pero en su subconsciente están contentos con el capitalismo, su visión se ha limitado; por lo tanto, aunque su número aumente, su poder declina. Esto continúa hasta que una nueva crisis los encuentra desprevenidos y tiene que volver a estimularlos a la lucha. Así se plantea el problema de si la sociedad y la clase trabajadora estarán alguna vez maduras para la revolución, visto que el poder de lucha adquirido previamente se deteriora una y otra vez por el contentamiento que producen las sucesivas prosperidades. Para responder a esta pregunta es necesaajo examinar más detenidamente el desarrollo del capitalismo. La alternancia de depresión y prosperidad en la industria no es una simple oscilación de aquí para allá. Cada movimiento oscilatorio va acompañado por una expansión. Después de cada quebranto en una crisis, el capitalismo fue capaz de rehacerse de nuevo expandiendo su dominio, sus mercados, su masa de producción y el producto. Mientras el capitalismo pueda expandirse aún más por el mundo y aumentar su volumen, será capaz de dar empleo a la masa de la población. Y mientras pueda satisfacer la primera demanda de un sistema de producción, o sea procurar medios de vida a sus miembros, logrará mantenerse, porque la dura necesidad no obligará a los trabajadores a ponerle término. Si el capitalismo pudiera seguir prosperando en su estadio más elevado de extensión, la revolución sería imposible y también innecesaria, pues sólo habría entonces la esperanza de que un aumento gradual de la cultura general corrigiera sus deficiencias. Sin embargo, el capitalismo no es un sistema de producción normal o, en todo caso, estable. El capitalismo europeo, y luego el norteamericano, pudo aumentar la producción en forma tan continua y rápida porque estaba rodeado por un amplio mundo exterior no capitalista de producción en pequeña escala, fuente de materias primas y de mercados para sus productos. Se trataba de un estado de cosas artificial en el que había una separación entre un núcleo capitalista activo y un entorno dependiente y pasivo. Pero el núcleo se ha ido expandiendo cada vez más. La esencia de la economía capitalista es el crecimiento, la actividad, la expansión; toda pausa significa colapso y crisis. La razón consiste en que las ganancias se acumulan continuamente y forman nuevo capital, y éste busca invertirse para producir nuevas ganancias, de modo que la masa del capitalismo y la masa de los productos aumentan cada vez más rápidamente y se buscan febrilmente mercados. El capitalismo es entonces el gran poder revolucionador, que subvierte en todas partes las viejas condiciones de vida y va cambiando el aspecto de la tierra. Cada vez son más los millones de personas que salen de su producción doméstica aislada, autosuficiente, que se repitió durante largos siglos sin cambios notables, y entran en el remolino del comercio mundial. El capitalismo mismo, la explotación industrial, se introdujo en esas regiones, y pronto los clientes se volvieron competidores. En el siglo XIX de Inglaterra avanzó hacia Francia, Alemania, los Estados Unidos, Japón, y luego, en el siglo XX, invadió los grandes territorios asiáticos. Y primero como individuos en competencia, luego como Estados nacionales organizados, los capitalistas emprendieron la lucha por los mercados, las colonias y el poder mundial. Así se van incorporando al proceso y revolucionando dominios cada vez más amplios. Pero la tierra es un globo, de extensión limitada. El descubrimiento de su dimensión finita acompañó al surgimiento del capitalismo hace cuatro siglos, y la comprensión de su dimensión finita marca ahora el fin del capitalismo. La población a someter es limitada. Una vez incorporados a los confines del capitalismo los centenares de millones de seres humanos que pueblan las fértiles llanuras de China y la India, la tarea principal de éste está terminada. Luego no quedarán grandes masas humanas que puedan ser objeto de sumisión. Quedan, sí, vastas zonas desiertas que hay que incorporar a los dominios del cultivo humano. Pero su explotación requiere la colaboración consciente de la humanidad organizada; los duros métodos de rapiña del capitalismo -el saqueo de la tierra que destruyó la fertiliaad- no sirven de nada en este caso. Su expansión posterior queda entonces detenida. No en forma de un impedimento súbito, sino gradualmente, como una dificultad creciente de vender sus productos e invertir capital. El ritmo del desarrollo se relaja, la producción va disminuyendo, el desempleo se transforma en una enfermedad vergonzosa. Entonces la lucha mutua de los capitalistas por el dominio mundial se hace más encarnizada, con guerras mundiales en ciernes. De modo que difícilmente haya dudas de que cabe excluir una expansión ilimitada del capitalismo, que ofrezca posibilidades de vida duraderas para la población, debido al carácter económico mismo del sistema. Y de que llegará un tiempo en que el mal de la depresión, las calamidades del desempleo y los terrores de la guerra sean cada vez más fuertes. Entonces la clase trabajadora, aunque aún no se rebele, deberá despertar y luchar. Entonces los trabajadores deberán elegir entre sucumbir inertes o luchar con energía para conquistar la libertad. Entonces tendrán que asumir su tarea de crear un mundo mejor partiendo del caos del capitalismo en decadencia. ¿Lucharán? La historia humana es una serie incesante de luchas; y Clausewitz, el conocido teórico alemán de la guerra, afirmaba sobre la base de la historia que el hombre es, en su íntima naturaleza, un ser guerrero. Pero otros, tanto escépticos como esforzados revolucionarios, ante la timidez, la sumisión y la indiferencia de las masas, desesperan a menudo del futuro. De modo que tendremos que examinar un poco más profundamente las fuerzas y efectos psicológicos. El impulso dominante y más profundo del hombre, como de todo ser viviente, es el de conservación. Este lo obliga a defender su vida con todas sus fuerzas. El temor y la sumisión son también efecto de este instinto, pues ofrecen las mejores posibilidades de conservación frente a dueños poderosos. Entre las variadas disposiciones del hombre, las más adecuadas para preservar la vida en las circunstancias existentes serán las que prevalecerán y se desarrollarán. En la vida diaria del capitalismo es impráctico, e incluso peligroso, que un trabajador abrigue sentimientos de independencia y orgullo. Cuanto más los reprima y obedezca en silencio, tanto menos difícil le resultará encontrar trabajo y conservado. Las normas de conducta enseñadas por los servidores de la clase dominante estimulan esta disposición. Y sólo unos pocos espíritus independientes desafían estas tendencias y están dispuestos a enfrentar las dificultades consiguientes. Sin embargo, cuando en tiempos de crisis y peligro social toda esta sumisión, este buen comportamiento, no sirven para preservar la vida, cuando sólo puede ayudar la lucha, aquella actitud se cambia en su contraria y deja paso al espíritu de rebelión y a la valentía. Los osados dan el ejemplo y los tímidos descubren con sorpresa de qué hechos heroicos son capaces. En ellos despierta entonces la confianza en sí mismos y la gallardía, que se van desarrollando porque de ellas dependen sus posibilidades de vida y felicidad. Y en seguida, por instinto y por experiencia, comprenden que sólo la colaboración y la unión pueden robustecerlos como masa. Cuando perciben luego qué fuerzas existen en ellos mismos y en sus camaradas, cuando sienten la felicidad de este despertar del orgullo nacido del respeto de sí y de la abnegada hermandad, cuando anticipan un futuro de victoria, cuando ven surgir ante ellos la imagen de la nueva sociedad que ayudan a construir, el entusiasmo y el ardor van adquiriendo un poder irresistible. Entonces la clase trabajadora comienza a estar madura para la revolución. Entonces el capitalismo comienza a estar maduro para el colapso. Así va surgiendo una nueva humanidad. Los historiadores se asombran a menudo cuando observan los rápidos cambios que ocurren en el carácter del pueblo en época de revolución. Parece un milagro; pero simplemente muestra cuántos rasgos residen ocultos en las masas, reprimidos porque no servían de nada. Ahora irrumpen, quizá sólo temporariamente; pero si su utilidad es duradera, se transforman en cualidades dominantes que transforman al hombre adaptándolo a las nuevas circunstancias y requerimientos. El cambio primero y más notable es el desarrollo del sentimiento comunitario. Sus primeras manifestaciones surgieron con el capitalismo mismo, a partir del trabajo común y la lucha común. Se robusteció con la conciencia y la experiencia de que el trabajador aislado es impotente contra el capital, y de que sólo una firme solidaridad puede asegurar condiciones tolerables de vida. Cuando la lucha se vuelve más amplia y encarnizada, y se agranda para transformarse en una lucha por el dominio sobre el trabajo y la sociedad, del cual dependen la vida y el futuro, la solidaridad debe transformarse en una unidad indisoluble que lo abarque todo. El nuevo sentimiento comunitario, al extenderse sobre toda la clase trabajadora, suprime el viejo egoísmo del mundo capitalista. Esto no es totalmente nuevo. En los tiempos primigenios, en la tribu con sus formas simples y en su mayoría comunistas de trabajo, predominaba el sentimiento comunitario. El hombre estaba completamente ligado a la tribu; separado de ella no era nada. En todas sus acciones el individuo se sentía como nada en comparación con el bienestar y el honor de la comunidad. El hombre primitivo, que formaba una unidad inextricable con la tribu, aún no había llegado a desarrollarse para constituir una personalidad. Cuando luego los hombres se separaron y se transformaron en productores independientes en pequeña escala, se esfumó el sentimiento comunitario y dej6 su lugar al individualismo, que hace de la propia persona el centro de todos los intereses y sentimientos. En los muchos siglos de súrgimiento de la clase media, de producción de bienes y de capitalismo, el sentimiento de personalidad individual despertó y se fue transformando cada vez más acentuadamente en un nuevo carácter. Se trata de una adquisici6n que ya no puede perderse. Sin duda, también en esta época el hombre era un ser social, dominado por la sociedad, y en los momentos críticos de revolución y guerra se imponía temporariamente el sentimiento comunitario como un deber moral inusitado. Pero en la vida ordinaria quedaba reprimido bajo la orgullosa fantasía de la independencia personal. Lo que ahora se está desarrollando en la clase trabajadora no es un cambio a la inversa, como tampoco las condiciones de vida son un retorno a formas pretéritas. Es la fusión del individualismo y el sentimiento comunitario para formar una unidad superior. Es la subordinación consciente de todas las fuerzas personales al servicio de la comunidad. En su manejo de las poderosas fuerzas productivas los trabajadores, como dueños más poderosos de éstas, desarrollan su personalidad para alcanzar un estadio aún más alto. La conciencia de su íntima conexión con la sociedad une al sentimiento de personalidad con el todopoderoso sentimiento social, para constituir una nueva aprehensión vital basada en la comprensión de que la sociedad es la fuente de todo el ser del hombre. El sentimiento comunitario es desde el comienzo la fuerza principal que hace progresar la revolución. Este progreso es el desarrollo de la solidaridad, de la vinculación mutua, de la unidad de los trabajadores. Su organización, su nuevo y creciente poder, es un nuevo carácter adquirido mediante la lucha, es un cambio en su ser íntimo, es una nueva moralidad. Lo que los tratadistas de temas militares pueden decir acerca de la guerra ordinaria, es decir, que las fuerzas morales desempeñan en ella un papel predominante, es aún más cierto en el caso de la guerra de clases. En esta guerra están en juego cuestiones de mayor categoría. Las guerras fueron siempre contiendas entre potencias similares en competencia, y la estructura más profunda de la sociedad siguió siendo la misma, ganara uno u otro bando. Las contiendas de clases son luchas por nuevos principios y la victoria de la clase en surgimiento transfiere a la sociedad a un estadio superior de desarrollo. Por ende, en comparación con la guerra real, las fuerzas morales son de un tipo superior: la colaboración abnegada y voluntaria en lugar de la obediencia ciega, la fe en los ideales en lugar de la fidelidad a los comandantes, el amor por los compañeros de clase, por Ía humanidad, en lugar del patriotismo. Su práctica esencial no es la violencia armada, el asesinato, sino el mantenerse firmes, el soportar, perseverar, persuadir, organizar; su propósito no consiste en aplastar cráneos sino en abrir cerebros. Con seguridad, la acción armada desempeñará también un papel en la lucha de las clases; la violencia armada de los señores no podrá vencerse a la manera tolstoiana, mediante el sufrimiento paciente. Hay que derrotada por la fuerza, pero por una fuerza animada por una profunda convicción moral. Ha habido guerras que tuvieron algo de este carácter. Tales guerras fueron un tipo de revolución o formaron parte de revoluciones, en la lucha por la libertad de la clase media. Cuando la burguesía naciente luchó por el predominio contra los poderes feudales internos y externos de la monarquía y los terratenientes -como ocurrió en Grecia en la antigüedad, en Italia y Flandes en la Edad Media, en Holanda, Inglaterra y Francia en siglos posteriores-, el idealismo y el entusiasmo, nacidos de profundos sentimientos de las necesidades de clase, produjeron grandes hechos de heroísmo y autosacrificio. Estos episodios, tales como los que en tiempos modernos encontramos en la Revolución Francesa, o en la liberación de Italia por los partidarios de Garibaldi, cuentan entre las páginas más hermosas de la historia humana. Los historiadores los glorificaron y los poetas los cantaron como épocas de grandeza, idas para siempre, porque la secuela de la liberación, la práctica de la nueva sociedad, el dominio del capital, el contraste entre el lujo desvergonzado y la pobreza miserable, la avaricia y codicia de los comerciantes, la caza de empleos de los funcionarios, todo este espectáculo de bajo egoísmo cayó como un frío desaliento sobre la siguiente generación. En las revoluciones de la clase media el egoísmo y la ambición de las personalidades fuertes desempeñan un importante rol; por regla general, se sacrifica a los idealistas y los personajes deleznables llegan a la riqueza y al poder. En la burguesía todo el mundo debe tratar de elevarse pisoteando a los otros. Las virtudes del sentimiento comunitario eran una necesidad sólo temporaria, para conquistar el dominio para su clase; una vez alcanzado este fin, dejan paso a la despiadada lucha competitiva de todos contra todos. Tenemos aquí la diferencia fundamental entre las anteriores revoluciones de la clase media y la revolución de los obreros que ahora se aproxima. Para los trabajadores el fuerte sentimiento comunitario que nace de su lucha por el poder y la libertad es, al mismo tiempo, la base de su nueva sociedad. Las virtudes de la solidaridad y la abnegación, el impulso hacia la acción común en firme unidad, generados en la lucha social, son los fundamentos del nuevo sistema económico de trabajo común y se perpetuarán e intensificarán mediante su práctica. La lucha configurará a la nueva humanidad, necesitada del nuevo sistema de trabajo. El fuerte individualismo del hombre encontrará una manera mejor de afirmarse que en el anhelo de poder personal sobre otros. Al aplicar su plena fuerza a la liberación de la clase, se desplegará más plenamente y en forma más noble que en la prosecución de fines personales. El sentimiento comunitario y la organización no bastan para derrotar al capitalismo. El dominio espiritual de la burguesía, al mantener sometida a la clase trabajadora, tiene la misma importancia que su poder físico. La ignorancia es un impedimento para la libertad. Los viejos pensamientos y tradiciones presionan fuertemente los cerebros, aunque éstos estén ya tocados por las nuevas ideas. Entonces los fines se ven en su forma más limitada, se aceptan consignas rimbombantes sin ningún espíritu crítico, la ilusión de un éxito fácil y las medidas tibias y las falsas promesas orientan hacia un camino errado. Así queda en evidencia la importancia que tiene para los trabajadores el poder intelectual. El conocimiento y la perspicacia constituyen un factor esencial en el surgimiento de la clase obrera. La revolución de los trabajadores no será el resultado del poder físico bruto, sino una victoria de la mente. Será producto del poder masivo de los trabajadores, sin duda, pero este poder es ante todo espiritual. Los trabajadores no triunfarán porque tengan puños fuertes; los puños son dirigidos fácilmente por los cerebros astutos de otros, incluso contra la propia causa. Tampoco ganarán porque sean la mayoría. Las mayorías ignorantes y desorganizadas se mantuvieron regularmente sometidas, impotentes, por obra de minorías bien instruidas y organizadas. La mayoría sólo triunfará porque robustas fuerzas morales e intelectuales la hacen surgir por encima del poder de sus señores. Las revoluciones en la historia tuvieron éxito porque nuevas fuerzas espirituales habían despertado en las masas. La fuerza física bruta y estúpida no puede hacer nada sino destruir. Las revoluciones, sin embargo, son las épocas constructivas en la evolución de la humanidad. Y más que cualquier otra anterior, la revolución que hará a los trabajadores dueños del mundo requiere las más elevadas cualidades morales e intelectuales. ¿Pueden responder los trabajadores a estos requerimientos? ¿Cómo pueden adquirir el conocimiento necesario? No en las escuelas, donde se empapa a los niños de todas las ideas falsas acerca de la sociedad que la clase dominante desea que tengan. No en los diarios, en manos de los capitalistas que los poseen y dirigen, o de grupos que están tratando de alcanzar el liderazgo. No por la prédica desde el púlpito, escuela de servilismo donde son extremadamente raros los hombres como John Ball (1). No por la radio, donde -a diferencia de las discusiones públicas de épocas anteriores, que fueron para los ciudadanos un poderoso medio de formar su mente en los asuntos públicos- las asignaciones unilaterales de los espacios tienden a embrutecer a los oyentes pasivos, y con su incesante y agresivo ruido no permiten pensar con calma. No a través del cine que -a diferencia del teatro, que fue en los primeros días para la clase burguesa en ascenso un medio de instrucción y a veces incluso de lucha- sólo apela a la impresión visual, nunca al pensamiento o a la inteligencia. Todos éstos son poderosos instrumentos de la clase dominante para mantener espiritualmente esclavizada a la clase obrera. Con instintiva astucia y consciente deliberación se los usa para ese propósito. Y las masas trabajadoras se someten sin sospecharlo a su influencia. Se dejan engañar por artificiosas palabras y apariencias externas. Aun quienes conocen su clase y la lucha dejan los asuntos a los líderes y hombres de Estado, y los aplauden cuando éstos pronuncian las viejas y queridas palabras de la tradición. Las masas pasan su tiempo libre persiguiendo pueriles placeres, sin darse cuenta de los grandes problemas sociales de los que depende su existencia y la de sus hijos. Parece un problema insoluble el de cómo llegará alguna vez a producirse y triunfar una revolución de trabajadores, cuando a raíz de la sagacidad de los gobernantes y de la indiferencia de los gobernados siguen ausentes las condiciones espirituales que la posibilitarán. Pero las fuerzas del capitalismo están trabajando en las profundidades de la sociedad, agitando las viejas condiciones y empujando a la gente adelante, aun contra su voluntad. Sus efectos incitadores son reprimidos mientras es posible, para salvar las viejas posibilidades de seguir viviendo, y almacenados en el subconsciente sólo intensifican las tensiones íntimas, hasta que al final, en la crisis, en el punto más alto de necesidad irrumpen y se traducen en acción, en rebelión. La acción no es el resultado de una intención deliberada, sino que se produce como un hecho espontáneo, irresistiblemente. En tal acción espontánea el hombre se revela a sí mismo de qué es capaz, y queda sorprendido. Y puesto que la acción es siempre acción colectiva, le revela a cada uno que las fuerzas que oscuramente siente en sí están presentes en todos. El descubrimiento de las sólidas fuerzas de la clase unida en una voluntad común suscita confianza y coraje, y esos sentimientos estimulan y arrastran a masas cada vez más amplias. Las acciones irrumpen espontáneamente, impuestas por el capitalismo a los trabajadores que no desearían realizadas. No son tanto resultado como punto de partida del desarrollo espiritual de éstos. Una vez que los trabajadores emprenden la lucha deben seguir atacando y defendiéndose, empleando todas sus fuerzas al máximo. Se borra entonces la indiferencia, que era sólo una forma de resistencia ante requerimientos que se sentían incapaces de satisfacer. Comienza un período de intenso esfuerzo mental. Al enfrentarse a las poderosas fuerzas del capitalismo, los trabajadores ven que sólo mediante sus máximos esfuerzos, desarrollando todas sus potencias, pueden tener esperanza de triunfar. Lo que en toda lucha aparece en sus primeros rastros se despliega entonces ampliamente; despiertan y se ponen en movimiento todas las fuerzas ocultas en las masas. Este es el trabajo creador de la revolución. La necesidad de una firme unidad se graba en su conciencia, a cada momento sienten la necesidad del conocimiento. Cualquier clase de ignorancia, de ilusión acerca del carácter y fuerza del enemigo, de debilidad en la resistencia a las artimañas de éste, de incapacidad de refutar sus argumentos y calumnias, se castiga con el fracaso y la derrota. El deseo activo, mediante fuertes impulsos nacidos de dentro, incita entonces a los trabajadores a utilizar su cerebro. Las nuevas esperanzas, las nuevas visiones del futuro inspiran la mente, la transforman en un poder viviente que no rehúye ningún sufrimiento si se trata de buscar la verdad, de adquirir conocimiento. ¿Dónde encontrarán los trabajadores el conocimiento que necesitan? Las fuentes abundan; ya existe una amplia literatura científica de libros y folletos que explican los hechos y las teorías básicas de la sociedad y el trabajo, y les seguirán otros más. Pero esos libros muestran la máxima diversidad de opinión con respecto a lo que hay que hacer, y los trabajadores mismos tienen que elegir y distinguir lo que es verdadero y correcto. Deben usar su propio cerebro en laborioso pensamiento e intentar el debate, pues enfrentan nuevos problemas, una vez más, para los cuales los viejos libros no pueden dar ninguna solución. Esos libros sólo pueden proporcionar un conocimiento general acerca de la sociedad y el capital, presentar principios y teorías que abarcan la experiencia anterior. Aplicarlos a situaciones siempre nuevas es nuestra tarea. La penetración mental que se requiere no puede obtenerse en forma de instrucción de una masa ignorante por maestros instruidos, poseedores de la ciencia, como si se tratara de instilar conocimiento en alumnos pasivos. Sólo se la puede adquirir mediante la autoeducación, con una actividad propia, esforzada, que tensiona el cerebro en un denodado deseo de entender el mundo. Sería muy fácil si la clase trabajadora sólo tuviera que aceptar la verdad establecida de quienes la conocen. Pero la verdad que los trabajadores necesitan no existe en ninguna parte del mundo fuera de ellos; deben construirla dentro de sí mismos. Por ende, lo que de esto resutta no pretende ser la verdad final establecida que hay que aprender de memoria. Es un sistema de ideas conquistado mediante una atenta experienda de la sociedad y del movimiento obrero, formulado para inducir a otros a meditar y discutir los problemas del trabajo y de su organización. Hay centenares de pensadores que abren nuevos puntos de vista, hay millares de trabajadores inteligentes que, una vez que presten atenci6n a ellos, serán capaces, basados en su íntimo conocimiento, de concebir mejor y más detalladamente la organización de su lucha y la de su trabajo. Lo que aquí se dice puede ser la chispa que encienda el fuego en su mente. Hay grupos y partidos que pretenden estar en exclusiva posesión de la verdad, que tratan de conquistar a los trabajadores mediante su propaganda con exclusión de las demás opiniones. Por medio de la coacción moral y, cuando pueden, física, tratan de imponer sus puntos de vista a las masas. Debe estár claro que la enseñanza unilateral de un solo sistema de doctrinas sólo puede servir, y en verdad sólo sirve, para criar seguidores obedientes, y por lo tanto para defender la vieja dominación o preparar la nueva. La autoliberaci6n de las masas trabajadoras implica pensamiento autónomo, conocimiento aut6nomo, reconocimiento de la verdad y el error mediante el propio esfuerzo mental. Ejercitar el cerebro es mucho más difícil y fatigoso que ejercitar los músculos. Pero hay que hacerla, porque el cerebro rige a los músculos; si no lo hace el cerebro de uno, lo harán los de otros. Por lo tanto, una ilimitada libertad de discusión, de expresión de las opiniones, es el aire vital de la lucha de los trabajadores. Hace más de un siglo que contra un gobierno desp6tico Shelley, el más grande poeta de Inglaterra en el siglo XIX, el amigo del pobre sin amigos, reivindicó para todos el derecho de libre expresión de sus opiniones. Un hombre tiene derecho a la libertad sin restricciones para la discusión. Un hombre tiene no sólo derecho a expresar sus pensamientos, sino que es su deber hacerlo ..., ningún acto de legislación puede destruir ese derecho. ShelIey procedía de una filosofía que proclamaba los derechos naturales del hombre. En nuestro caso, proclamamos la libertad de expresión y de prensa porque es necesaria para la liberación de la clase obrera. Restringir la libertad de discusión equivale a impedir que los trabajadores adquieran el conocimiento que necesitan. Todo viejo despotismo, toda dictadura contemporánea comenzó persiguiendo o prohibiendo la libertad de prensa. Toda restricción de esta libertad es el primer paso para poner a los trabajadores bajo el dominio de alguna clase de señores, ¿No es necesario entonces que las masas estén protegidas contra las falsedades, las representaciones erróneas, la seductora propaganda de sus enemigos? Así como en la educación el mantener cuidadosamente apartadas las influencias malignas no sirve para desarrollar la facultad de resistirla y vencerlas, tampoco se puede educar a la clase obrera para la libertad mediante la tutela espiritual. Cuando los enemigos se presentan bajo el disfraz de amigos, y en la diversidad de opiniones cada sector se inclina a considerar a los otros como un peligro para la clase, ¿quién decidirá? Los trabajadores, por cierto; deben luchar para abrirse camino también en este dominio. Pero los trabajadores de hoy podrían, con honesta convicción, condenar como dañinas opiniones que luego resultarán ser la base del nuevo progreso. Sólo permaneciendo abierta a todas las ideas que el surgimiento de un nuevo mundo genera en la mente de los hombres, probándolas y seleccionándolas, juzgándolas y aplicándolas con su propia capacidad mental, podrá la clase trabajadora obtener la superioridad espiritual necesaria para suprimir el poder del capitalismo y erigir la nueva sociedad. Toda revolución en la historia fue una época de la más ferviente actividad espiritual. Por centenares y millares los folletos y periódicos políticos aparecieron como agentes de una intensa autoeducación de las masas. En la revolución proletaria que se avecina no ocurirrá de otra manera. Es una ilusión pensar que, una vez despiertas de la sumisión, las masas serán dirigidas por un solo modo de ver común y claro y recorrerán su camino sin vacilaciones, en unanimidad de opinión. La historia muestra que en tal despertar brota en el hombre una abundancia de nuevos pensamientos de máxima diversidad, expresión del nuevo mundo, como una errante búsqueda de la humanidad en el terreno de posibilidades recién abierto, como floreciente riqueza de vida espiritual. Sólo en la lucha mutua de todas estas ideas cristalizarán los principios rectores que son esenciales para las nuevas tareas. Los primeros grandes éxitos, resultado de la acción espontánea y unida, al destruir los impedimentos previos, no hacen sino abrir de golpe las puertas de la prisión; los trabajadores, mediante su propio esfuerzo, deben descubrir luego la nueva orientación hacia un mayor progreso. Esto significa que estos grandes tiempos estarán llenos del ruido de las luchas partidarias. Quienes tienen las mismas ideas formarán grupos para discutirlas entre ellos y propagarlas para ilustración de sus camaradas. Tales grupos de opinión común pueden llamarse partidos, aunque su carácter será enteramente distinto del de los partidos políticos del mundo anterior. Bajo el parlamentarismo estos partidos eran los órganos de intereses de clase diferentes y opuestos. En el movimiento de la clase obrera fueron organizaciones que asumieron el liderazgo de la clase, actuaron como sus portavoces y representantes y aspiraron a la guía y el dominio. Ahora su función será sólo de lucha espiritual. La clase trabajadora no tiene aplicación alguna que darles en su acción práctica. Ella ha creado sus nuevos órganos de acción, los consejos. En la organización de fábrica, en la organización basada en los consejos, son todos los trabajadores los que actúan, los que dicen lo que hay que hacer. En las asambleas de fábrica y en los consejos se exponen y defienden opiniones diferentes y opuestas, y de la contienda entre éstas debe proceder la decisión y la acción unánime. La unidad de propósito sólo puede lograrse mediante la contienda espiritual entre puntos de vista disidentes. La función importante de los partidos consiste entonces en organizar la opinión, dar forma concisa a las nuevas iaeas que van surgiendo mediante su discusión mutua, esclarecerlas, exhibir los argumentos en una forma comprensible y, mediante su propaganda, llevarlos a conocimiento de todos. Sólo de esta manera los trabajadores en sus asambleas y consejos podrán juzgar su verdad, sus méritos, su practicabilidad en cada situación, y tomar la decisión sobre la base de una comprensión clara. Así las fuerzas espirituales de las nuevas ideas que brotan al acaso en todas las cabezas, se organizarán y configurarán de modo de ser utilizables como instrumentos de la clase. Esta es la gran tarea de la contienda partidaria en la lucha de los trabajadores por la libertad, mucho más noble que el empeño de los viejos partidos, de conquistar el dominio para sí mismos. La transición de la supremacía de una clase a otra, que como en todas las revoluciones anteriores es la esencia de la revolución de los trabajadores, no depende de las oportunidades al azar de acontecimientos accidentales. Aunque sus detalles, sus altibajos, dependan del albur de diversas condiciones y acontecimientos que no podemos prever, con visión panorámica se observa un curso decididamente progresivo, que puede ser objeto de consideración por anticipado. Se trata del aumento de poder social de la clase en surgimiento y de la pérdida de poder social de la clase que va declinando. Los cambios rápidos y visibles en lo que respecta al poder constituyen el carácter esencial de las revoluciones sociales. De modo que tenemos que considerar un poco más detenidamente los elementos, los factores que constituyen el poder de cada una de las clases que contienden entre sí. El poder de la clase capitalista consiste ante todo en la posesión del capital. Es dueña de todas las fábricas, las máquinas, las minas, dueña de todo el aparato productivo de la sociedad, de modo que la sociedad depende de esa clase para trabajar y vivir. Con su poder monetario puede comprar no sólo servidores para su atención personal; cuando está amenazada puede comprar un número ilimitado de jóvenes vigorosos que defiendan su dominio, organizarIos en grupos de combate bien armados y darles una posición social. Puede comprar, asegurándoles posiciones destacadas y buenos salarios, artistas, escritores e intelectuales, no sólo para entretener y servir a los señores, sino también para alabarIos y glorificar su dominio, y para defender, con la astucia y la erudición, su dominio contra las críticas. Sin embargo, el poder espiritual de la clase capitalista tiene raíces más profundas que el intelecto que ella puede comprar. La clase media, de la cual surgieron los capitalistas como su capa superior, fue siempre una clase ilustrada, confiada en sí misma por su amplia concepción del mundo, basada, tanto en lo referente a sí como a su trabajo y al sistema de producción, en la cultura y el conocimiento. Sus principios de propiedad y responsabilidad personal, de progreso por el propio esfuerzo y energía individual, están difundidos por toda la sociedad. Estas ideas los trabajadores las han traído consigo, de su origen a partir de los estratos empobrecidos de la clase media; y se ponen en funcionamiento todos los medios espirituales y físicos disponibles para preservar e intensificar las ideas de la clase media en las masas. Así, la dominación de la clase capitalista está firmemente enraizada en el pensamiento y el sentimiento de la mayoría dominada. Sin embargo, el más sólido factor de poder de la clase capitalista es su organización política, el poder estatal. Sólo mediante una firme organización puede una minoría gobernar a una mayoría. La unidad y continuidad de plan y voluntad en el gobierno central, la disciplina de la burocracia de funcionarios que se difunde por la sociedad como el sistema nervioso recorre el cuerpo, y está animada y dirigida por un espíritu común, la disposición, además, en caso necesario, de una fuerza armada, aseguran su incuestionado dominio sobre la población. Tal como la solidez de una fortaleza consolida las fuerzas físicas de una guarnición y les confiere poder indomable sobre un país, así también el poder estatal consolida las fuerzas físicas y espirituales de la clase gobernante y les confiere una inexpugnable solidez. El respeto que los ciudadanos sienten hacia las autoridades, por un sentimiento de necesidad, por costumbre y educación, aseguran regularmente el funcionamiento sin tropiezos del aparato. Y aunque el descontento haga rebelar a la gente, ¿qué puede hacer ésta, inerme y desorganizada, centra las fuerzas armadas del gobierno, firmemente organizadas y disciplinadas? Con el desarrollo del capitalismo, cuando el poder de una clase media numerosa se concentró cada vez más en un pequeño número de grandes capitalistas, el Estado también concentró su poder y con el aumento de sus funciones adquirió un dominio cada vez mayor sobre la sociedad. ¿Qué tiene la clase trabajadora para oponer a estos fonnidables factores de poder? La clase trabajadora constituye cada vez más la mayoría, y en los países más avanzados la gran mayoría de la población, concentrada, en este caso, en enormes empresas industriales. No legal sino realmente tiene en sus manos las máquinas, el aparato productivo de la sociedad. Los capitalistas son los propietarios y dueños, sin duda, pero no pueden hacer más que mandar. Si la clase trabajadora no atiende a sus órdenes, ellos no pueden hacer funcionar las máquinas. Los trabajadores sí pueden. Los trabajadores son los dueños directos y reales de las máquinas; como quiera que actúen, por obediencia o por propia voluntad, pueden hacerlas funcionar y detenerlas. La suya es la función económica más importante: su trabajo sostiene a la sociedad. Este poder económico es un poder dormido mientras los trabajadores están atrapados en el pensamiento de la clase media. Se transforma en poder real mediante la conciencia de clase. Por la práctica de la vida y el trabajo los obreros descubren que son una clase especial, explotada por el capital, que tienen que luchar para liberarse de la explotación. Su lucha los obliga a comprender la estructura del sistema económico, a adquirir conocimiento de la sociedad. Pese a toda la propaganda en contrario, este nuevo conocimiento disipa las ideas de clase media heredadas porque se basa en la verdad de la realidad cotidiana experimentada, mientras que las viejas ideas expresan las realidades pasadas de un mundo pretérito. El poder económico y espiritual se vuelve activo mediante la organización. Liga a todas las diferentes voluntades en una unidad de propósitos y combina las fuerzas individuales en una poderosa unidad de acción. Sus formas exteriores pueden diferir y cambiar según las circunstancias, pero su esencia es su nuevo carácter moral, la solidaridad, el fuerte sentimiento comunitario, la abnegación y el espíritu de sacrificio, la disciplina que uno mismo se impone. La organización es el principio vital de la clase trabajadora, la condición de la liberación. Una minoría que gobierna mediante su sólida organización sólo puede ser vencida, y por cierto lo será, mediante la organización de la mayoría. Así, los elementos que constituyen el poder de las clases en conflicto se enfrentan entre sí. Los de la burguesía son grandes y poderosos, como que son fuerzas existentes y dominadoras, mientras los de la clase obrera deben desarrollarse a partir de pequeños comienzos, como una nueva vida que va creciendo. El número y la importancia económica aumentan automáticamente por acción del capitalismo, pero los otros factores, la comprensión y la organización, dependen de los esfuerzos de los trabajadores mismos. Puesto que son las condiciones para una lucha eficiente, son resultado de la lucha; todo retroceso tensa los nervios y los cerebros que tratan de remediarlo, todo éxito inunda los corazones de nueva y esforzada confianza. El despertar de la conciencia de clase, el creciente conocimiento de la sociedad y de su desarrollo, significan la liberación de la servidumbre espiritual, el despertar del embotamiento a la fuerza espiritual, la ascensión de las masas a una verdadera humanidad. Su unión para una lucha común significa ya, fundamentalmente, liberación social; los trabajadores, confinados en la servidumbré del capital, recobran su libertad de acción. Es el despertar de la sumisión a la independencia, colectivamente, en una unión organizada que desafía a los dominadores. El progreso de la clase obrera significa el progreso en lo que respecta a estos factores de poder. Lo que puede ganarse en lo referente a mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida depende del poder que los trabajadores hayan adquirido. Cuando por insuficiencia de sus acciones, por falta de penetración o de esfuerzo, o por inevitables cambios sociales su poder declina en comparación con el poder capitalista, esto repercute en sus condiciones de trabajo. No hay más que un solo criterio para juzgar toda forma de acción, de táctica, los métodos de lucha y las formas de organización: ¿acrecientan éstas el poder de los trabajadores? ¿Para el presente, pero aún más esencial, para el futuro, para la meta suprema de la aniquilación del capitalismo? En el pasado, el sindicalismo dio forma a los sentimientos de solidaridad y unidad, y robusteció el poder de lucha de los trabajadores mediante una organización eficiente. Sin embargo, cuando en épocas posteriores tuvo que reprimir el espíritu de lucha, y planteó la demanda de disciplina hacia los líderes contra el impulso de la solidaridad de clase, se impidió el desarrollo de ese poder. El trabajo de los partidos socialistas en el pasado contribuyó sobremanera a acrecentar la comprensión y el interés político de las masas. Sin embargo, cuando trató de restringir su actividad a los límites del parlamentarismo y las ilusiones de la democracia política, se transformó en una fuente de debilidad. A partir de estas debilidades pasajeras la clase trabajadora tiene que elevar su poder en las acciones de los tiempos venideros. Aunque debemos esperar una epoca de crisis y lucha, ésta puede alternar con tiempos más tranquilos de recaída o consolidación. Entonces las tradiciones y las ilusiones podrán actuar temporariamente como influencias debilitadoras. Pero también entonces, tomando a estos períodos como tiempos de preparación, las nuevas ideas de autogobierno y de organización por consejos prenderán mejor en los trabajadores mediante una propaganda permanente. En ese momento, como ahora, habrá una tarea para cada trabajador una vez que se apodere de éste la visión de la liberación de su clase, que consistirá en propagar estos pensamientos entre sus camaradas, despertarlos de la indiferencia, abrirles los ojos. Tal propaganda es esencial para el futuro. La realización práctica de una idea no es posible mientras no haya penetrado en la mente de las masas con suficiente profundidad. Sin embargo, la lucha es siempre la fuente inagotable de poder para una clase en surgimiento. No podemos prever ahora qué formas tomará esta lucha de los trabajadores por su libertad. Según los tiempos y lugares puede tomar la áspera forma de la guerra civil, tan común en anteriores revoluciones, cuando de ella dependían las decisiones. En este caso las probabilidades contra los trabajadores son muy grandes, puesto que el gobierno y los capitalistas, con su dinero y autoridad, pueden reclutar fuerzas armadas en número ilimitado. En verdad, la fuerza de la clase trabajadora no está en este plano, en la contienda sangrienta de las masacres y asesinatos. Su fuerza real reposa en el dominio del trabajo, en su tarea productiva, y en su superioridad mental y de carácter. No obstante, aun en la contienda armada la superioridad capitalista no es inconcusa. La producción de armas está en manos de los trabajadores; las tropas mercenarias dependen de su trabajo. Si tales tropas son limitadas en número, cuando toda la clase trabajadora unida y sin temor se yerga contra ellas, serán impotentes y las superará la mera cantidad. Y si son numerosas, se compondrán también de trabajadores reclutados, accesibles al llamado de la solidaridad de clase. La clase trabajadora tiene que descubrir y desarrollar las formas de lucha adaptadas a sus necesidades. La lucha significa que la clase sigue su propio camino de acuerdo con su libre elección, dirigida por sus intereses de clase, independiente de sus antiguos amos y, por lo tanto, opuesta a ellos. En la lucha se afirman sus facultades creadoras encontrando vías y medios. Tal como en el pasado esa clase ideó y practicó espontáneamente sus formas de acción -la huelga, el voto, las manifestaciones callejeras, los mitines de masa, los volantes de propaganda, la huelga política-, también lo hará en el futuro. Cualesquiera sean las formas, el carácter, el propósito y el efecto serán los mismos para todos: realzar los propios elementos de poder, debilitar y disolver el poder del enemigo. La experiencia muestra que hasta ahora las huelgas políticas masivas tienen los efectos más fuertes, y en el futuro pueden ser aún más poderosas. En estas huelgas, nacidas de crisis agudas y fuertes tensiones, los impulsos son demasiado violentos, los problemas son demasiado profundos como para que puedan dirigirlas los sindicatos o los partidos, o comités, o los cuadros de funcionarios. Tienen el carácter de acciones directas de las masas. Los trabajadores no se declaran en huelga individualmente, sino como fábrica, como personal que decide colectivamente su acción. Inmediatamente se instalan comités de huelga, donde se reúnen los delegados de todas las empresas, que asumen ya el carácter de consejos obreros. Estos tienen que unificar la acción, y, en la medida de lo posible, las ideas y métodos, mediante una interacción continua entre los impulsos en pugna de las asambleas de fábrica y las discusiones en las reuniones de consejo. Así los trabajadores crean sus propios órganos en oposición a los órganos de la clase gobernante. Tal huelga política es una especie de rebelión, aunque en forma legal, contra el gobierno, mediante la paralización de la producción y el tráfico en un intento de ejercer una presión suficientemente fuerte sobre las autoridades como para que éstas cedan a las exigencias de los trabajadores. El gobierno, por su parte, mediante medidas políticas; prohibiendo las reuniones, suspendiendo la libertad de prensa, reclutando fuerzas armadas, y por ende, transformando su autoridad legal en poder arbitrario, aunque real, trata de quebrar la determinación de los huelguistas. Lo apoya la clase dominante misma, que con su monopolio de prensa dicta la opinión pública y desarrolla una intensa propaganda de calumnias para aislar y desalentar a los huelguistas. Proporciona voluntarios no sólo para mantener de alguna manera el tráfico y los servicios sino, también, para integrar bandas armadas que aterroricen a los trabajadores y traten de convertir la huelga en una especie de guerra civil, más simpática para la burguesía. Puesto que una huelga no puede durar indefinidamente, una de las partes, con menor cohesión interna, cederá. Las acciones de masa y las huelgas universales son la lucha de dos clases, de dos organizaciones, cada una de las cuales trata mediante su solidez de doblegar y finalmente quebrantar a la otra. Esto no puede decidirse en una sola acción; requiere una serie de luchas que constituyen una época de revolución social, pues cada una de las clases en conflicto dispone de fuentes más profundas de poder que le permiten restaurarse después de la derrota. Aunque en un determinado momento los trabajadores puedan ser derrotados y desalentados, sus organizaciones destruidas y sus derechos abolidos, aun así las fuerzas irritantes del capitalismo, las propias fuerzas internas de los obreros y la indestructible voluntad de vivir los pondrán de nuevo en condiciones de lucha. Tampoco se puede destruir al capitalismo de un solo golpe; aunque se destruya y demuela su fortaleza, o sea el Poder Estatal, la clase misma dispone aún de gran parte de su poder físico y espiritual. La historia muestra ejemplos de cómo gobiernos enteramente incapacitados y postrados por la guerra y la revolución se regeneraron mediante el poder económico, el dinero, la capacidad intelectual, la habilidad paciente, la conciencia de clase -en forma de ardiente sentimiento nacional- de la burguesía. Pero finalmente la clase que forma la mayoría del pueblo, que sostiene a la sociedad con su trabajo, que tiene a su disposición directa el aparato productivo, debe triunfar, de modo que la firme organización de la clase mayoritaria disuelva y desmenuce el poder estatal, que es la más sólida organización de la clase capitalista. Cuando la acción de los trabajadores sea tan poderosa que los órganos mismos del gobierno estén paralizados, los consejos tendrán que cumplir funciones políticas. Los trabajadores tendrán que proveer al orden y la seguridad pública, cuidar que la vida siga adelante, y en esta tarea los consejos son sus órganos. Lo que se decide en los consejos lo cumplen los trabajadores, de modo que éstos se transforman en órganos de la revolución social. Y con el progreso de la revolución sus tareas se hacen cada vez más amplias. Al mismo tiempo que las clases están luchando por la supremacía, y cada una, con la solidez de su organización, trata de quebrar la de la otra clase, la sociedad debe seguir viviendo. Aunque en la tensión de los momentos críticos la sociedad puede vivir de las provisiones almacenadas, la producción no puede detenerse por largo tiempo. Este es el motivo por el cual los trabajadores, si sus fuerzas internas de organización son deficientes, se ven forzados por el hambre a volver a someterse al viejo yugo. Este es el motivo por el cual, si su organización es suficientemente fuerte y han desafiado, repelido y desintegrado al Estado, si han rechazado su violencia, si son dueños de las fábricas, deben preocuparse de inmediato de la producción. La posesión de las fábricas significa al mismo tiempo organización de la producción. La organización para la lucha, es decir, los consejos, es al mismo tiempo organización para la reconstrucción. Se dice que los judíos de los viejos tiempos, que construían las murallas de Jerusalén, luchaban con la espada en una mano y la llana en la otra. En nuestro caso, en cambio, la espada y la llana son una sola cosa. El establecimiento de la organización de la producción es el arma más sólida, más aún, la única duradera para la destrucción del capitalismo. Cuando los trabajadores hayan irrumpido en los talleres y tomado posesión de las máquinas, deben comenzar enseguida a organizar el trabajo. Luego de desaparecida la dirección capitalista de las fábricas, cuando ya no se la tenga en cuenta y sea impotente, los trabajadores deben construir la producción sobre la nueva base. En su acción práctica establecerán el nuevo derecho y la nueva ley. No pueden esperar hasta que finalice la lucha en todas partes; el nuevo orden tiene que crecer desde abajo, desde las fábricas, con trabajo y lucha simultáneos. Entonces, al mismo tiempo, los órganos del capitalismo y el gobierno declinarán hasta convertirse en funciones no esenciales, extrañas y superfluas. Pueden conservar aún su poder de dañar, pero habrán perdido la autoridad de instituciones útiles y necesarias. Se habrán invertido los papeles, en forma cada vez más manifiesta para todos. La clase obrera, con sus órganos, los consejos, será el poder de orden; la vida y prosperidad de todo el pueblo se basará en su trabajo, en su organización. Las medidas y regulaciones decididas en los consejos, ejecutadas y seguidas por las masas trabajadoras, serán reconocidas y respetadas como autoridad legítima. En cambio los viejos cuerpos gubernamentales se atenuarán hasta constituir fuerzas ajenas al proceso, que tratarán meramente de impedir la estabilización del nuevo orden. Las bandas armadas de la burguesía, aunque sean aún poderosas, tomarán cada vez más el carácter de grupos de perturbadores al margen de la ley, de destructores dañinos en el nuevo mundo del trabajo. Como agentes del desorden, se los someterá y disolverá. Esta es, en la medida que hoy podemos prever, la manera en que desaparecerá el poder estatal, junto con la desaparición del capitalismo mismo. En tiempos pasados prevalecían ideas diferentes acerca de la futura revolución social. Primero, la clase obrera tenía que conquistar el poder político logrando mediante las elecciones una mayoría en el parlamento, ayudada eventualmente por contiendas armadas o huelgas políticas. Luego, el nuevo gobierno, compuesto de portavoces, líderes y politicos, tenía que expropiar mediante sus leyes a la clase capitalista y organizar la producción. De modo que los trabajadores mismos sólo tenían que hacer la mitad del trabajo, la parte menos esencial; el trabajo real, la reconstrucción de la sociedad, la organización del trabajo, tenían que realizarla los políticos y funcionarios socialistas. Esta concepción refleja la debilidad de la clase trabajadora de esa época; pobre y miserable, sin poder económico, tenía que ser guiada a la tierra prometida de la abundancia por otros, por líderes capaces, por un gobierno benigno. Y además, por supuesto, permanecer sometida, pues la libertad no se puede dar, sólo se puede conquistar. Esta fácil ilusión se esfumó por obra del crecimiento del poder capitalista. Los trabajadores deben comprender ahora que sólo elevando su poder al nivel más alto posible pueden esperar la conquista de la libertad; que el dominio político, el mando sobre la sociedad, debe basarse en el poder económico, el mando sobre el trabajo. La conquista del poder politico por los trabajadores, la abolición del capitalismo, el establecimiento de la nueva ley, la expropiación de las empresas, la reconstrucción de la sociedad, la construcción de un nuevo sistema de producción no son eventos diferentes y consecutivos. Son contemporáneos, concurrentes en un proceso de sucesos y transformaciones sociales. O, más precisamente, son idénticos. Son las diferentes caras, indicadas con diferentes nombres, de una sola gran revolución social: la organización del trabajo por la humanidad trabajadora.

octubre 24, 2005

Anton Pannekoek Capitulo 3 El Pensamiento

Capítulo 3 El pensamiento 1. Las ideologías Toda lucha social es también una lucha de ideas, de concepciones, de pensamientos. Por otra parte, así es como esa lucha comienza y así como continúa. El hombre se distingue del animal por su conciencia, por el pensamiento consciente, por la acción consciente. En general, la reflexión y la deliberación preceden a sus acciones. Pero el hombre no escapa sin duda al hecho de que sus acciones están determinadas por las necesidades de su existencia y marcadas por sus contactos con el mundo exterior, del cual él extrae sus medios de subsistencia, es decir, todo lo necesario para mantener su vida. Mas en el hombre la influencia del mundo exterior, transmitida por intermedio de los sentidos, se ejerce por un rodeo; asume en primer lugar la forma de pensamientos, de imágenes mentales, y puede alcanzar el nivel de un conocimiento, de una comprensión; los pensamientos, las imágenes mentales, los conocimientos y la comprensión determinan después la voluntad y los actos del hombre. Sin embargo, no todo ocurre exactamente de esta manera. No hay una diferencia tan tajante entre el hombre y el animal; con algunas modificaciones, lo que vale respecto de uno vale también respecto del otro. Como ocurre con todos los organismos, la mayor parte de las acciones cotidianas del hombre se realizan automáticamente; constituyen una reacción inmediata a las impresiones exteriores o derivan de costumbres asimiladas desde la infancia, y no hacen intervenir explícitamente al cerebro. Y ni siquiera todas las acciones que los hombres realizan de manera no automática son objeto de profunda reflexión ni decididas por una deducción consciente a partir de la experiencia. Todo lo que los hombres han vivido, todo lo que han conocido influye sobre su espíritu, pero a menudo sin que ello sea consciente; todo eso se acumula en forma de experiencia, determina sus opiniones y sus actitudes vitales, domina su subconsciente. Y más tarde, todo eso reaparece de pronto en forma de acciones espontáneas o de opiniones intuitivas, que no se basan en ningún razonamiento explícito pero que se admiten de inmediato, sin duda ni vacilación. Sin embargo, además de esas intuiciones, el hombre tiene también el pensamiento consciente. Cada vez que debe escoger bajo la acción de influencias contradictorias o en el curso de transformaciones y de luchas, cada vez que vacila o duda, cada vez que se da cuenta de que su acción ha sido espontánea, irreflexiva, se pone a pensar conscientemente. Y a las imágenes mentales, a las ideas que desarrolla en esas ocasiones, las reúne, las compara entre sí y termina por hacerles tomar una forma coherente, la forma de un sistema de ideas, de una ideología. La ideología de un hombre forma parte de su concepción del mundo. Esta concepción del mundo constituye una suma, una práctica vital, cierta actitud frente a la existencia y a los otros hombres que se manifiesta de manera inconsciente en todos sus actos, en todos sus hábitos; es una visión de la sociedad y del trabajo que luego, bajo una forma más consciente, se reconoce en sus ideas, sus concepciones del derecho, sus opiniones políticas, su religión. En la vida práctica, el hombre adquiere la experiencia de lo que le es, en general, útil y necesario: eso es lo que considera bueno. Realiza también la experiencia de la manera en que debe comportarse en sus relaciones con los otros hombres: eso es lo que designa con los nombres de costumbre y de moral. El hombre realiza esta experiencia de manera más o menos consciente, y esta conciencia depende de la medida en que conoce las fuerzas más o menos generales, y a menudo muy poderosas, cuya acción no puede prever pero que determinan su suerte. Está en la naturaleza del espíritu humano considerar como esencial lo que ve que se repite de la misma manera a intervalos regulares y lo que es permanente, pues a partir de ello puede calcular y determinar sus acciones ulteriores. Así, a partir de la experiencia vital se forman nociones acerca de lo que es en general, y por consiguiente de manera esencial y permanente, bueno, malo, justo, moral. Así se forman las ideas generales sobre las fuerzas que dominan el mundo, que deciden acerca de la vida y de la suerte del hombre, del pasado y del porvenir, de los objetivos y del sentido de la vida. Y todas estas nociones se desarrollan y reúnen, constituyen una ideología, que se mantendrá sólida mientras el modo de producción, por consiguiente las formas de existencia de las que ella proviene, sean buenos y pennanezcan sin cambio durante largo tiempo. Pero entonces la ideología se convierte en una suma de verdades intocables, sagradas, y se esclerosa. Ello no impide que se continúen enseñando esas verdades a la juventud, que se las presente ante ella como la herencia espiritual de la sabiduría de sus antepasados, que se le exija que se impregne de ellas para adaptarse más rápida y fácilmente al sistema social vigente. Pero la sociedad se desarrolla, y en el curso de los siglos recientes este proceso ha ocurrido con una rapidez cada vez mayor; las formas de trabajo se modifican. Las relaciones entre los hombres, su actitud hacia el trabajo, hacia la naturaleza, la sociedad, las fuerzas superiores que los dominan, también evolucionan. Y esto determina una evolución de los puntos de vista acerca de la vida y del mundo. Nacen nuevas relaciones en las mentes y, lo que es más importante, las viejas concepciones tradicionales entran en conflicto con las ideas nuevas, que se ordenan en una concepción del mundo enteramente original. Cuando nació la burguesía se enfrentaron de esta manera las viejas concepciones de solidaridad social (fidelidad y lealtad al señor, obligaciones con las corporaciones) y las nuevas ideas sobre la libertad del individuo y el desarrollo de la personalidad (libre disposición de la vida y de la propia suerte, reivindicación de los derechos del hombre y del ciudadano). Y en este caso no se trataba de algunas ideas nuevas aisladas, sino práctica y fundamentalmente de un conjunto de nuevas leyes y de nuevas instituciones indispensables para la satisfacción de las nuevas necesidades sociales. Y justamente para instaurarlas comenzó la lucha práctica. Tanto la necesidad que uno experimenta como el objetivo que se fija, origen de la lucha por un cambio en la política y el derecho y fuente de fuerzas de esa misma lucha, están anclados en la práctica. Pero los objetivos que los hombres quieren alcanzar prácticamente en la política y el derecho sólo los ven como una consecuencia de las ideas nuevas. Así, la lucha para instalar una sociedad nueva, un nuevo modo de producción, toma la forma de una lucha de ideas, de una lucha entre concepciones del mundo. Y la concepción nueva no está ligada, para sus partidarios, a una aplicación práctica, y por tanto limitada: les aparece como una verdad absoluta, siempre buena y definitivamente general. Pero pese a esto, no se trata de una abstracción estéril. Las ideas nuevas brotan como una flor fresca y plena de savia, a partir de una realidad bien viva. Y la nueva concepción del mundo se yergue frente a la vieja ideología, completamente esterilizada, transformada en una especie de objeto sagrado, que pretende ser la verdad absoluta, inmutable, y que trata de utilizar su autoridad para prevenir todas las modificaciones, no obstante necesarias, de las instituciones sociales. Las viejas ideologías son verdades de ayer, hoy esclerosadas, que se oponen a la verdad nueva pues continúan considerándose a sí mismas como la verdad absoluta y, por ende, eterna. En el curso del desarrollo de las sociedades humanas, la lucha de una clase para establecer un modo de producción nuevo fue siempre, simultáneamente, una lucha para hacer triunfar ideas generales nuevas. Y a los ojos de los hombres esta lucha aparece a menudo como una simple lucha de ideas. Para la burguesía se trataba de una lucha entre una nueva concepción del derecho y de la libertad, y la antigua doctrina, que se apoyaba sobre la religión y sobre una forma específica de la solidaridad social. Pero no se olvidaba, naturalmente, ni por un instante, el contenido material verdadero, los objetivos económicos. En el curso de la Revolución Francesa, por ejemplo, la burguesía se aplicaba -y ésta era la cuestión más importante- a la instauración de leyes que garantizaran las libertades que le permitían ejercer sus actividades, restringieran, cuando era necesario, la libertad de los demás (por ejemplo, de los trabajadores), y destruyeran las instituciones feudales que trababan su libertad de acción. Pero la realización de estos objetivos prácticos aparecía como la aplicación de principios generales nuevos que en ese momento eran concebidos como una verdad prestigiosa. Este revestimiento ideológico bajo el cual se disimulan los intereses de clase, lo volvemos a encontrar en el siglo XIX, pero resulta tanto más irreconocible porque entonces se mezclan con él consignas del pasado, enteramente abstractas, porque la lucha de la clase burguesa disminuía en intensidad. Pero en las ocasiones en que esta lucha seguía siendo suficientemente intensa como para dominar aún a la sociedad, los partidos políticos expresaban claramente los intereses en lucha. Sin embargo los principios, las consignas a las cuales se referían sus programas, habían tomado la forma de ideas abstractas y generales, se referían a concepciones del mundo, por lo demás completamente divergentes. Los liberales representaban a la burguesía, y más particularmente a la burguesía industrial, y reivindicaban la libertad, el acceso al conocimiento, el progreso. Los conservadores representaban la propiedad inmueble y la riqueza al antiguo modo, y junto con los partidos cristianos, pequeñoburgueses y campesinos, exigían el mantenimiento de la autoridad, promovían la obediencia, defendían la fe y la tradición. Junto a ellos los socialistas, portavoces de los obreros, hablaban de la teoría de Marx, de la abolición de toda explotación por el desarrollo de la lucha de clases. Todos se batían en nombre de la verdad, de la realidad de sus ideas generales y abstractas; cada uno, apoyándose sobre el modo de vida de su propia clase, estaba convencido de tener razón, y en todo esto el fundamento económico subyacente, la esencia profunda, el verdadero fin de la lucha, permanecía en segundo plano. Pero había además una diferencia muy característica entre la clase dominante y la clase explotada. Para la burguesía, ubicada a la cabeza por obra del desarrollo económico, en plena posesión de su poderío, dueña del porvenir, la ideología y la práctica estaban en perfecta armonía. Sabía perfectamente asegurar la defensa de sus intereses en la puesta en ejercicio práctico de sus principios. Para la pequeña burguesía, en cambio, no había salida: primero la burguesía comenzó por instalar el capitalismo, y una vez establecido este sistema, la pequeña burguesía debió plegarse a la competencia, conoció los fracasos y resultó incapaz de resistir a la burguesía. Es por ello que su ideología no podía ser sino una teoría -abstracta, y cuyo carácter abstracto iría acentuándose hasta aislarse completamente del mundo real. En cuanto a los obreros, que formaban una clase naciente, la lucha ideológica sólo era una parte de su lenta y progresiva toma de conciencia de lo que ellos eran. La clase obrera acababa de formarse a partir de elementos arruinados de la pequeña burguesía y del campesinado, que traían consigo las creencias y las convicciones de su medio paterno. Lentamente, bajo la influencia de su nuevo modo de vida, se volvían receptivos a nuevas ideas, adoptaban nuevas concepciones que expresaban su situación nueva y sus nuevos intereses de clase. Pero mientras la lucha política se limitaba principalmente a la ideología, éstos eran sólo principios generales, una lucha entre una tradición que se seguía estimando e ideas nuevas qué se aceptan vacilando y que, por consiguiente, sólo progresan muy lentamente. Hoy la ideología se ha transformado en un factor de peso en la lucha de clases. Para la clase dominante es muy importante limitar esta lucha al terreno ideológico. En efecto, todas las tradiciones, todo el poderío de las antiguas fórmulas, todos los hábitos de pensamiento actúan entonces en su favor porque impiden a los obreros considerar la situación nueva sin prejuicios. La fuerza de los obreros, por el contrario, resulta de una comprensión clara de las realidades nuevas de la vida. Las antiguas ideologías ligan a los hombres y los oponen en grupos que no tienen nada que ver con las diferencias de clase y los intereses reales de la vida. Explotadores y explotados se encuentran así en una misma iglesia, en un mismo partido, en una misma nación, y se comportan como extranjeros y enemigos frente a otras iglesias, partidos y naciones, que también agrupan a explotadores y explotados. Los obreros sólo podrán emplear su poderío si realizan su unidad de clase por encima de estas divisiones del pasado y contra ellas. Pero los obreros no forman una masa homogénea que tenga un pensamiento uniforme. Sus orígenes, su pasado hacen que haya diferencias religiosas y políticas en el seno de la clase obrera. Mientras los obreros estén divididos, disputen sobre cuestiones de religión, de liberalismo, de anarquismo, de socialismo, carecerán de fuerza. Es por ello que la clase dominante, guiada por su instinto, trata de mantener esta división presentando las diferencias ideológicas como algo de primordial importancia. Y de inmediato estas diferencias, aunque están privadas de todo apoyo real y se remontan al pasado, son trasladadas a primer plano para quebrar la unidad de los obreros. La unidad de la clase obrera sólo puede reforzarse cuando toda la atención se dirige hacia la realidad y los obreros se aplican a su grande y única tarea: la transformación económica de la sociedad. Deben hacer que la producción quede bajo su control, tienen que hacerse dueños de su trabajo y de sus medios de trabajo, antes de poder producir la opulencia para todos: y esta es una tarea práctica, que no tiene nada que ver con las ideologías tradicionales, cualesquiera sean. Los intereses prácticos y las necesidades de la vida, ésas son las fuerzas que impulsan a los obreros a asociarse y a formar finalmente una sólida unidad. La clase obrera que lucha por su liberación se encuentra en una situación más favorable que las clases que antes luchaban por el poder -por ejemplo, la burguesía-, porque tiene la posibilidad de comprender claramente el origen de las ideas y de las ideologías. En efecto, el dominio de las fuerzas sociales exige que los hombres se hayan hecho dueños ellos mismos de todas estas fuerzas, y que por consiguiente las comprendan. El dominio práctico, real, está indisolublemente ligado al dominio intelectual y espiritual. La ciencia de la que ellos disponen enseña que es la sociedad la que determina la conciencia. El pensamiento no se anticipa a la realidad, sino que es una consecuencia de ésta. Y esto no solamente en el sentido de que sólo la sociedad, las relaciones entre los hombres en la vida y el trabajo, pueden hacer nacer el deseo, la idea y la voluntad de cambiar el trabajo y la sociedad, sino también en el sentido de que las necesidades prácticas inmediatas fuerzan a actuar y a reaccionar, a efectuar una evaluación simple de lo que es útil y realizable, y que ello influye sobre la estimación que uno puede hacer de sus propios actos. En la lucha por la economía nueva, por la organización de la producción por los productores mismos, se pueden abandonar todas las diferencias ideológicas. Nada tienen que hacer en esa lucha. La fuerza de los obreros no consiste en tratar de ganarse a sus camaradas en favor de ideas abstractas acerca de las cuales pueden estar aún muy divididos, sino de ganarlos para ideas sociales prácticas sobre las cuales todos deben tener una misma opinión. Pero esta práctica misma, esta manera de luchar no deja de influir sobre las viejas ideologías; y justamente porque no se ocupa de ellas. Precisamente porque las viejas ideologías están fuera de la práctica de la vida, ocurre un hecho muy importante: esas ideologías pierden su fuerza. Aunque sean herederas de un pasado lejano, no dejaron de ser utilizadas en la práctica: el obrero pobre encontraba a menudo, en su miseria, una ayuda espiritual y material en el seno de su comunidad religiosa; además, cuando al ser sometido a la opresión del empresario todopoderoso, estaba reducido a la impotencia y privado de todo derecho cívico, pudo encontrar un cierto sostén en los filántropos y los políticos burgueses radicalizados que tomaban en serio el ideal de la libertad burguesa. Pero desde que los obreros comienzan a luchar por sí mismos todo cambia. Aprenden a tener confianza en su propia fuerza, es decir, en la fuerza de la comunidad y de la solidaridad. Ven que sus condiciones de vida determinan su ser verdadero; ven que la causa de su miseria es una cierta estructura económica; ven que la abolición de esta miseria requiere una revolución económica, y que ésta es realizable; ven las causas materiales que determinan realmente sus vidas y las fuerzas que actúan y se dan cuenta de que ellos pueden dominarlas. Las antiguas maneras de pensar, sea que se relacionen con una potencia superior que dirige el mundo, o que promuevan la idea de una libertad abstracta y magnífica, no sirven de nada. Heredadas del pasado, están enteramente fuera de la práctica real y predominante en la vida de los obreros: no son utilizadas ni utilizables en los problemas que plantea su trabajo, en todas las dificultades que plantean las decisiones a tomar y que en ese momento ocupan toda su actividad consciente. Subsiste aún un pequeñísimo rincón de su conciencia donde se mantiene un recuerdo de la costumbre antigua, pero esto ya no tiene nada que ver con la vida, viva y activa. Un órgano corporal se atrofia si no se lo utiliza, se vuelve impotente, se agosta, y, a la larga, termina por desaparecer; lo mismo ocurre con los modos de pensamiento no utilizados. He aquí cómo mueren las viejas ideologías. Sin embargo, si se quiere acelerar este proceso natural, sea por la represión o por la interdicción, se llega de hecho a darle una nueva vida, porque se promueven de nuevo los viejos argumentos, se los vuelve a repetir, lo que equivale a hacerlos revivir, pues esos argumentos encuentran en la supervivencia de las situaciones del pasado bastantes bases concretas a las cuales adherirse. Pero cuando reina una atmósfera donde la conciencia puede desarrollarse libremente, y también la discusión -atmósfera tan importante para una clase que asciende como la atmósfera de opresión y de censura para la clase dominante que declina-, las viejas ideologías son impotentes para impedir el desarrollo de nuevas ideas que nacen en la cabeza de los hombres. La transformación del modo de producción no exige nada más, desde el punto de vista liberal, que una comprensión clara y neta de la utilidad y de la necesidad de instaurar nuevas formas de trabajo y de propiedad. Pero estas nuevas formas significan una revolución tan profunda del mundo entero, que exigen una lucha mundial que ponga en juego todas las fuerzas y toda la pasión de los hombres. Es en esta lucha, que presenta tantas dificultades en las decisiones a tomar, que implica elecciones de máxima importancia, en la tensión que crea la acción, en los problemas que suscita la construcción nueva, en las discusiones donde se revelan tantas divergencias profundas entre las opiniones, que el pensamiento resulta estimulado, que apunta a conclusiones cuyo alcance es cada vez mayor, que se van formulando ideas cada vez más fundamentales. Entonces florecen millares de ideas nuevas. Y estas ideas terminan por unirse en un conjunto coherente: entonces nace una nueva concepción del mundo. Pero no se trata de una teoría completa, cerrada, que deba reinar como un nuevo sistema de pensamiento o incluso ser impuesta por la fuerza, pues en esta atmósfera de desarrollo sin fronteras, donde aparecen sin cesar impulsos siempre nuevos, nuevas maneras de sentir y de pensar, sólo se observa un crecimiento espontáneo, una floración de la actividad espiritual de los hombres: la vida espiritual se enriquece, la actitud frente a la vida se vuelve más armoniosa. En el extremo opuesto de la esclavitud espiritual en la que las generaciones de antes creían que debían encerrarse para preservar su seguridad, se va abriendo paso, a partir de esta libertad espiritual que es indispensable para resolver los problemas sociales, toda una multitud de formas de vida cultural, sin trabas, tal como se desarrolla irresistiblemente una planta a la que se traslada de un lugar oscuro al pleno sol. Y este cambio corresponde también a un cambio económico que no es impuesto por un orden venido del exterior, sino que es resultado de la autodeterminación de la humanidad trabajadora, que con toda libertad reglamenta el modo de producción según su propia concepción. Al comienzo, cuando los obreros se encuentran aún abrumadoramente doblegados bajo el yugo capitalista, hacen la experiencia de una vida sentimental nueva que nace de la solidaridad que se forma y que debe reforzarse cada vez más a partir de la experiencia que cada uno hace, y que muestra que cuando uno permanece aislado es impotente frente al capital, y que justamente es sólo esta solidaridad la que da fuerzas suficientes para obtener condiciones de vida soportables. Y a medida que la lucha se vuelve más ardorosa, que exige más de cada uno, es decir, que se transforma en una lucha librada para hacerse dueño de la sociedad y del trabajo, dominio del cual dependen la vida y el porvenir, la cohesión entre los trabajadores, cuya ausencia acarrearía la derrota y la destrucción, debe transformarse en una unidad indestructible en la cual cada uno se pone al servicio de todos y se sacrifica por la comunidad. Aparece entonces un carácter enteramente nuevo: el sentimiento social; y este sentimiento se extiende a toda la clase y lo domina todo: hace extinguir el antiguo egoísmo del mundo burgués. Es el nacimiento balbuceante del hombre nuevo. Pero este carácter no es enteramente nuevo. En otro tiempo, en el amanecer del mundo, las tribus, donde existían formas comunistas primitivas de trabajo, conocían un sentimiento intenso de solidaridad. El individuo estaba por entero ligado a la tribu; no era nada fuera de ella. Es por ello que en el curso de sus acciones, su persona debía borrarse ante el interés y el honor de su tribu; instintivamente todas las fuerzas individuales se ponían al servicio de la comunidad. Pero en esa época el hombre estaba todavía poco evolucionado y la naturaleza hacía de él un miembro de la tribu y nada más, ligado estrictamente a esta base natural. Desde entonces, los hombres se dispersaron, se separaron unos de otros; se transformaron en productores independientes que trabajaban en el seno de pequeñas empresas. El sentimiento de solidaridad declinó entonces, luego cedió su lugar a un poderoso individualismo que quiere que el individuo sea su propio dueño y el objeto central al cual se vinculen todos los intereses y sentimientos. Este poderoso sentimiento de la personalidad, que representa un nuevo tipo de conciencia, se desarrolló durante siglos de producción burguesa. Y no desaparecerá nunca, porque cuando los productores dominen las fuerzas de la producción y se hagan dueños de ellas, desarrollarán su personalidad y la conciencia que de ella tienen en una medida jamás alcanzada. Aparecerá entonces un nuevo carácter, que realizará la fusión entre la personalidad individual y el sentimiento comunitario. Sin duda, en el período burgués el hombre fue un ser social, pero de una manera inconsciente, enmascarada por la afirmación orgullosa de su personalidad y de su independencia. Pero ahora se desarrollará la conciencia de que existe coherencia entre la sociedad y el hombre, conciencia que enriquecerá y perfeccionará la concepción que éste tiene del mundo. Y esto ocurre al comienzo instintivamente, en la práctica, y toma la forma de una especie de sentimiento, el de la fraternidad entre todos los miembros de la humanidad. Pero también ocurre conscientemente; y en el plano teórico, la comprensión clara de la manera en que todas las fuerzas que determinan la personalidad resultan de una interacción entre el individuo y la sociedad. El sacrificio entusiasta del individuo por la salvación de su clase, del cual la revolución obrera nos da ejemplo, tampoco es cosa del todo nueva. Hemos podido ver sacrificios tales en el curso de las revoluciones pasadas: por ejemplo, en el caso de las revoluciones burguesas. El entusiasmo inflamado, la audacia heroica, el sacrificio sin vacilaciones por nuevas ideas -en realidad, por los intereses fundamentales de la comunidad de clase- hacen que tales períodos -como por ejemplo la Revolución Francesa o más tarde la reunificación italiana con los ejércitos de Garibaldi-, constituyan los momentos más hermosos de la historia burguesa. Llevados a las nubes por los teóricos que vivieron más tarde, cantados por los poetas, éstos son períodos magníficos, pero pasados para siempre, pues en la práctica la sociedad burguesa que resultó de esas revoluciones instaló la dominación del Capital, con la oposición entre la riqueza más insolente y la miseria más sórdida, con la persecución de la ganancia como actividad esencial de los burgueses, con el profesionalismo como fin de la vida de los intelectuales, en una palabra, con el reino del egoísmo y la decepción de una cantidad de generaciones. Y es ésta una diferencia fundamental entre el nacimiento de la burguesía y la lucha de la clase obrera, que acaba de comenzar. Para la burguesía el sentimiento de solidaridad era sólo una necesidad temporaria, que no valía más que en el período de la conquista del poder y cedió su lugar a una lucha encarnizada y destructora de unos contra otros. Para la clase obrera el sentimiento de solidaridad que nace en la lucha por su liberación es el fundamento de una producción común, que refuerza además estas cualidades y las exalta. Cuando el modo de producción nueva se instale sólidamente, cuando la victoria se obtenga o aparezca en el horizonte, nacerá un nuevo sentimiento que cambiará y renovará toda la concepción de la vida. Es el sentimiento de que la vida está asegurada. La humanidad se verá por fin liberada de la preocupación permanente que representaba el mantenimiento de la vida. Durante todos los siglos pasados la vida no estuvo nunca asegurada; incluso durante los períodos de prosperidad temporaria, por detrás de la ilusión de un bienestar permanente quedaba en el fondo del subconsciente una inquietud por el porvenir. Esta inquietud, que pesaba gravemente sobre el desarrollo del pensamiento libre y trababa el desenvolvimiento de todas las fuerzas espirituales, caracterizó durante siglos la actividad cerebral. Nosotros, que aún nos encontramos bajo su influencia, no podemos imaginar cómo su desaparición cambiará la concepción de la vida. Junto con la angustia desaparecerán las ilusiones que servían ayer al hombre para disminuir esta angustia. Todas las viejas ideologías que en el pasado ceñían como una armadura la vida intelectual y sentimental del hombre, se fundirán como la nieve al sol de la primavera. En su lugar florecerán la conciencia y la certidumbre de que el hombre es verdaderamente dueño de su existencia y de su suerte, de que la ciencia es accesible a todos y trabaja por el bien de todos, y florecerá también esa belleza intelectual que es una concepción universal del mundo. Para la clase obrera el proceso de declinación de las viejas ideologías coincide con la toma gradual de conciencia de la tarea que le aguarda, con el crecimiento natural de su unidad y de su fuerza. Por consiguiente, no es necesario hacer un estudio especial de la ideología y de su influencia sobre la lucha de clases, como si fuera una fuerza independiente. Pero la situación es totalmente distinta cuando se trata de otras clases y no de la clase obrera. Para las clases burguesas, que viven y trabajan aún en la esfera de la pequeña empresa y del pequeño capibll, la vida espiritual es sin duda de un tipo completamente burgués y está determinada por la ideología burguesa. Es cierto que la práctica económica de estas clases está sometida a la defensa de sus intereses materiales reales, pero en la expresión de su política se trata sólo de concepciones de otra época y de viejas consignas. He aquí por qué esas clases son tan fácilmente una presa para el gran capital, que debe utilizarlas para mantener el dominio capitalista. Tanto para la pequeña burguesía como para el campesinado la propiedad individual es sacrosanta y ese punto de vista domina todas sus ideas, sin contar que está además reforzado por la religión. Hay que agregar el hecho de que los intelectuales y los pequeños burgueses se encuentran del lado del gran capital y se oponen a la clase obrera cada vez que apelan a su ideal, a su ideología nacionalista. ¿Cómo puede ocurrir que estas clases actúen contra sus intereses reales? Las ideologías y los principios expresan lo que hay de esencial y de general en las experiencias vividas y en los intereses que uno defiende. Se trata de intereses permanentes de toda la clase en su conjunto, que se expresan en una forma abstracta, idealizada, y que pueden entrar en conflicto con los interesés temporarios de ciertas personas o con las conclusiones que éstas pueden extraer de una experiencia particular. Las ideologías y los principios ocupan así el lugar más elevado en la conciencia humana: los intereses personales, las obligaciones temporarias, todas estas contingencias vulgares deben cederles el paso. Esto explica el papel conservador de las ideologías en la lucha social. ¿El gran capital pisotea los intereses de los pequeños burgueses y los campesinos? Se les dice que sus intereses personales y contingentes deben sacrificarse en el altar de los principios sagrados y eternos, para el mayor bien del orden moral y universal, que prescribe la obediencia y el respeto por la propiedad privada. O bien se proclama que para la grandeza de la patria, para la causa de la nación, ningún sacrificio es bastante grande. Este papel de la ideología, que consiste en evitar una transformación fundamental del mundo, sólo puede combatirse en forma eficaz examinando la opresión que reina hoy y la lucha que se desarrolla contra ella a la luz del desarrollo general, y teniendo en cuenta los grandes intereses; dicho de otra manera, utilizando el conocimiento de la sociedad. Pero ¿las clases de que aquí se trata aceptarán estas conclusiones? ¿No cederán más bien a un fanatismo ciego, forma en la cual se expresan las viejas ideologías que quieren obstruir la ruta del progreso? En efecto, la historia nos enseña que a menudo, durante los períodos revolucionarios, el fanatismo -muy a menudo religioso- de masas de hombres pobres y estúpidas fue utilizado por los antiguos dominadores para impedir todo progreso, y que esta fuerza reaccionaria sólo podía ser vencida al precio de pesados sacrificios y de muchas víctimas. Los relatos históricos sólo nos conservaron consignas apasionadas, destinadas a inflamar a cada una de las partes en lucha, a empujarlas al sacrificio, al odio del enemigo: en unos casos la libertad y la patria, en otros el rey y la religión. Y se descubre con tristeza que no era sólo una ceguera fanática que se oponía al progreso y defendía ciertos intereses, pues el nuevo orden y las nuevas vías han lesionado de hecho gravemente, e incluso llevado a la desdicha irremediable, a quienes vivían según los viejos hábitos. La historia burguesa no podría decir explícitamente que la finalidad de las revoluciones burguesas era instalar una forma nueva, a menudo más despiadada, de explotación, que conducía a la derrota y a la miseria de las clases más débiles. Es por ello que, lo que a primera vista puede parecer una adhesión fanática e imbécil a las viejas ideologías, aparece si se mira bien como una intuición justa del hecho de que las cosas nuevas no eran buenas del todo, como una protesta espontánea contra la nueva opresión. Es por ello que se puede preguntar si las enseñanzas acerca del papel de las ideologías que es posible extraer de las revoluciones pasadas son muy útiles para la revolución obrera que se aproxima. Esta no desembocará en una nueva dominación de clase ni en una nueva forma de explotación y opresión. La transformación de la sociedad que hará a las clases productoras dueñas de la producción es una liberación colectiva que se extiende a todos los hombres: sólo las clases explotadoras serán atacadas, y sólo lo serán en sus intereses de explotadores. Tal es la diferencia fundamental entre la revolución obrera futura y las revoluciones burguesas del pasado. Naturalmente, esto no quiere decir que haya que abrigar la ilusión de que se podrá evitar una lucha entre la clase pequeñoburguesa y la clase obrera. La pequeña burguesía se precipitará también a la lucha; aportará a ella todo lo que posee en armas y bagajes espirituales, que están dominados por dogmas fijados, modos de pensamiento burgués, viejas ideologías, y que permanecen en la ignorancia completa del funcionamiento de la sociedad. Así como la clase obrera sólo llegará a la unidad y a la comprensión clara de sus fines a través de un largo período de lucha en que hará su propia educación, la pequeña burguesía sólo comprenderá dónde reside su verdadero interés, frente al gran capital, pasando por un período de aprendizaje, de experiencias penosas y de decepciones crueles. Y ya será mucho si permanece neutral en la lucha entre la clase obrera y el gran capital, sin comprometerse ciegamente al servicio de este último. En efecto, a causa de su manera de pensar, perseguirá con frecuencia objetivos falaces que no corresponden al desarrollo social necesario; y también habrá que luchar mucho contra eso. Y una vez más se verá que en el dominio de la lucha ideológica, donde unas doctrinas se enfrentan con otras, las viejas ideologías recuperan su vigor porque se promueven los viejos argumentos, sé agudizan las contradicciones por causa de la incomprensión, lo que hace que la lucha resulte aún más amarga. Sin embargo, si una propaganda metódica desentraña claramente la realidad social, muestra dónde están los intereses económicos, insiste sobre la cohesión del mundo del trabajo y hace ver que el desarrolIo de éste puede llevar a una verdadera comunidad de los trabajadores, y si, por otra parte, la práctica de los obreros coincide con esta propaganda, y si existe una verdadera comunidad de intereses, nacerá entonces la conciencia de esa comunidad: la clase obrera, que está a la cabeza del desarrollo y que representa el porvenir, vencerá, ella sola, al poder de la ideología partiendo, en todos sus actos y en todas sus teorías, de la realidad.

octubre 22, 2005

Un viaje articulado con "otros"

Un viaje articulado con “otros” Hoy vamos a intentar “deconstruir” al propio Derrida, para interpretar su deconstruccionismo y demostraré como su pensamiento, puede ser utilizado para intentar consolidar lo existente. Al final del documento veremos como se presenta la simultaneidad de las acciones extendidas del capitalismo y como afecta esta a lo particular, al sentido común del hombre desposeido de medios de producción, cuyo modo es de esclusiva apropiación privada a igual que las relaciones que lo sustentan.Derrida definía el deconstruccionismo como un modo de “estar” en el pensamiento. “No es un método”.Los significados de sus escritos “oscilan” y se “desplazan” se conforma y comporta como un pensador swinger, característico de un oscilador.Por lo tanto, sus escritos desconciertan por momento, se pierde la unidad de sentido.Su particular escritura a igual que Nietzsche, resultan extraña para la “academia” filosófica.Parece ser el umbral, la transición del pensamiento sin delimitaciones.Derrida ejerció la escritura a “dos manos”, parece contener un pensamiento binario 0-1, con una mano respeta los conceptos, con la otra, los borra, los desplaza, se extingue y se clausura a si mismo.Aquí no me voy a detener sobre lo expuesta porque dependerá de las condiciones y circunstancias concretas de cómo se aprovecha este pensamiento.Voy a ser franco, esta distinción la enmarco en el contexto de la lucha de clases y no fuera de ella. A diferencia a J.Derrida nos proponía salir de los “margen y centro”, no digo que haya que entrar o salir., esto dependerá de muchas consideraciones.Al leer a Derrida “nunca te podrás apropiar de un sentido, por lo tanto abren el juego a distintas interpretaciones y sentidos”. No habiendo un hilo, un orden conductor de su pensamiento.Derrida, va por la constante referencia de lo “otro y otros”, son como multiplicaciones de otro y otros dando “la otredad”. (Lenguaje derridiano).Al no preservarse, ni inmunizarse a si mismo, frente al “otro” solo le queda limpio el pensamiento para preservar la “otredad” del “otro”. Desborda respeto y amor a lo que se encuentra alterado. Siendo Derrida “otro”, tiene pertenencia a la comunidad, pero “su estigma es la exclusión”, se asemeja al pensamiento de Nietzsche parece tener en cuenta la corpolidad y marcas de su vida para el desarrollo del pensamiento filosófico.Su formación y “estructura” de pensamiento son una patente cargada de fenomenológico.Enfrenta la filosofía logofonocéntrica (idea ordenada a un centro, valores, lenguaje y presencia). Mas tarde recorre los caminos de la deconstrucción, hemos dicho que el deconstruccionismo, no es un método, sino una estrategia sin finalidad, digo, por lo tanto no es una estrategia, será un concepto abstracto con poco o nada de sentido, inteligible, a lo mejor a igual que Nietzsche parecería que por momentos se propone esto.Su solicitación del pensar es “hacer temblar”, satisfacción personal, como un orgasmo bien trabajado con el otro, para el otro. Intenta fisurar las estructuras de la metafísica del edificio bien construido de la sociedad. Sí exacto nada más que eso, fisurar, sin demoler.Al ingresar al pensamiento binario, oponiéndose al pensamiento platónico, deja de percibir la evolución del pensamiento pos Platón,Se queda en la demostración que no existen zonas de seguridad, sino que existen zonas ambivalentes, que ponen en jaque dice la unidad y seguridad del sentido. Por lo tanto, ve lo particular al alejarse de la dialéctica, pierde perspectiva general.Si fuera así, como decía Derrida el pensamiento se situaría en una zona ambivalente, se detendría, no avanzaría y justamente como todo está en movimiento, el pensamiento también, seguramente, Derrida habrá hecho su aporte para el avance, pero con seguridad digo también para el retroceso al poner en dudas lo general de la dialéctica.Propone permanecer en la metafísica, es decir, no abandonar el enfoque particular, por lo tanto así no hay evolución, hay exclusiva permanencia en lo existente. Para avanzar solo es posible transitar tiempo y distancia hacia lo que aparece como inexistente, de otro mundo es posible contrapuesto al existente.Si hay margen, hay centro, puedo situarme a pensar de un lado o de otro, dependiendo de las circunstancias, tiempos históricos e intereses de clase por donde transite la evolución o la ruptura del pensamiento humano.Puedo pensar en el centro del universo o en su margen, en el centro del poder o en el margen del excluido y explotado que nos deja el actual sistema. Dependerá del posicionamiento, los significados y el sentido hacia que idea ú objeto deseo proyectar pensamiento.El swinger es un oscilador que satisface su deseo entre dos “objetos” activos o pasivos y cruzados. Le interesa su centro del deseo, poco o nada de lo queda al margen.Por lo tanto, la no concurrencia a un objeto definido, el pensamiento oscilador, puede ser utilizado, tanto para satisfacer deseos capitalistas o socialistas, sí apareciera al “juego” otro no previsto diferente seguro que lo reprime.Por que el centro es el “invento” del “progresismo” y de la derecha, para justificar su deseo defendiendo su interés de lo existente.En definitiva, no es un rompimiento, es una nueva forma de autocomplacencia.Al quedar en lo particular no avanza, no tiene método, no percibe la importancia del significado de lo general. A este significado no le interesa avanzar a lo general, no es su propósito, su fin es conservar lo particular.La unidad y la seguridad, siempre van a permanecer en jaque, la perturbación es tan valiosa, como la seguridad misma, de lo contrario se produce estancamiento, todo se envejece o cristaliza, si permanece quieto, lo que permanece en el fondo, momentáneamente, de repente puede aparecer en la superficie.El “mundo” idealista, simplista solo puede pensar en forma binaria, en 0 y 1, en sí y no, on y off, en abierto y cerrado, este enfoque es para la técnica cientificista para la automatización, solo es una parte del pensamiento humano no un todo.El todo es general, es espiral dialéctico, la deconstrucción solo sirve para “acompañar” el proceso que se va desarrollando, es un texto para tejer la trama. Falta la contextualización de la profundidad a lo general. Como un viaje a las profundidades del espacio infinito, donde no llega luz, solo puede verse en proceso continuo en retroalimentación recíproca dialéctica, para liberar las capacidades ocultas, siempre que se encuentren en un espacio articulado.Los infinitos de pares dialécticos no pueden disociarse, sensible/inteligible, opinión/conocimiento, engaño/verdad. Etc.Derrida advierte de la preferencia occidental al logofonocentrismo, es decir la voz prevalece sobre la escritura, la voz aparece como lo directo, con autor presente, siendo el lado claro.La escritura el estigma derivado y materialidad del lado oscuro, sin presencia del autor.Agrega la “escritura es la semilla”, continua afirmando es la ciencia general que “hace temblar” no va mucho mas allá de Nietzsche cuando este dice, “yo no soy un hombre soy dinamita”Desarrolla la idea de “huella”, “sin origen” primero, suprime origen, tanto para lo que pudo haberle hecho bien o mal a la humanidad. Si es así suprime la esencia que le dio sentido a la génesis de la contradicción. Segundo sin “base”, pierde solidez sustento.Por lo tanto, la identidad se diluye y saca provecho la ley del más fuerte, permanece sin resolución la esencia de la contradicción.Si este pensamiento permanece así, esta diferencia no se hace presente, facilita la presentación de lo presente, es por esto que el capitalismo se hace así presente, desgarrador, guerrerista, excluyente. Por lo tanto negar “tachando el origen” es facilitador de la continuidad de lo presente.Para avanzar es necesario aprender a ver los clarososcuros, como el arte mismo, el “origen” de la contradicción esencial que engendró el presente. Haciendo “base” para modificar el presente.La explotación, la apropiación desmedida de ganancias, apropiación de saber tanto de identidades y como de propiedad. Se manifiestan en la lucha de clases, los intereses contrapuesto y con esto el antagonismo. El modo de superar el antagonismo existente es resolver de raíz la contradicción esencial que lo engendró.El ser es ser, nunca pleno con sus limitaciones, incomprensiones, manipulaciones, contradicciones e ilusiones.La identidad metafísica idealista que se queda en los marcos particulares del saber y de la apropiación es conservación (conservador).En cambio, la identidad histórica materialista dialéctica, es revolucionaria, expone y expande el saber, quien soy y de donde vengo, para distinguir hacía donde voy. La identidad dialéctica es el quienes somos, es la localidad para pensar en lo local, para actuar globalmente. Es la identidad de lo general de lo común.La conservación dialéctica se encuentra en perturbación constante y proporcional a las fuerzas existentes, por el devenir y el devenido siendo evolutivo, como revolucionario del pensamiento y viceversa.Esta conservación es tan necesaria como la revolución misma.Cuando se alcanzo el punto de llegada conservando el objetivo conquistado, en forma dialéctica, es por que se cumplió una fase determinada de un proceso revolucionario, es por que ha madurado la condición necesaria y suficiente para continuar con el proceso a otra fase superior, para pasar a proponerse alcanzar la conservación momentánea, de la fase descripta y desde ahí a otro salto.Toda determinación lleva asociada dos fases de un proceso en simultanea y aleatorio, la primer fase indetermina la determinación del enemigo, la segunda determina, consolida, conserva momentáneamente, cuando maduro la condición se pasa a otras dos fases simultaneas de “otro” proceso.Aquí hemos comprobado científicamente la evolución del pensamiento y que este se encuentra sometido a cambios que pueden ser tanto de forma constante, como proporcional o diferencial en el tiempo.Dependerá de las fuerzas que constituyan la determinación o la indeterminación. Dando seguridad o generando perturbación.La identidad sin valor, y sin sentido se presenta en un mundo aleatorio indeterminado, por lo tanto las relaciones se mueven a velocidad infinita, son reproducciones de sucesos infinitos sin norma para funcionar.Entonces el hombre pierde percepción de los sentidos, sin norma, se pierde referencia por lo tanto no hay dirección, como guía a donde llegar, sin valor no hay identidad si se pierde esta nos perdemos en el espacio aleatorio. Para emigrar a otras galaxias debemos conservar nuestra identidad terráquea, para navegar en un espacio aleatorio no se debe perder la referencia, tanto el punto de partida y como a donde se quiere llegar, ambos constituyen el punto de referencia, como ejemplo esta la película de un hecho real apolo13.Al negar determinación es para autocomplacencia de hombre liberado, es la ley individual del monarca, la ley del imperio.Es peor aún que el chovinismo.Los “indecidibles” del lenguaje de los que habla Derrida, son como el intersticio de una estructura de un metal, en corte de metalografía, no pertenece a un grano o al otro, están “ahí”. Quedan atrapados por dos o más determinaciones.Sí !!!!! Derrida te diríamos si estuvieras vivo, pero tienes tus discípulos y no muy lejos de aquí en Bueno Aires, utilizando su lenguaje son el “entre” no pueden escapar quedan atrapados por las determinaciones granulares de la metalografía. De igual modo que el vacío de la piedra pómez.Vamos a demostrar como escapar de estas determinaciones, prescindiendo de ellas. El “Parmakon” al que alude con un doble sentido veneno/remedio lo muestra como virtud ambivalente. Esta habitado por la oscilación, no decide pierde el sentido., como el intersticio al que hacíamos referencia, paradójicamente en este instante mi familia escucha a Shakira con su canción “No se puede vivir con tanto veneno”, la novia de “Toni” De la Rúa, su padre, que me a dejado aquí en el “entre” de concurrencia de una determinación de un partido y lo aleatorio de una asamblea.Pues este “entre” se encuentra habitado entre las oposiciones al estar sujeto a las determinaciones, pierde articulación, no puede desplazarse, construir su unidad de fuerza, para romper a las determinaciones existentes que lo contienen. Sí desea emerger sin articulación el emergente muere asfixiado, lo determinan “otros”, por no conquistar primero su desplazamiento y articulación y segundo nunca habrá conseguido su unidad para romper la determinación del pensamiento.Yo no hablo de negocios y de pragmatismo en filosofía como lo hacen algunos “otros” defensores de Derrida.Lo mío es pensamiento para construir emergente fuerte, móvil y flexible, autodeterminación, para ayudar a romper la determinación existente, no vendo, ni doy recetas ni remedios, no escupo veneno, para esto me artículo física y virtualmente. Marchando junto a “otros” y “otras” determinaciones, parecidas pero diferentes, buscando una nueva relación Ganar-Ganar, que seguramente tendrán su “entre”, navegando en un espacio aleatorio, intento construir la preexistencia conjunta al marco de la referencia de lo “inexistente”. Es decir, “otro” sistema determinado regulado aleatorio, que expanda la autonomía constituyente a todos los niveles de la sociedad.El modo humano que nos distingue del resto del mundo animal, es de naturaleza propia humana contar, “entre” nosotros una relación de hospitalidad, esta responde distinguiéndose a una impronta cultural.Pero la hospitalidad no la confundimos con conciliación de clase, tampoco actuamos con rencores, ni con odios desmedidos, sí con dolor después de ver tanta explotación y exclusión, por ende no se trata de fanatismo, sino de ideas, de lucha ideológica y política. Lo que odiamos con toda el alma es ver la humanidad convertida en una carnicería y la destrucción de la madre tierra, contaminando el espacio aleatorio.“Viva la amorosa armonía de los fantasmas”, esto demuestra que el método dialéctico del muerto Marx, no ha muerto. Los metafísicos idealista y el dogma neoliberal, aquello que mataron gozan de buena salud.Y esto va, para “otros” para algunos buenos intencionados autonomistas y marxistas estos “otros” que se dan llamar de posmoderno.Derrida nos coloca con su obra no comprometida con lo que acontece en el presente como un pensador lúdico, va por la política de la alteralidad, jugado por el otro, desde la escritura.Rescatamos el fuego y el amor por el otro aunque lo haya hecho con “juegos” de palabras, “deconstruccionista e individualista” que intentan ir por el otro.Si la existencia acontece “entre” la vida y la muerte, por lo tanto los “fantasmas del presente” transcurren “entre” el análisis de la lucha del pasado y el presente, haciéndose presente en el presente, para marchar inexorablemente al futuro inexistente, pero que en el devenir se hará presente. Y lo que fue pasado será pasado presente. Sin pasado no hay presente, sin pasado presente, no hay futuro.La “deconstrucción” para y el pensamiento y la vida humana, se da en un proceso de cambio, de autocrítica y critico, ya que se trata de formas de pensar sobre la actividad de la vida humana, el que la produce con todas sus manifestaciones, contenidos y formas, trascurriendo en un período histórico y para los que reniegan del historicismo interprétalo como tiempo y distancia al presente transcurrido.Los humanos no podemos someter el pensamiento al formateo, como si se dispusiera en que nuestro cerebro fuese un disco rígido. No, no es así. Tampoco ejecutar una lobotomía es posible. Cada uno tiene su propia historia. Sería reaccionario como el capitalismo mismo, con su significado de políticas de cambio, amenaza “el que no se sube al barco, lo tiramos al agua”. Lo que resulta peor, “afuera en los mercados hay una guerra”, es la hora, de que pierdas identidad, y cambies de pertenencia, con mi poder, tu petróleo es mi petróleo, lo conquistaré por el espacio, por aire, mar y tierra.No solo construyen aviones invisibles, sino lenguajes y contenidos invisibles. Saquean todo tipo de “valores”, para pagar con valores su “valor” para la guerra.Se manifiesta con todo su “esplendor”, haciendo llover misiles, como bombas “inteligentes” riegan de muerte con su espíritu de “democracia” occidental y cristiana, imponen, con firme y claros propósitos objetivos definidos, “esquivando” producir daños colaterales. El monstruo a “perdido” una cabeza, arde Troya, y el talón de Aquiles queda al desnudo. Sí hay buenos, hay malos, ellos son los “buenos”. Siendo así definen su ética y la bombardean al mundo cristiano, musulmán, agnóstico, cada uno de estos con su fe y esperanza, se encuentran en el “entre” de su pasado y el presente, el monstruo destila veneno y acusa “si no me acompañáis, son todos terroristas”, todo significa igual una piedra de la intifada Palestina que un misil, que ir posando por todos los carriles, que el terrorista Posadas Carriles, que posar para la foto del Ge..ge……. 8, con su significado, sí la cultura se expande por círculos concéntricos, quiere decir, que por debajo de uno de los círculos del 8, se expande otra cultura, la del 8 de octubre, se hará presente en el futuro hoy inexistente.Eligió un modo, pero no el día para su muerte, ni el ocho, el ocho lo mataron, fue el día que mataron al “soldadito Boliviano” que era Argentino y Cubano, La humanidad se reagrupa en el circulo de abajo del ocho, Será el despertar del hombre nuevo en multitud, como masa toda de la humanidad, será como el 8 horizontal e infinito. En su devenir grita No, con su cuota de dolor por el devenido feroz, pero este aprenderá a decir Sí, por el devenir de su devenir del devenido extinguido. Muerte al imperialismo, “hay que matar a la muerte”, antes que la parca te corte los hilos de la vida, muerte al opresor, muerte a la muerte, por la vida de la humanidad muerte.Así de desgarrador y paradojal, no solo porque nací un ocho de octubre, porque mi vida la he “consagrado” para la vida y me resisto llamar a la muerte, pero tengo una certeza, solo una, que la muerte nos llega a todos. Si el imperialismo a sido muerte, como será el “imperio” como tendencia, mas muerte.Que importa el futuro, si el futuro es hoy, no hay tiempo ya, para pensar en el futuro, por que no solo han dejado a millones sin comer y del saber, a millones mutilaron, mataron y desaparecieron identidades propias, con sus colores, sus sueños y aspiraciones.Hace falta predisposición al cambio, un tiempo para comprender nuevos entendimientos, un esfuerzo adicional a lo existente, voluntad conciente para ganar la batalla por el cambio cultural, “entre” nosotros, por que “ellos” nos “enseñan” desde su marketing de Philips Kotler, “ellos o nosotros”.Solo con articulación y desde un marco fraternal, solidario, de paciencia escuchando toda necesidad y deseo se logrará el objetivo propuesto. Así se podrá medir en un proceso histórico o en la distancia de un tiempo, su resultado de la humanidad toda, con sus colores y sabores, con su música y olores, será el tacto de su permanencia, en la identidad de su lenguaje la integral de su existencia.Nosotros elegimos por nosotros, por ellos y por otros, los otros por los otros y ellos por nosotros, ellos por ellos, por los otros y nosotros. Hoy todo lo que hagamos aquí y ahora repercute, en ellos y en los otros y en nosotros, la multiplicidad, en instantánea y simultaneo, sellan el destino global de la humanidad.La distinción entre filosofía y la escritura, siendo esta para la deconstrucción su esencia, es por esto, sin embargo reconocer estilos como modo de expresar pensamientos, escritos y de voz, es comenzar a reconocer distintas formas, por lo tanto, por donde se expresan los contenidos en pluralidad y diversidad cultural. Como la humanidad misma.A Derrida a igual que Nietzsche, podemos convocar e interpretar de distinta forma, cambiando los sentidos de sus contenidos, podemos discrepar y llamar al primero por su impronta por el otro, al segundo, aún reprochándole su nihilismo, comprendemos su valor cuando en su libro Ecce Homo, decía contra el nazismo, “no me confundáis con otros”, en claro alusión.En cambio Heidegger, se afirmaba en su pasado nazi, que al convocarlo lo proyectaría al presente existente. Así de desgarrador. No nos cabe a nosotros liberar a Heidegger “entre” “los otros”. Ya veremos quienes son los otros.Derrida nos deja una escritura sin presencia, sin ausencia, sin historia, sin causa, sin archiv, sin telos, intenta subvertir toda dialéctica, toda ontología, esto lo dicen aquellos “otros” que hablan de negocios y pragmatismo en filosofía. Continua este “otro”, la gramática derrediana está “moldeada” en sus grandes líneas según la metafísica heideggeriana, a la cual intenta “descontruir”, sustituyendo la presencia del logos, por la autoridad de un rastro se constituye como una ontoteologia, basada en el rastro como “fundamento”, “base” u “origen”.Ahora voy a decir, sustituir su logo, es sustituir la esvástica, para que permanezca su escritura y con ella salvar su pensamiento, por un lado y por el otro, intentando salvar “la autoridad” de un rastro sin memoria, sin historia, estudiando al ser como un dios o superhombre, basándose en los fundamentos sin analizar “base y origen”, por que estos han sido destituidos, encontrará por azar un ser superior, la raza superior que justifique su causa.Lo serio debía ser estudiar, en todo caso cual ha sido la causa de “base” y el “origen” que le dieron lugar a producir sus “fundamentos” de apoyo al nazismo y A. Hitler y “entre” estos “otros” a Hannah Arendt como amante, aunque se haya llamado a silencio es tan responsable como todos los “otros”.Si este pasado se vuelve a hacer presente, el futuro será el fantasma del pasado nazi, a este pasado nos resistimos, como nos resistimos a este “otro”, al monstruo del culto a la personalidad, carente de dialéctica, un pragmático, antifilosófico, con pocas diferencias se auto-construyó como un monstruo de dos cabezas.No queremos monstruo, ni fantasmas, nos resistimos a los dogmas como Biblia sagrada, somos los hambrientos y sedientos por la dignidad del entendimiento recíproco de la humanidad. Pero lo recíproco se hace de comienza de a dos, es como la luz, viajando en “paquete de energía”. Y muchos “otros” paquetes de energía, forman un “bloque de energía”.Energía y masa son una unidad inseparable y crece en movimiento.Por el devenir, hemos devenido, somos los herederos de la vida y la paz, por ello viviremos, por ello moriremos. Por nosotros y por ellos.Por nuestros hijos, nietos y bisnietos, por todos los primos y primas hermanas y hermanos, por todos los amigos y vecinos, por los animales y la naturaleza, por el clima y las plantas, por todos los sexos, por todos los trabajadores, ocupados y desocupados, por todos los excluidos, por todos los géneros. Por todos los colores. Por los que murieron, por los que no están, por los desaparecidos, horror y muerte no puedo olvidar.Por una humanidad global en la diversidad, unidad en multiplicidad, no como maniqueísmo de la simultaneidad. (dos principios uno para el bien otro para el mal).La propiedad de la simultaneidad en su devenir es para esquivar el presente.El devenir no soporta el antes y después, ni la distinción entre pasado y futuroPor lo tanto, el capitalismo cada vez se vuelve mayor de lo que era, pero paradójicamente, se vuelve más pequeño de lo que era.La esencia del devenir, es avanzar, pues el capitalismo ha avanzado, tirando en los dos sentidos a la vez, lo que invierte lo revierte.Pero debemos tener en cuenta que el sentido es la afirmación de una determinación, entonces en el devenir la afirmación se da en los dos sentidos a la vezSiendo los acontecimientos puros una categoría especial.(del mismo modo que la teoría especial de la relatividad).Ese puro devenir loco, maniqueo, sin medida, no se detiene jamás en los dos sentidos a la vez.Al decir, lo tanto esquiva el presente. Hace coincidir el futuro y el pasado, el más y el menos, en esta simultaneidad la demasía se convierte en insuficiente e indócil, por lo tanto avanza, pero no permanece.Sí logra definir cantidad se para, deja de avanzar, por esto avanza sin parar. No con calidad para todos, para unos pocos. Le importa a quién.El capitalismo joven, se va tornando viejo, ese viejo capitalismo paradójicamente se volverá joven, pues será reemplazado por el devenir, en definitiva por otro joven de sentido opuesto, el socialismo autonómico.Pues, el devenir acaba con aquello, al no ser capaces, pues si los capitalistas acabaran con el capitalismo, cosa poco probable, dejarían de devenir. Aquí es necesario hacer una distinción, por esto, la actitud debe elegir el modo de arrastrarlos al agujero negro de la historia, al entrar en él no tendrán regresión, porque habremos superado la fractura dialéctica, del devenido dogmatismo, logrando la unidad reductible, para hacerla tornar, girarla irreductible a favor de la humanidad, como pluralidad en masa toda, hacia la singularidad de la multitud, lo paradojal del devenir, de la unidad en la diversidad, reductible. Siendo la multiplicidad irreductible de la singularidad, será el comienzo y final en el despertar de un nuevo acontecer. Determinismo/ aleatorio, masa/multitud, plural/singular, colectivo/individuo, homogéneo/ heterogéneo, pueblo de multitud no pueden disociarse.La categoría especial del puro devenir para el neoliberalismo, maniqueo, es esquivar el presente, es la identidad infinita en los dos sentidos, del futuro y pasado, demasiado y lo insuficiente, lo mas y lo menos, por lo tanto el lenguaje fija los limites, a su vez los sobrepasa y los restituye al equivalente desarrollado en otro de un infinito devenir ilimitado.Ellos lo saben, los capitalistas claro, por esto trafican con la muerte, persiguen, procesan, detienen y desaparecen identidades, son los dictados del sistema, es la señal, no luche porque puede encontrar, la cárcel, la tortura, la desaparición la muerte misma.Para salir de este trastrocamiento hay que prescindir de él.Para lograr entendimiento, si he comido mermelada en el pasado, comeré en el futuro, pero nunca hoy. Siendo así el capitalismo expandido global, actuando en simultaneidad con multiplicidad.Es por esto que decimos sin han dejado a millones en emergencia no solo del saber, sino del comer, pues el futuro es hoy, no hay tiempo para pensar en el futuro.Este activo capitalismo tendrá su pasivo, el león se come al ratón, pero este aprenderá y se comerá al león.Si el capitalismo a sido la causa, el efecto será el despertar en masa de la multitud, por esto seremos castigado antes de conocer la falta, gritaremos No, con cuota de dolor en el devenido feroz, lucharemos aunque tengamos que partir, antes de partir. Porque otros habrán comprendido a gritar Si, por el devenir del acontecer, ahora o nunca. Aunque partamos temprano, mas tarde que nunca habremos vencido.Intentan impugnar nuestra identidad, pretenderán desde su identidad infinita, hacernos perder la identidad personal, la perdida del nombre propio, Irak, será Irak, Cuba será Cuba, la tierra será la Tierra y la Tierra será de la Humanidad.La perdida del nombre propio, es la perdida por la aventura consciente por combatir la reproducción ampliada desigual por y para unos pocos. Por que el nombre propio la singularidad se garantiza por la permanencia actualizada del saber.Este saber tendrá paradas y descansos, sustantivos y adjetivos que se diluyen en los verbos del devenir, por lo tanto nos deslizaremos en el lenguaje de los acontecimientos, perderé toda la identidad del YO, para fundirme en el colectivo, por elección del saber no por imposición.La prueba del saber, las palabras no vendrán cruzadas, vendrán a través y al bies, será el verbo luchar que destituye al capitalismo de su identidad.Los acontecimientos gozarán de irrealidad pues será el encuentro de la comunicación con el saber, el saber hacer y las personas se encontrarán con un lenguaje de la incertidumbre personal en la cual nos han dejado, no es duda exterior o de lo que ocurre, de esto no tenemos dudas. Si no de una estructura del acontecimiento, es decir del modo de organizarse del neoliberalismo.Sí la paradoja va en dos sentidos simultaneas a la vez, descuartiza al sujeto, por ende destruye al buen sentido, al sentido único de nuestro existir en la tierra, es trascender vida y saber.La paradoja del capitalismo destruye al buen sentido, como sentido único, luego destruye al sentido común, como asignación de identidades fijas. Buenos Aires 15 julio de 2005Héctor R. Bruzzone

Las mascaras se caen de a una

Las mascaras se caen de a una. Las mascaras se caen de a una.El guante izquierdo si lo arrancas de la mano izquierda, coordinando los movimientos, sale izquierdo. Sí la impaciencia te ganan y sometes tu voluntad, que esta debe ser consciente, a la desesperación, por la necesidad de continuar la lucha en movimiento negando la coordinación y el avance constante, sin pausa, pero sobre todas las cosas sin apresuramientos el guante izquierdo que tratas de arrancar, como modo revolucionario, puede salir derecho.Es decir, si lo arrancas con voluntarismo negando la coordinación, como lo hicieron autonomistas puros, dogmáticos “izquierdistas”, que se resisten a contaminarse y a producir, compromisos, acuerdos mínimos, con otros iguales, parecidos y diferentes la argentina durante el QSVT, puede salir derecho o casi. (Hoy sí sabemos que salio)Esto no implica negar la responsabilidad de la izquierda tradicional dogmática, hegemónica, vanguardista e iluminista ya que el “izquierdismo”anarquista purista hizo lo suyo.El poder popular se lo construye en un proceso histórico, no en un salto de barricadas solamente. Es decir, antes durante y después que la revolución se cumpla. ¿ Mientras Tanto Que? como aquella revista española para el debate entre Marxistas y Anarquistas.Permitirnos recrear todas las formas de lucha, evitando caer en las tentaciones oportunistas y puristas.Sí a priori ya elegiste el modo y la vía para el cambio aislado de que otros aporten y transiten la experiencia practica conjuntamente, sin articulación, sin un método para escuchar necesidades desafíos, para producir la síntesis mínima de entendimiento para el accionar conjunto y llevarlo a la practica, para verificarlo mas tarde, nuevamente en asamblea, si las necesidades y los desafíos se cumplen. Sin esta retroalimentación recíproca la batalla se gana por azar, no por el saber-hacer.Entonces es necesario dejar que los demás transiten su propia experiencia también, solo debes velar que se cumpla de forma articulada.La verdadera autonomía es izquierda, porque se la construye alentando las relaciones con los deterministas de los partidos de la izquierda, hacia el cambio cultural que estos deben producir, por un lado y por el otro, con las relaciones aleatorias que producen los hombres en estado de multitud, sin detenerme a explicar, también son izquierda. ( lo haré en doc. multitud)La diferencia esta en que debemos hacer centro en la autonomía, sin negar otras culturas o formas de organizarse. Ambas relaciones descriptas si tuviéramos la capacidad y el desafío por colocarnos en modo autonómico, estas deben construir un marco de referencia exterior común.Porque la autonomía siempre se la construye con referencia a un marco exterior. Desde la vida interior, recreando su propia ley, Ej. hay muchos, si fuera campesino y quiero sembrar, necesito semillas y debo relacionarme, y si vivo en la ciudad y deseo comer milanesas, necesito relacionarme con el carnicero. Así de seguido. Los hombres puros, los minerales puros, las organizaciones puras no existen en el planeta tierra.El ventilador puede tirar aire fresco, pero también mierda. Héctor Ricardo Bruzzone Julio 2003